miércoles, 6 de octubre de 2010

Ladrillos #4: Tubos de ensayo Molotov



Louis Althusser “Curso de filosofía para científicos

A este tipo de entradas suelen llegar anónimos desde google a lo largo de los meses, así que si te cuentas entre ellos, una advertencia previa: este blog hace gala indisimulada de la libertina ignorancia del amateur, los asuntos son tratados sin ninguna condescendencia academicista y muy probablemente todo lo que decimos sea absolutamente frívolo. Empiezo con esta autoexculpación para ahorrarme las iras del fan de Althusser que lea esto buscando algo sesudo sobre su divo, porque aquí no lo va a encontrar: con la temeridad del diletante puedo reconocer que el personaje en cuestión me parece un petardo con todas las de la ley. Pero un petardo entrañable y respetable. Los fundamentalistas marxistas deberían aceptar de mejor grado el hecho de que haya gente que, sencillamente, no comulgue con su doctrina, y la existencia de psicópatas como el que os habla que se atreven a reconocer que el morbo que le despierta el personaje en cuestión no se debe a sus eruditas especulaciones estructuralistas, sino al hecho de que era un comunista cenizo muy pop, que mató a su mujer, acabó a tortas con todo el mundo y se volvió completamente majara.
Decidí leerme este “Curso de filosofía para científicos” (reconocedme que el título tiene mucho gancho) porque la epistemología me solía interesar mucho, y porque como arquitecto disfruto de cierto goce narcisista al sentirme parte de los asuntos de los científicos: en esta profesión sentimos una secreta envidia por la capacidad de las ratas de laboratorio para hacer su trabajo con rigor, sin dar la lata y con resultados siempre excepcionales. También lo leí porque Althusser, en su papel de intelectualo comprometido a la vieja usanza, con esa biografía en el fondo tan romántica, me produce mucha curiosidad, y me divierte mucho darle palos frívolamente, con el lúdico fin de sacar de sus casillas a los enteraos: abrí el ensayo con la ilusión de poder decir al terminarlo “Esto no es más que la típica homilía comunista a vueltas con el poder y el saber, muy apropiada para un catedrático en Violencia Doméstica como Althusser”.
Pero lo cierto es que el libro no está nada mal: el divo redacta con mucha gracia y dinamismo (seguramente porque se trata de la trascripción de unas conferencias para mad doctors), no se cargan excesivamente las tintas en las negruras deprimentes que tanto gustan a este autor, y a nivel didáctico funciona estupendamente para entender el punto de vista que sobre la cuestión científica tienen los feligreses de la hoz y el martillo. El tío propone un método relativamente lógico para diferenciar en todo proyecto científico el componente idealista y el materialista, con ejemplos y casos prácticos muy bien argumentados, hasta el punto de que uno puede reconocer la brillantez de su teoría incluso no comulgando con la retórica de la Lucha de Clases que, como no podía ser menos, recorre discretamente todo el ensayo.
Obviamente el planteamiento de Althy tiene un componente dogmático importante (el hecho mismo de apostar por el materialismo como verdad última es, en sí mismo, un posicionamiento teleológico por mucho que el autor se niegue a reconocerlo) pero si aceptamos como presupuesto que la cuestión es esquivar las trampas de la noosfera (y esta cuestión hoy en día pertenece ya al peligroso rango del sentido común) su método parece la mar de sencillo y eficiente. Desde mi ignorancia, creo que el modelo epistemológico más sencillo y lúcido dentro del inmanentismo radical es el cierre categorial de Gustavo Bueno (un modelo pensado con una lógica aplastante, intuitivo y muy convincente) pero dudo mucho que este tipo de especulaciones puedan servir para algo a los arquitectos: si tal y como reconoce Althusser la teoría ha de ser siempre una “caja de herramientas” que se efectúa en la acción, en el fondo lo que nos ofrecen los epistemólogos marxistas son instrumentos para anestesiarnos contra la mística, mal de los males ideológicos.
Por eso, seguramente, cierto pensamiento comunista radical resulta tan obsoleto y deprimente: la intención subterránea a todo su pleanteamiento es la suspensión de cualquier especulación lírica, la renuncia a la dimensión dionisíaca de la vida y un sentido del sacrificio colectivo tan punitivo y culpabilizador como el del catolicismo fundamentalista.. Althusser plantea el mundo como la puesta en escena de una batalla eterna (la de la lucha de clases) que se lidia en todos los campos de la vida (arte y ciencia incluídos) y que deriva en una actitud completamente conspiranoica en la que cualquier traición idealista (sumisión al aparataje superestructural burgués) o estética (la única belleza posible para el die-hard fan de Marx es el exorcismo de los demonios simbólicos del capital) son juzgados como derrotas.
Los estructuralistas (y mucho más aún los de matriz leninista) tenían una idea del arte y la ciencia, en mi opinión, dogmática y moralizante, seguramente fruto de la coyuntura de su tiempo, pero creo que cometieron el error de creer que el mundo puede ser discutido prescindiendo de la poesía. Desde entonces han colapsado muchos consensos que en su día fueron verdades y hoy nos parecen únicamente dogmas de fe: ahora sabemos que en la aritmética marxista faltaba un término para que las cuentas cuadrasen, y ese término es la potencia infinita del deseo que lo recorre todo, un vector libidinal que irradia toda la ciencia, el arte y la historia. Althusser afirma: el cimiento de todo el proyecto humano es político. Pero a su modelo le falta un sustrato, otra penúltima piel que arrancar a la cebolla: la catedral del conocimiento se asienta sobre los fangos del sentido, y su módulo de balastro sólo puede ser calculado, tanteado, revelado, por la intuición poética.
Dicho lo cual, tras lectura de este libro sigo igual de inquieto y dubitativo ante la cuestión más perturbadora de estas chácharas: el misterio inexplicable por el cual la ciencia, la muy hija de puta, siempre funciona. O eso parece.

3 comentarios:

  1. Si "la" ciencia funciona es por su publicidad interesada. Por tener un método didáctico "objetivo" por el que todos podemos producir algo objetivo. Ser algo. Servir para algo. Sin cuestionar nunca ese "algo". Una lógica del sentido incluso cuando estamos en contra de "la" ciencia.

    http://www.youtube.com/watch?v=SmIQS7l7fnc


    O como diría Pierre Bourdieu, la ciencia es un racismo de la inteligencia.

    www.captelnet.com.ar/.../3110073958_Bourdieu_Racismo_de_la_inteligencia.doc

    ResponderEliminar
  2. Si no funciona el enlace de youtube, buscar en google "youtube szasz subtitulo español" (es un video muy elocuente sobre para lo que sirve "la" ciencia)

    ResponderEliminar
  3. Sí, pero ese razonamiento funciona también sustituyendo la palabra "ciencia" por "educación" o "literautura" o "filosofía" o incluso "arte". Yo creo que el problema de delimitar las ciencias es en sí bastante complicado, sobre todo a la hora de decidir el "índice de verdad" de cada disciplina (Althusser, en una pirueta retórica, cambia Verdad por Corrección). La pregunta que me hago sería por ejemplo: ¿es el psicoanálisis una ciencia? ¿y la sociología? ¿y la economía? Cada uno tendrá su propia respuesta, y para ese tipo de ciencias humanas sí que cabe tu reproche, incluso para las naturales. Pero lo que no deja de fascinarme es la efectividad de las ciencias formales. La geometría es un instrumento increíble, tremendo, funciona con tal exactitud tanto en el papel como en su traducción a formas construídas, que es difícil esquivar la sensación de que hay una mística ahí detrás. Los griegos reverenciaban la geometría como una disciplina muy mágica, más allá de toda explicación teleológica: al hacer un edificio se manejan variables de todo tipo, muchas de ellas bastante peregrinas y de una cientificidad muy poco rigurosa (el cálculo de estructuras, por ejemplo, es en el fondo un empirismo puro y duro) pero con la geometría no hay nada de azaroso: las cosas cuadran, o no. Aquí y en el Japón, Euclides funciona.
    Y al final, la pregunta por la ciencia esconde otra más puñetera: ¿hasta qué punto existe el orden en el universo? desde la época de los cuánticos y luego la teoría del caos, el modelo standard de la física ha asumido que existe un azar en el devenir de las cosas, un componente de alatoriedad (o al menos de "orden profundo insondable")que hace que el método científico en plan Hobbes pierda bastante legitimidad. ¡¡¡Pero los cálculos científicos siguen cuadrando!!! Independientemente de la carga política, el puto hombre del tiempo cada vez acierta más, los teléfonos móviles funcionan, el LSD nació en un tubo de ensayo...

    Quizás para entender estas cuestiones debería estudiar algo de Lógica, pero es una disciplina que se me da fatal. Pero el hecho de que el universo tenga un grado de predictibilidad, es un enigma muy heavy. ¿Hay libre albedrío? ¿Tenemos un grado de libertad, o la Mecanosfera es efectivamente una máquina cuyo funcionamiento está reglado hasta el último engranaje?

    ResponderEliminar