miércoles, 8 de junio de 2011

Arte / facto #16




Pulsión
sexual
y
dialéctica
entre microcosmos

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Por alguna razón más o menos comprensible en mi biografía, mi pulsión sexual es un noventa y nueve por cien hetero, creo. Sin embargo y paradójicamente, reconozco que me relaciono mayoritariamente con homos y bis.
Pero además, y siguiendo esta lógica aparentemente paradójica, atraigo -y me atrae- un tipo de mujer noventa y nueve por cien hetero, a la que podría calificar de sumamente macarra con el género masculino. Ese “género” homofobo por excelencia, que en realidad puede ser tanto masculino como femenino, y que se autoproclama cien por cien hetero, pero que destila sadomasoquismo por todos sus poros, en unas relaciones sexuales y afectivas de dominación y subyugación “programadas” para su
obsolescencia, y que no es exclusiva de ellos claro, sino más bien de un sistema social que por supuesto también se replica entre homosexuales, e incluso a veces con mucha mayor claridad.
Es en la pulsión sexual donde se evidencia para mí que en la relación sexual hay algo más que relación. Hay una cosmovisión social; un punto de vista que no sólo afecta a sus relaciones con el entorno, sino que induce nuevas formas de comportamiento y de relación. O para resumirlo en un lenguaje más contemporáneo: nuestras fobias y filias encarnadas en la pulsión sexual afectan a todas las partículas del multiverso.
De hecho yo antes pensaba que el trabajo sólo servía para poner en relación a los seres humanos de una forma anastésico-vital, al igual que el sexo o la investigación, pero “a la fuerza”. Y aunque de alguna manera lo sigo pensando, ahora -con el sector servicios “a toda máquina”- creo que las combinaciones, variaciones y permutaciones de los integrantes de una sociedad, tan sólo existen para provocar una emergencia en el sentido más catastrófico y concreto del término -un sentido pura y duramente sistémico-.
La emergencia catastrófica es una excusa para resolver problemas. Y los problemas son la excusa para desarrollar cerebros y otros artefactos de percepción y procesamiento de datos, tanto naturales como artificiales. Porque los teóricos llegaron a la conclusión hace tiempo, de que los problemas no pueden resolverse, sino tan sólo disolverse en otros problemas -disolverse en “ciencia” como
dicen por ahí-.
Pero la conclusión de estas disquisiciones no puede ser otra que la justificación “lógica” de que todos los sistemas de anestesia descubiertos y por descubrir -saludables donde les haya-, son necesarios para el movimiento del devenir, porque desde Sócrates por lo menos, sabemos que la única solución de un problema es la muerte del sistema de relaciones del que ha emergido, material o simbólico-proyectivamente hablando, que aunque parezca igual no da lo mismo.
Por eso en realidad queremos y no queremos “resolver” los problemas; porque nos jugamos la vida, o lo que es peor: el ego, la existencia o la conciencia que tanto tiempo y “esfuerzo” nos ha costado elaborar, o más bien le ha costado al
macrocosmos “elaborar” -con menos esfuerzo aunque con más “sacrificios”, supongo :-( Elan vital anestésico-sexual pues y pulsión de atracción-repulsión para todo ser vivo o inerte. Todo es y todos somos puro electromagnetismo. No en vano por algo los antiguos griegos estaban tan fascinados con la magnetita. Como dice el Nietzche sugerido por Observer:










Pulsión
investigadora
y
liberación
del
macrocosmos



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Por alguna razón más o menos comprensible en mi biografía, considero que mi pulsión investigadora es un noventa y nueve por cien científica, creo. Sin embargo y paradójicamente, reconozco que me relaciono mayoritariamente con artistas y pensadores privados.
Pero además, y siguiendo esta lógica aparentemente paradójica, atraigo -y me atrae- un tipo de investigador noventa y nueve por cien científico, al que podría calificar de sumamente macarra con el género científico. Ese “género” académico, apocalíptico y artisticofóbico, que se autoproclama cien por cien científico e ilustrado, pero que destila sadomasoquismo por todos sus poros, en unas relaciones investigadoras de dominación y subyugación “programadas” para su obsolescencia, y que no es exclusiva de ellos claro, sino más bien de un sistema social que por supuesto también se replica entre artistas y pensadores privados, e incluso a veces con mucha mayor claridad.

Es en la pulsión investigadora donde se evidencia para mí que en la relación investigadora hay algo más que relación. Hay una cosmovisión social; un punto de vista que no sólo afecta a sus relaciones con el entorno, sino que induce nuevas formas de investigación y de relación. O para resumirlo en un lenguaje más contemporáneo: nuestras fobias y filias encarnadas en la pulsión investigadora afectan a todas las partículas del multiverso. De hecho yo antes pensaba que el trabajo sólo servía para poner en relación a los seres humanos de una forma anastésico-vital, al igual que la investigación o el sexo, pero “a la fuerza”. Y aunque de alguna manera lo sigo pensando, ahora -con el sector servicios “a toda máquina”- creo que las combinaciones, variaciones y permutaciones de los integrantes de una sociedad, tan sólo existen para provocar una emergencia en el sentido más catastrófico y concreto del término -un sentido pura y duramente sistémico-.
La emergencia catastrófica es una excusa para resolver problemas. Lo saben las hormigas y los ordenadores. Todos buscamos datos que nos permitan seguir unidos a los datos, es decir:

sobrevivir.

Pero la conclusión de estas disquisiciones no puede ser otra que la justificación “lógica” de que todos los sistemas de anestesia descubiertos y por descubrir -saludables donde les haya-, son necesarios para el movimiento del devenir en su prevención del colapso.
Porque de existir una liberación del macrocosmos al que estamos atados, sólo puede provenir de una acertada interpretación de datos, de acuerdo -claro está- a nuestros instrumentos de percepción de esos datos; bien sean pantallas mentales o de televisión, antenas, feromonas, neurotransmisores o pelillos del oído interno.
Todo es un puro espectáculo, mal que les pese a los investigadores académicos.
Elan vital anestésico-massmediático y pulsión de atracción-repulsión para todo ser vivo o inerte. Todo es y todos somos puro espectáculo electromagnético. Como dice el Rancière sugerido por Observer:

es hora de emanciparnos.

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3 comentarios:

  1. arte, la verdad es que los últimos posts están quedando muy bien, o al menos yo estoy encantado con la atmósfera del blog. Pronto cambiaré el diseño y quizás empiece a moverlo y publicitarlo entre los modernos (cosa que nunca he hecho), es curioso porque nunca había hecho un blog del que estuviese tan contento, y sin embargo es el menos seguido de los que he hecho. ¡Que no decaiga!

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  2. Guau! Queda bien esa estética cincuentera de los montajes. Y lo más curioso es que ahora mismo estoy fascinado con la teoría cibernética del Norbert Wiener. Años escandalosos que pasan desapercibidos como gestadores de toda una revolución techno-sexual, creo.

    Por lo demás ok, parece que las ideas se multiplican al ritmo de las pulsiones. Verano y eclipse de luna, todo un cocktel sapiens-demens.

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  3. has visto los documentales de "All watched over by machines of loving grace"?

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