martes, 21 de febrero de 2012

Neoclásicos #2. Rupert Sheldrake

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La diferencia entre ciencias y pseudociencias acostumbra a ser aceptada conforme al axioma de Karl Popper sobre el falsacionismo, un criterio fundamental para el llamado "método científico" que tanta prosperidad ha proporcionado al saber humano... al mismo tiempo que condenaba al ostracismo a gran cantidad de pensadores especulativos cuyo trabajo ha quedado apartado de los manuales científicos por su inadecuación al estricto canon popperiano. Sin embargo, cualquier aficionado a la ciencia a nivel average asentirá en que a día de hoy el criterio de la falsabilidad es aplicado en muchos casos con holgada benevolencia, de tal modo que en las revistas más serias del mundo académico van siendo aceptadas sin problemas ideas tan coloristas como antimateria, teoría de cuerdas, materia oscura o multiversos n-dimensionales. No hay que ser Foucault para constatar que la legitimidad o no de ese tipo de teorías especulativas es concedida desde el poder (en este caso, las grandes cátedras de las más prestigiosas universidades) en función de la conveniencia o no de cada teoría respecto a los problemas de la ciencia consolidada. Es decir: una idea tan loca como la materia oscura es aceptada porque resuelve muy bien ciertos problemas del modelo standard de la física, pero su nivel de cientificidad es equiparable al del horóscopo, la telekinesis o la orgonita. El tema tiene su comicidad, pero también su perfil tenebroso: la espiral totalizadora con la que la ciencia quiere hacerse con el conjunto de lo real (tienen incluso su partícula de Dios, mucho menos divina de lo que ese apelativo insinúa) está consolidando una inesperada metafísica que, si llega a "cerrarse" (consolidar un punto y final para el modelo standard, que impida especulaciones que le sean trasversales) podría convertirse en el enésimo totalitarismo. De algún modo ya vivimos un totalitarismo científico, pero por ahora contamos con la ventaja de que la ciencia es un proyecto abierto, inestable e inclusivo: de llegar a cristalizar un modelo metafísico concluso y capaz de autolegitimarse, su control sobre nuestras vidas sería ya absoluto.
No me cansaré de decirlo: la ciencia es mucho menos científica de lo que pensamos, y muchos se sonrojarían al saber lo poco contrastados que están muchas supuestas Grandes Verdades Científicas. Es más: la ciencia sigue operando con un criterio de "Verdad" filosóficamente grotesco, tremendamente infantilón e inconsistente, y las cada vez más frecuentes incursiones de los físicos en el terreno de la ontología resultan tan penosas que, a muchos epistemólogos, les provocan vergüenza ajena. Pero lo peor no es la gratuidad de sus grandes axiomas (pues así es todo saber: especulación a tientas en una realidad en sí opaca e inaccesible), sino la inquisitiva intolerancia con la que condenan a todo pensador que no encaje en la axiomática standard. Es insultante que las mismas revistas que publican esos delirantes papers sobre la "historia del tiempo" condenen a la hoguera a todo disidente del paradigma mecanicista, como este interesantísimo Rupert Sheldrake que nos ocupa en esta ocasión.

Dejémonos de filípicas y vayamos con la presentación del personaje. Rupert Sheldrake es un doctor en biología con un currículum académico ejemplar: sus primeros trabajos en bioquímica le proporcionan un gran reconocimiento como joven promesa de ese campo, pero Sheldrake decide ampliar su formación con estudios en filosofía e historia que marcarán irremediablemente el desarrollo de su vida intelectual. Esta formación pluridisciplinar le permitirá cuestionar los dogmas epistemológios más consensuados en los departamentos de bioquímica, llevándole a proponer una serie de nuevas direcciones para los investigadores que le condenarán al descrédito de gran parte de sus colegas, que no le perdonan su traición a los rigorismos científicos académicos. De ahí en adelante, toda su carrera será considerada la de un "excéntrico" cuyas pretensiones de acabar con las cosmogonías mecanicistas son recibidas por las universidades como delirios propios de un místico. Lo cual no es de extrañar, porque entre los múltiples temas que manejará en sus estudios se cuentan asuntos tan ausentes de la literatura científica como la inteligencia compartida, la telepatía, el sentido finalista del tiempo o la variabilidad diacrónica de las leyes científicas.
De lo que he podido investigar sobre su trabajo, muchos de los temas que maneja me resultan efectivamente demasiado "mágicos", aunque explicados en sus términos no dejan de tener su lógica. Propone tesis tan inquietantes (y por tanto serias) como la posibilidad de que nuestra memoria no esté archivada físicamente en nuestro cerebro, sino que nuestra cognición vendría a ser un "sintonizador" que accede a los datos que estarían almacenados en un "servidor" que desconocemos pero que no se encontraría en nuestro cuerpo. Esta idea puede parecer muy bizarra, pero por lo visto ningún neurobiólogo ha sido capaz de refutarla completamente. Independientemente de su validez científica, la audacia de sus especulaciones son un soplo de aire fresco en una disciplina, la de la morfología materialista, demasiado apoltronada en su conformidad con axiomas apenas puestos en duda, y recelosa de cualquier idea estigmatizada como metafísica.

Sin embargo, como sufrido racionalista que en el fondo me siento, prescindiré de sus ideas más espiritualistas para quedarme con la propuesta de Sheldrake que, como arquitecto, considero más sugerente: sus estudios en morfogénesis. A ver si soy capaz de resumirlo, porque el tema tiene su miga.
La tesis fundamental de su teoría morfológica es la existencia en lo real de un campo morfológico autoconsistente que afectaría a todos los procesos macro y microcósmicos de producción de formas. Es decir, del mismo que aceptamos la existencia de un campo electromagnético autoregulado, o un campo gravitatorio también autoregulado, del mismo modo que existen el espacio y el tiempo como categorías aplicables a todos y cada uno de los acontecimientos del universo, existiría según Sheldrake un campo mórfico con sus propias leyes de producción de entidades. Es decir: según él, las formas quizás son autoproducidas según una desconocida legislación universal, en virtud de la cual tenderán a perpetuarse. En realidad, la pirueta que realiza es invertir el orden de causalidad en los movimientos de la materia, de tal manera que por ejemplo el ADN no sería la causa de las distintas formalizaciones de las secuencias de proteínas, sino que sería más bien una consecuencia. No sé si se me entiende.
La ciencia standard asume que, por ejemplo, los procesos formales de creación de una estrella son explicables estrictamente en función de ecuaciones de masa, tiempo, energía, etc. : lo que propone Sheldrake es que, además de las leyes conocidas que interactúan para producir lo real, existiría también una Ley morfológica según la cual "lo formal" toma sus propias decisiones. De este modo, por ejemplo, la cristalización de ciertos minerales no tendría lugar simplemente como función de masa, valencia, tiempo, etc. sino que habría una misteriosa "forma cristal" que se apropia de la materia para autoproducirse, y que sería en última instancia lo que explicaría su perpetuación. El ejemplo que utiliza Sheldrake como punto de partida de su intuición me parece muy ilustrativo: la materia de la que está hecho nuestro cuerpo varía constantemente (somos lo que comemos, expulsamos las células muertas, las células que nos componen no son las mismas que hace unos años...) pero la forma permanece, el cuerpo orgánico es una forma que se perpetúa mientras que la sustancia que lo compone se renueva constantemente. Esta tesis, en boca de cualquier chamán de medio pelo puede sonar completamente delirante, pero cuando el que la propone cita constantemente (y de manera muy sensata) a Aristóteles, Heidegger, Prigogine, Heisenberg o el omnipresente modelo standard, la teoría se muestra más audaz de lo que a priori podríamos pensar.


Las consecuencias de esta propuesta son muy heavies, y no es extraño que desde ahí Sheldrake haya flirteado con el ocultismo y la mística trascendentalista. Para empezar, este modelo implica que la dinámica del universo tiene un sentido, idea que terminaría con el callejón sin salida al que el nihilismo ha condenado al pensamiento contemporáneo. Sentido en la medida en que la forma tendría su propia vocación, seguiría una dirección autónoma y por nosotros desconocida: una deducción que obviamente supone abrir una explosiva caja de Pandora capaz de poner en solfa toda la cosmogonía maquínica (no lo olvidemos: la propia de la modernidad burguesa) a la que estamos tan acostumbrados.
El problema de los campos mórficos de Sheldrake es que nadie ha sido capaz de modelizar matemáticamente sus dinámicas y procesos: su trabajo se frenó tristemente cuando era todavía únicamente una intuición y por tanto no ha prosperado en un modelo científico que lo haga compatible con las demás disciplinas. Sin un discurso matemático que lo formalice, su tesis se queda en una especulación respetable, pero por ahora estéril.
La ocasión me sirve para reclamar a los pensadores contemporáneos una mayor atención a la filosofía de la forma, una disciplina que a los arquitectos debería sernos muy útil. Por desgracia, la forma no está de moda, y los discursos arquitectónicos han incorporado muy hábilmente a la modernidad el concepto deleuziano de cuerpo sin órganos, con lo que las cuestiones morfológicas parecen haberse diluído en otro tipo de valores (intensidades, flujos, acontecimientos, etc.). Las formas, sin embargo, siguen misteriosamente perpetuándose, regidas por leyes secretas que no nos hemos parado a sistematizar rigurosamente: para ello necesitaríamos nuevas categorías y taxonomías como punto de partida a una "ciencia de la forma" que sí parece interesar a biólogos o astrónomos, pero que a los arquitectos nos resulta (en estos momentos) completamente ajena.
En fín, sus ideas sobre la producción de formas me parecen suficientemente interesantes como para prestarle atención, así que aquí dejo una charla de Sheldrake con Terence Mckenna, uno de sus grandes valedores (y el tipo de mala compañía que seguramente haya jugado en contra del prestigio intelectual que Sheldrake seguramente merece). En esta entrevista el autor explica muy razonablemente el papel que el tiempo juega en la morfogénesis (según su modelo, la forma es siempre forma histórica, proliferando por fenómenos de resonancia) y muchos otros asuntos que merecen atención. El tiempo dirá si Sheldrake era un genio o un charlatán. Por ahora, ustedes deciden.




6 comentarios:

  1. Por cierto Anxo si por un casual estás leyendo esto y te apetece comentar algo sobre este caballero y sus alrededores, estaría genial!!! estoy disfrutando mucho una serie de la bbc que se llama Heretics, aparecen muchos de estos personajes: Mckenna, Sheldrake, Lipton... gente muy interesante aunque mi mente ultracuadriculada por la enseñanza racionalista me impida estar de acuerdo en sus discursos más místicos...

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  2. Me parece que a este respecto es interesante con un concepto que tal vez ya conozcas planteado en biología: la autopoiesis http://es.wikipedia.org/wiki/Autopoiesis

    La verdad que es curiosa la idea de una ley universal de las formas, que podría explicar la repetición de formas en el universo o porqué fórmulas o números (como el áureo) similares son aplicables a tantas cosas. Aunque me da la impresión de que que bordearía un trascendentalismo parecido al mundo de las ideas platónico. Lo cual me lleva la pregunta de si la propia noción de ley natural no es ya una especie de trascendentalismo.

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    1. Sí, pero lo que planteas abre muchos temas. No soy experto en Platón, y la determinación de lo trascendental es siempre muy compleja, pero quizás aquello a lo que él llamaba "idea" pueda ser interpretado como los procesos informativos, en principio "invisibles" para nosotros, que in-forman el universo. Quiero decir: es innegable que cuando cristaliza un cristal, lo hace siguiendo un patrón determinado, y el desarrollo del embrión hasta el cuerpo sigue un desarrollo "informático", digamos que hay una serie de órdenes que se van cumpliendo. A esa "información" codificada (el mejor ejemplo es el DNA) se le puede llamar quizás "idea" en sentido platónico. Los vitalistas, Deleuzes y compañía explicaban muy bien todo lo que tiene que ver con la diferencia, pero IMHO no son capaces de dar cuenta de cómo el universo, finalmente, está hecho de cosas que insisten, que "sobreviven". Leyendo a Nietzsche uno diría que esa insistencia de las cosas fuese una ficción, que la realidad en-sí fuese siempre diferencia diferenciándose... mientras que en "lo real" vemos que las cosas insisten, permanecen.
      No sé, lo cierto es que siguiendo a los biólogos creo que no hay que tener miedo a caer en "trascendentalismos"... hacer ciencia es también jugar, delirar un poco, seguir intuiciones incluso si son locas... en fín, seguiremos con estos temas. Gracias por el aporte!!

      - observer

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  3. buenas! supongo que no estás muy de acuerdo con él, pero no te parece que es Koolhaas el único de los famosetes que (sin haber renunciado a mirar al mundo que le rodea) sigue sin perder la esperanza sobre la forma ... no sé, a mi es una de las cosas que me interesan del trabajo de OMA/AMO... y otro tema, mi mayor problema con la forma (supongo que también lo que más me interesa) es su caótica relación con su "uso": el ejemplo clásico de un campo de concentración nazi que bien podría ser un campamento de verano para niños, un convento que puede convertirse en un centro social okupado, etc.

    uno de los problemas que vivimos es que en la ciudad-genérica/territorio-transgénico, es ultrajodido posicionarse en cada caso en términos formales dentro de la gradación diferencia/repetición... aquí es donde le veo mucho valor a las cuestiones de las que hablas: para construir más herramientas que nos permitan que la formalización no sea un salto al vacío basado únicamente en cuestiones autocomplacientes (universidad), económicas (mercado convencional) o inocentes (me incluyo en este apartado...)

    una vez más le veo mucha chicha al tema, fiesta-esbardalle ya!

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    1. Uff qué complicado... En principio, mi postura sobre este tema es bastante clara: no me interesa de la forma más que lo que tiene de fenoménico. Las "ideas" me parecen una pérdida de tiempo, al igual que divagar sobre el "programa" o el "uso": para mí la arquitectura es fenómenos, fenómenos que son distribuidos mediante pieles fenoménicas. Esta perspectiva es bastante cercana a lo que digo del "cuerpo sin órganos" deleuziano: deshacer la idea de proyecto como rendición a una idea, y sustituirlo por una suma de potencias, lugares, fenómenos, sensaciones.
      ¿Cuál es el problema? El sentido. Ni siquiera Deleuze creo que haya sido capaz de llevar la fenomenología suficientemente lejos como para cancelar el factor sentido, y IMHO el sentido es lo que da razón de ser a la forma. Un edificio no es sólo "el edificio real construído", sino que es ante todo un objeto mental, algo que dotamos de orden y sentido para poder recorrerlo, conocerlo, dejarnos afectar por él. Por eso los formalistas me resultan tan simpáticos, porque se dan cuenta de que una de las características fuindamentales de un edificio es su iconicidad, su autopresentación como presencia pura e identificable.
      Lo de diferencia y repetición me ha gustado que lo comentes... hay un semiólogo ruso creo que se llama Mukarovski que en sus categorías explicaba que el sentido de la diferencia formal es permitir que las cosas sean identificables. Si aplicas ese razonamiento a la arquitectura, se entiende mucho mejor por qué en las ciudades todos los edificios han de ser siempre diferentes, incluso si su "forma" distributiva es perfcetamente repetida de un tipo. El momento "diferencia" creo que es interesante porque es una herramienta que ayuda al habitante de la ciudad a identificar y singularizar cada rincón; el momento "repetición" es más que nada recurrir a figuras que ese mismo espectador pueda remitir a la memoria. Bueno es un tema largo, a ver si lo hablamos un día, un abrazo!!!

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  4. Lo deformó de todas las formas que se le ocurrió menos una


    http://youtu.be/Hqodnx2d2p4
    (con sonido)

    -x-

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