lunes, 20 de febrero de 2012

Placer / displacer #10: Por qué me gusta lo que me gusta



Paul Bloom



Eres
aquello
que

Amas

La ciencia contemporánea está contribuyendo, quizás paradógicamente, a cuestionar muchos de los axiomas que fundamentan los sistemas filosóficos materialistas. Tal vez la filosofía no haya sido capaz de reconstruirse en armonía con una era, la de la física cuántica, en la que la res extensa ha perdido prácticamente todo lo que tenía de sustancia sólida hasta quedar reducida a información. ¿Cómo ser inmanentista teniendo en cuenta que lo real es, básicamente, nubes de información incompleta mientras carezca de un ojo que la informe? Esta pregunta, aparentemente gratuíta o moralmente intrascendente, me parece en realidad fundamental a la hora de intentar comprender cómo es (y cómo podría ser) nuestra relación con el mundo.
Los materialistas del siglo XX casi, casi son capaces de reducir la totalidad de lo espiritual a la inmanencia. Deleuze retoma de Spinoza el principio humanista por el que somos afectos: nuestra esencia es la de dejarse afectar por cada una de las pequeñas intensidades que componen el mundo, somos interruptores de energía deseante, hasta tal punto que la construcción que nos hacemos de lo real viene a ser no un espejo, sino un eco de nuestros afectos. En la medida en que la realidad es afectiva, está regida por un principio económico (lo real es una topología de valores) y nuestro libre albedrío consistiría en administrar nuestra interacción con ese campo de deseo / placer. Esta postura compromete IMHO la idea de "libertad" en la medida en que como sujetos podemos buscar lo que deseamos, pero no decidir si lo deseamos o no. En la literatura deleuziana, el deseo es anterior a cualquier subjetividad o capacidad de toma de decisiones, de tal manera que nuestra aparente autodeterminación es un mero espejismo, en la medida en que somos títeres gobernados por un deseo que nos antecede, construye y gobierna.



Esto quizás suena abstracto, pero se entiende mejor si aplicamos el razonamiento a , por ejemplo, la cuestión gay. La homosexualidad es una condición deseante (afectiva), en eso están de acuerdo tanto los apóstoles más radicales de la cultura queer, como los enfermos fundamentalistas católicos que proscriben la práctica homosexual como vicio pecaminoso. Estos últimos creen que la homosexualidad puede "curarse" porque existe un Yo profundo y anterior a todo deseo que puede reconstruír la cartografía de sus deseos por medio de la voluntad, considerada como más fuerte que el deseo: el principio activo de las "terapias de curación de la homosexualidad" parten del presupuesto de que hay un Yo Trascendental, la esencia de nuestra individualidad, capaz de gobernar sus deseos, que no le son esenciales sino circunstanciales, accidentales. El materialismo en cambio, negando la existencia de ese Yo último y profundo, propone que "curar" nuestros deseos equivale a anularnos, destruir nuestra esencia de seres estrictamente afectivos.
Vivo rodeado de gente que desea cosas que preferirían no desear: todos sentimos en mayor o menor medida placeres culpables. El ejemplo más claro es el de alguien que esté enamorado de una persona que no le devuelve amor, un amor patológico, deseo por alguien equivocado. Cuando alguien es víctima de este amor doloroso y esclavizante, se pregunta: ¿Cómo he de hacer para superar ese deseo, para superar este afecto que me condena al sufrimiento? ¿Cómo dejar de amar, y cómo enamorarme de alguien que me convenga? Son preguntas muy problemáticas tanto individualmente como a nivel político (pues lo social es asimismo un campo de deseos, conveniencias o inconveniencias) y es el asunto central a toda la tradición psicoanalítica, que a fín de cuentas siempre ha aspirado a ser una ciencia capaz de alterar nuestros deseos.




El materialismo remite esta problemática al cuerpo, apoyándose en la solvencia de trabajos como los de Merleau-Ponty y su fenomenología de la percepción, y consiguiendo proponer un modelo del comportamiento humano que casi, casi consigue explicarlo todo. Lástima de ese "casi", porque en cuanto uno empieza a hurgar en las costuras de los sistemas inmanentistas enseguida encuentra problemas menos evidentes de lo que pudiese parecer. Por lo visto ya en Husserl estaba la problemática del sentido como barrera infranqueable en la construcción de la realidad, y esa cuestión tan sugerente está omnipresente en pensadores heterodoxos como este Terence Mckenna al que estoy estudiando con mucho interés. Pero sin entrar en temas tan complejos, dejo esta estupenda conferencia de Paul Bloom en el que se enfrenta a la cuestión de

"
por qué nos gusta lo que nos gusta
"


desde la crítica del arte. La pregunta del por qué no tiene tanto de encontrar alguna causalidad finalista (él mismo critica el esencialismo) como de encontrar los condicionantes que interpelan a nuestros deseos. Es una charla amena y muy sencilla, pero los temas de fondo que maneja son tremendamente profundos: según sus investigaciones, sería imposible algo así como un hedonismo puro en la medida en que toda forma de deseo, placer y displacer nacen de construcciones históricas como condición necesaria de posibilidad. El discurso puede parecer liviano, pero su acercamiento a la cuestión de percepción, placer y sentido tiene mucha sustancia. Espero volver pronto sobre este psicólogo, cuyas ideas, la verdad, me dan mucho que pensar.





1 comentario:

  1. http://media5.rtve.es/resources/TE_NGVA/mp4/3/4/1329687960243.mp4

    el ganó, pero yo de vez en cuando le ganaba

    -x-

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