lunes, 17 de enero de 2011

Hiper-Hollywood #3: "por una ficción me desharé en lágrimas"

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Sigo con el hilo dedicado a especular a vueltas con la disolución de la ficción en la no-ficción, esta vez citando un autor ruso del que acabo de conseguir dos de sus más afamados textos: los volúmenes 2 y 3 de "La Semiosfera" de Iuri Lotman. Este hombre escribe de un modo muy sencillo y didáctico sin que por ello pierda chicha su discurso, que consigue desplegar sin recurrir a la retórica rompecocos habitual en los semiólogos. Recomendable al ciento por ciento (aunque estoy todavía empezando la lectura).
Al tratarse de una recopilación de textos dispersos, he empezado por el que más me implica: el dedicado a la semiótica de la escenografía, que comienza con unas reflexiones sobre "el juego" y "lo lúdicro" (en mi pueblo siempre hemos dicho lúdico) que me han parecido redondas. ¿Es quizás la ficción la versión culta (o cultural) de una pulsión animal como es la de jugar? ¿Son las piezas teatrales de Shakespeare la evolución darwinista del impulso primitivo de la impostura? Como dice Lotman, la ficción no es exclusiva de los humanos: también perros y gatos acostumbran a "jugar", a "fingir que muerden", a "fingir que no están", a "fingir que son lo que no son". Y los niños, antes ya de aprender a hablar, aprehenden intuitivamente las reglas de lo teatral: un muñeco es el primer peldaño en la escalera de la ficción que habrá de recorrer el infante a lo largo de su vida. Transcribo lo que dice el ruski al respecto, con maravillosos apuntes sobre la gramática del juego y sus componentes:

"Una importante esfera de interacción entre la conducta práctica y la conducta ritual es el juego. Aunque en nuestra conciencia el juego se asocia con el descanso, el relajamiento psicológico y físico y la distracción, su lugar en la vida y la educación del individuo y en la cultura de la sociedad es extraordinariamente grande. La conducta lúdicra se observa en muchos animales y acompaña al hombre desde la cuna hasta la tumba, entrelazándose con numerosos procesos sociopsicológicos. Lo específico de la conducta lúdicra consiste en su carácter no monosémico: el juego presupone la realización simultánea (¡y no el relevo consecutivo en el tiempo!) de una conducta práctica y otra convencional (sígnica). El que juega recuerda que no se halla en la realidad, sino en un mundo lúdicro-convencional: no caza, sino que hace como si cazara; no navega por el mar entre tormentas y aborígenes hostiles, sino que hace como si viajara. Pero, simultáneamente, experimenta las emociones correspondientes a una autenticidad de las circunstancias imaginadas. La fórmula de Pushkin "por una ficción me desharé en lágrimas" recrea la contradicción dual de esta situación (si uno sabe que se trata de una ficción, ¿por qué,entonces, "deshacerse en lágrimas"?). La esencia de la conducta lúdicra consiste en saber y no saber al mismo tiempo, en recordar y olvidar que la situación es ficticia. Negarle las lágrimas a la ficción es una violación de la vivencia lúdicra de la misma naturaleza que llamar al cuerpo de bomberos cuando se juega a los incendios o subir a la escena para defender a Desdémona de Otelo). El arte del juego consiste precisamente en adquirir la práctica del comportamiento de dos planos. Cualquier deslizamiento hacia la seriedad de un solo plano -donde desparece el "como si"- destruye el juego. Así, los niños a menudo "se meten de lleno en el juego" y pierden el sentido de la convencionalidad de la situación: el juego a la guerra se convierte en una pelea "en serio". He aquí un episodio de la época de Pugachov, recogido por Pushkin de labios de I.A. Krylov: unos niños que habían empezado a "jugar a la guerra de Pugachov", "se dividieron en dos bandos, el de los alguaciles y el de los rebeldes, y las peleas fueron considerables". Apareció una enemistad que no era lúdicra, sino verdadera. "Faltó poco para que un tal Anchapov se convirtiera en víctima de ello". Uno de los que participaban en el juego, "habiéndolo capturado durante una expedición, le colgó en un árbol con un cinturón. Lo descolgó un soldado que pasaba". La vía opuesta de destruir la situación lúdicra consiste en la incapacidad o la falta de deseo de "olvidarse" y aceptar sus reglas convencionales. (...)

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El juego crea en torno al hombre un mundo especial de posibilidades de muchos planos y con ello estimula el incremento de la actividad. No es casual que el juego -en particular los juegos deportivos- ejerza tal acción de entrenamiento sobre la personalidad.
La naturaleza activa del juego se opone en principio a la división en actuantes y contempladores. En el espacio lúdicro no hay auditorio: sólo hay participantes. Es sabido que la presencia de un espectador destruye los juegos infantiles. En igual medida es evidente la capacidad de los juegos para activar al auditorio y arrastrarlo al espectáculo, convirtiéndolo en copartícipe (cfr. el comportamiento del espectador en el espacio durante un encuentro deportivo). En ese mismo sentido, es indicativa la diferencia entre una estatuilla y un juguete: a la primera sólo se la contempla, al segundo se le asigna un papel activo, se le atribuye cierta conducta, el que juega dialoga con él, respondiendo tanto por sí mismo como por él: la estatuilla es cierto mensaje acabado que el autor dirige al auditorio, el juguete es un factor provocador que debe encaminar al propio auditorio hacia una activa improvisación creadora. El juegoes uno de los mecanismos para la producción de una conciencia creadora, que no sigue pasivamente algún programa dado de antemano, sino que se orienta en un continuum de posibilidades complejo y de muchos planos.
Así pues, en la vida que se desarrolla más allá de los límites de la escena existen los materiales de los que se construye el mundo teatral. No sólo el concepto de juego, sino también categorías, diríase, específicamente teatrales, como las de "rol", "tipo de papel" y "libreto", se aplican en el estudio de la psicología del hombre en su vida distante de las paredes del teatro. Sin embargo, por sí mismos, estos materiales aún no crean el teatro. Para que esto suceda es preciso que los toque el arte".

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Geniales reflexiones (útiles tanto para valorar un Madrid / Barça, como un blog reptiliano, o nuestra vida cotidiana) a las que no me atrevo a añadir ni un punto ni una coma.

7 comentarios:

  1. Aviso a navegantes: Downwards se está pasando al rock, rollo nuevaolero / dark, ahora que tienen Sandwell District para su material techno. Toda la info está en su precioso tumblr: pocos textos y estética exquisita.

    http://downwards.tumblr.com/

    http://downwards.tumblr.com/

    http://downwards.tumblr.com/

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  2. como molan tus fotos en movimiento, pesan un huev, eso sí. ch.

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  3. A comprar pentiums 8 todo el mundo!!! pues a mí con mi computadora-carraca supervintage se me carga con no problemo

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  4. Pues yo no estoy de acuerdo con ese tal Lotman.

    Vivir en la ficción no te obliga a nada. La imaginación nunca ha inventado nada nuevo. Y aunque parezca el colmo de la libertad -por aquello del “ensayo-acierto-error” ad infinitum-, es el colmo de la esclavitud porque vive de los recuerdos y de los estereotipos.

    La realidad sí es lo que te obliga a inventar algo para sobre-vivir. No puedes equivocarte. Y es realmente la que desarrolla la inteligencia -entendida como inteligencia universal, claro-. Y al respecto, creo que Alfred Adler -y su teoría del complejo de inferioridad- no ha podido ser todavía, ni superada, ni rebatida.

    Lo más creativo no es la ficción, es la realidad; allí donde uno se “juega” la vida. Y al artista los “juegos” le importan un pimiento, creo. Es más, el artista odia los “juegos”, porque el artista es el único que con sus juegos se juega la vida, se juega su existencia -su “diferencia” en el mundo inerte de la “repetición”-.

    Por otro lado tus miniclips son superguays (sobre todo el primero)

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  5. Métete por el recto tu pentium!!!

    http://i125.photobucket.com/albums/p60/afex4/laughingg.gif

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  6. Caray Arte, qué postura tan "pragmática",¿no? Por cierto que los clips de este post no son míos, el primero se lo he robado a un chico de un foro de techno, es una maravilla.

    Bueno, te comento... Me ha llamado la atención que comentes a Adolf Adler porque hace un tiempo emepecé un libro suyo que setitulaba "El carácter neurótico", pero ví el índice y no pasé de 5 páginas, porque me pareció culpabilizador a lo bestia. El índice es "la neurosis de comer, la de no comer, laneurosis del vago, la neurosis del que trabaja, del guapo, del feo..." total que todo era neurosis!!! soy neurótico pero no tanto...
    El caso es que no conocía esa teoría que comentas y me he ido a la wikipedia, así que mi conocimineto del tema ya sabes cuál es (cero). Pero así a botepronto le encuentro el mismo error que a todo el psicoanálisis: para decidir la superioridad o la inferioridad, ¿cuál es el balance? ¿quién puede legítimamente decidir en ese caso lo que es demasiado y lo que es demasiado poco?
    Supongo que a esto un psicoanalista contestaría: pues el superyo, que es la barra de medida del fulano acomplejado. Así que un complejo de inferioridad o superioridad es una reacción del sujeto a esa "voz del otro" interiorizada que es el superyo.
    Pero yo eso lo veo desde un punto de vista más materialista: para mí, el "sentido biológico" del superyo es la perpetuación de unas reglas de comportamiento que permitirán la supervivencia del sujeto, que a su vez se las transmitirá a su hijo a través de la educación. Repetición pura y dura.
    ¿Y entonces el complejo qué es? Pues la diferencia. Las reglas morales (a.k.a. de supervivencia) que recibe ya no le garantizan el bienestar. Su mundo es otro, necesita singularizarse del superyo, y según los psiquiatras eso es un complejo (funciona por comparación con el superyo).

    Ergo---> todo cambia social pasa por sujetos "acomplejados", que han de medirse contra un superyo heredado, una voz social de "lo bueno".

    Por tanto el tal Adler dirá "todos son neuróticos", pero yo le digo "todos los hombres de bien están acomplejados". Las gentes de vanguardia nunca han sido felices.

    No sé si esta cadena de deducciones es muy tramposa (sabes tú más de psicoanálisis que yo) pero el decidir quién "se esconde de la realidad" es un cargo inasumible por nadie.Por ejemplo, la literatura ha inspirado muchos avances técnicos, y sigue haciéndolo. Yo estoy con Lotman en que la fantasía es un instinto extraño cuyo fin biológico es "la proyección", desarrollar cierta capacidad de anticipación. Bueno no sé si ibas por ahí pero es lo que se me ha ocurrido ahora.

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  7. Sólo un apunte: yo tengo una visión muy seca,muy biologicista del arte últimamente. Creo que todo se puede describir en términos zoológicos.
    Desde esa óptica, ¿por qué al ser humano le gusta que le cuenten historias? Yo lo veo como un "entrenamiento" absoluto, trasmisión de datos y sentido, es como "hacer acopio de información para la supervivencia".
    Pero lo cierto es que el animal-humano, se resiste a recibir esa información: el gusto por la telebasura sería según una lectura simplista "un error biológico". Esa "huída fuera de la realidad" es interpretada como un funcionamiento equivocado de los instintos, ¿no? Yo creo que el ser animal-humano tiene VOCACIÓN DE REALIDAD. Tiende a ella, porque el cuerpo sabiamente es consciente de que la habita. Por tanto, muchas supuestas "HUÍDAS DE LA REALIDAD" no son más que formas diferentes de penetrarlas.
    Nadie se esconde de la realidad, porque ésta es única, y en ella estamos. Incluso la imaginación es inmanente, es función de datos, es consecuencia más que causa de nada.

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