jueves, 3 de marzo de 2011

Arte / facto #3: El sentido del arte. Revolución Dj (AFdR remix)

“Entiendo que la década de los 1960 no fue tanto el “nacimiento de una contracultura” (Roszak, 1973) como la generalización y la refundación creativa de otra que por debajo latía. Ese sustrato se había forjado al calor de las vanguardias artísticas del primer tercio del siglo XX (desde el dada-surrealismo hasta el jazz negro y el bebop mestizo), y del devenir de las luchas sociales. Estas luchas desembocaron, lo quisiesen o no, en el wellfare state: casi pleno empleo, subsidios, ciertos derechos sociales, etc. Estas luchas habían transformado la composición técnica y tecnológica del trabajo, así como cambiaron las formas y los contenidos culturales de la creatividad social.

El 1968 simboliza una cesura entre lo moderno y lo postmoderno, que ciertamente se había preparado un poco antes. El 1968 nos exige pensar la izquierda y la revolución de una forma distinta. El underground bohemio, y más tarde los hipsters, beatniks y hippies de los años cuarenta, cincuenta y sesenta; los jóvenes obreros que durante los años sesenta y setenta de manera multitudinaria rechazaron las culturas del fordismo político y económico; los estudiantes y los intelectuales críticos frankfurtianos y postestructurales, todos ellos emergieron desde los nuevos sedimentos preparados por estas formas de creatividad y luchas antagonistas que finalmente propiciaron la cesura.





El 1968 marca simbólicamente la eclosión multitudinaria de un flujo contracultural y limial. Aproximaciones al límite de lo moderno. Flujos singulares en cada territorio: multitudinario y culturalmente agitado en EEUU, con sucesivas explosiones insurreccionales desde la primavera del 1964 en los ghettos negros; insurreccional en Italia hasta –y especialmente, en su prolongación hasta- el 1977; radicalmente imaginativo en la Holanda de los provos; intenso en la Alemania de los sesenta, y especialmente mitopoiético en el Mayo Francés. Común a todas estas emergencias globales (desde Brasil a Japón) fue el rechazo ampliamente extendido del autoritarismo, de las burocracias, del vanguardismo marxista y su dictadura del proletariado. Los insurgentes, de forma generalizada, apostaron por ideas y prácticas que los acercaban mucho a las postuladas por las corrientes de los socialismos utopistas y anarquistas: autogestión, asamblearismo, políticas prefigurativas y performativas en lugar de la política de la representación, democracia directa y participativa, lucha extraparlamentaria, etc.

Las organizaciones clásicas del periodo obrerista, los sindicatos de masas y los partidos obreros, entraron en una profunda crisis con la proliferación de estos flujos de subjetividad, deseos y valores. Jamás se recuperarían. Antes del comienzo de los sesenta, esta crisis ya se veía venir. El horror de los crímenes estalinistas se hicieron públicos con la llegada al poder de Kruschev en 1953. El aura bolchevique se diluía. Y si para muchos de los militantes de las viejas generaciones el estalinismo no era suficiente motivo de desilusión, desde principios de los sesenta el tedio que causaban las burocracias político-sindicales y las distintas formas de autoritarismo liberal (escuela, fábrica, etc.) terminaron por volver irreconciliables las políticas de la contra-cultura con las de la vieja izquierda. El post del 1989 marcó el fin del socialismo real, pero el inicio de su final ha de buscarse en la cesura de los sesenta.






No es de extrañar esta disonancia. La contracultura y la nueva izquierda ponían en entredicho las formas de organización burocráticas y la moral del sacrificio (por la causa y por el trabajo redimido) de los socialismos heredados del XIX. También cuestionaban la primacía de lo económico que postulaba el obrerismo, y su idea de la determinación de lo político-cultural por lo económico.

Los nuevos rebeldes ponían en tela de juicio la idea del proletariado como el (único) agente revolucionario. De hecho, y contra todas las previsiones obreristas, la revolución no era llevada a cabo por la “clase obrera” en tanto que clase, tampoco ocurría en el momento de máxima tensión de las contradicciones económicas. Por el contrario, la unión de los jóvenes con las clases intelectuales (que difícilmente lograban comunicarse con los obreros en huelga) cobraba un protagonismo inusitado. Y lo hacían, y estallaba el conflicto político, no ya en un momento de crisis económica sino en plena “edad dorada” del capitalismo. Sin darse las “condiciones objetivas” económicas, tantas veces invocadas, la transformación revolucionaria de las subjetividades construía sus propias condiciones de posibilidad. La revolución no se hace por deber (“condiciones objetivas” + “intereses objetivos”), sino por deseo, ya que todo es “subjetivo” u “objetivo” según se desee, ya que el deseo produce las condiciones (Deleuze y Guattari, 2004b).






Mi narración apunta hacia una determinada redefinición del concepto de revolución. Para ello me sirvo del pensamiento de Antonio Negri y Michael Hardt. Su hipótesis es la siguiente: el poder constituyente (de la multitud social) siempre va antes que el poder constituido (de las instituciones). O dicho en clave marxiana: el capital es como un vampiro o una medusa, o mejor aún, como un parásito. Tan sólo produce (pone a producir o captura la producción) a través de la captura de la cooperación de cuerpos y cerebros. El capital reempaqueta y resignifica lo que vende a aquellos mismos que lo han creado o que hacen posible imaginar y construir lo que luego compran. Este reempaquetaje y esta resignificación es la función más íntima del marketing. Por eso existen los estudios de opinión y de mercado: necesitan que la multitud hable, si no estarían ciegos y sordos, y les resultaría muy difícil vender algo, ni siquiera podrían gobernar a unas poblaciones que, dadas las características del capitalismo actual, necesitan estar activas y participar en el simulacro mercantil de la democracia (Baudrillard, 2005).


Los elementos (cuerpos semióticos y materiales) de un agenciamiento se desplazan a otra parte y son agenciados con otros elementos. Así se producen los conceptos (Deleuze y Guattari, 2005)

Los acontecimientos y las líneas de fuga, creando nuevos agenciamientos y nuevas territorialidades existenciales, no solucionan nada, no ponen fin a nada. No entienden de utopías, sino de revoluciones. Plantean nuevas preguntas, crean nuevos conceptos, nuevos conflictos, nuevos estar-contra, nuevas formas de ser. Al hacerlo elaboran novedosas interpretaciones de qué significa la dominación y también nuevas formas de enfrentarse a ella, cuestiones en las que tal vez otros no habían pensado antes. Las potencias en lo virtual hoy existentes distan mucho de lograr manifestarse como “el mejor de los mundos posibles” en lo actual. Es por esto que podemos concluir que realmente vivimos muy por debajo de nuestras posibilidades y por tanto es legítimo afirmar que el capitalismo es de una pobreza y crueldad escandalosa.


La interpretación deleuziana del par virtual/actual de Bergson me sirve para intentar imaginar las posibilidades del cambio. La reinterpretación que de esta distinción realiza Maurizio Lazzarato (2006) podrá ser de utilidad para comprender las nuevas dinámicas del hacer político de los antagonismos en la postmodernidad. Estas dimensiones habrá que rastrearlas en el juego de lo molar y lo molecular (Deleuze y Guattari, 2004a). Con esta cadena de reinterpretaciones terminó de engarzar la caja de herramientas con la cual deseo aproximarme a la revolución entendida desde la matriz del acontecimiento. No habrá que olvidar la cuestión político-ontológica que subyace a estas consideraciones. Ahí se encuentra un sujeto peculiar y una fuerza demiúrgica: la multitud y el poder constituyente.

Hacia una redefinición postmoderna de la revolución política. Acontecimiento, poder constituyente y disutopía” Antón Fernández de Rota (Universidad de A Coruña) www.ucm.es/info/nomadas/19/antonfernandez.pdf





8 comentarios:

  1. Estaba escribiendo una pequeña respuesta a tu texto, pero finalmente me dio vergüenza publicarla, porque se trataba esencialmente de una pregunta que seguramente podría responderme yo mismo si investigase a fondo a estos autores.
    Pero lo resumo por aquí, a grosso modo y a lo bruto: el caso es que lo que más difícil me parece es encontrar al, ejem, digamos, "enemigo". Dónde está de verdad "el sistema", quién lo promueve, quién es consciente de su funcionamiento,quién hace el marketing abyecto,quién domina a la multitud, quién impide que el cambio sea posible.

    Y digo "quién"; buscando nombres y apellidos. Es que creo que todos jugamos en más de un bando, de hecho todos cambiamos de bando, constantemente, cada cinco minutos, muchas veces a lo largo del día. No hay un "ellos" y "nosotros", ni un "dentro y "fuera", ni un "posible" y un "imposible".
    La teoría política se me da fatal, es algo que me supera. sobre todo porque veo que todos, todos, todos remamos en muchas direcciones a la vez. Y no me refiero "cada uno rema en una dirección", sino "cada uno, en muchas direcciones". Somos contradictorios, no tenemos un deseo sino muchos, incluso a menudo somos nosotros mismos los que autoanulamos nuestras acciones "revolucionarias".

    No sé, debería exponerlo más pausadamente, pero, en fín, ¿¿¿contra qué/quién hay que operar???

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  2. Mi teoría es que el cambio constante es imposible porque todos necesitamos desarrollar un discurso para interpretar adaptativamente lo que nos acontece. Los enemigos de cada uno son los que le impiden desarrollar ese discurso adaptativo al que se aferra -como un clavo ardiendo-, y que le permite mantener el equilibrio lo máximo posible en un mundo lleno de "peligros" desestabilizadores y desintegradores (igual que pasa a nivel físico con los microbios, virus y esas cosas microscópicas)

    Estoy de acuerdo contigo en que cada vez es más difícil ver la diferencia entre "ellos" y "nosotros". Pero eso mismo es lo que quiero decir en un comentario que hice a tu post anterior; que algo que yo puedo sentir como "nosotros" en un tema musical de ovr -por ejemplo-, yo lo convierto en "ellos" al cabo de unos cientos o miles de audiciones. Incluso cosas que escribo o que hago, con la repetición, las agoto y las convierto en "ellos" -los enemigos de mi "actual" estado-.

    Como dice el texto de Antón Fernández de Rota: "los acontecimientos y las líneas de fuga... no entienden de utopías sino de revoluciones... nuevas formas de ser".

    Y efectivamente, también yo también soy "ellos" ante los ojos de quien ve o descubre mi secuencia de repetición, o mi algoritmo, como tú dices. Pero eso es lo que a mí precisamente más me gusta. Generalmente ese descubrimiento lo hago yo solo por saturación de repetición, pero también hay algún/a artista capaz de poner un espejo delante de mis narices. Un acontecimiento o una línea de fuga que me permite soltarme por un momento del "clavo ardiente" del pasado -el hábito-, para dar un salto mortal -sin red- a otro estado, al que sin esa "sujección" o "sugerencia", nunca daría, no sólo yo, sino creo que muchísima gente más. Es decir, la revolución.

    En fin, resumo: yo creo que el "enemigo" es la repetición.

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  3. 8-0
    Muy interesante!!! tu teoría de la repetición y elagotamiento me inquieta. Espero nos la sigas ilustrando con ejemplos prácticos.
    En todo caso,deduzco de tus palabras que es imposible aspirar a un "punto de llegada", que tu filosofía empieza asumiendo que el devenir es inevitable y "lo fijo", una aspiración imposible.

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  4. En otro orden de cosas (o no) :-D...

    http://www.meneame.net/story/indignate-inminente-convocatoria-plataforma-coordinacion-grupos

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  5. Respecto al devenir y lo de llegar a un “punto fijo”, claro que pienso que es imposible. Pero lo que creo imprescindible para que se dé el “movimiento” constante o vital es “la diferencia”. Se trata de un búsqueda constante del “equilibrio”. Pero para que esa “distensión” sea posible en un momento dado, tiene que poderse “repetir” o ser “efectiva” en ese momento dado. Y luego ese “habito” tiende a conservar ese “descubrimiento”, y se agarrará a él como a un “clavo ardiente” en situaciones “similares”. Después esa repetición satura el sistema -por desgaste o acumulación-, y se hace necesario un nuevo “descubrimiento”. Pasa lo mismo con todo, creo. El crecimiento de los árboles, la reproducción de los conejos, de los humanos, de la galaxia, o de los repetitivos y “automáticos” sistemas orgánicos (glóbulos rojos, plaquetas, corazón, respiración, etc)

    Rebuscaré algo para ilustrarlo en internet, aunque lo más ilustrativo que se me ocurre es el planeta Tierra: no es redondo, si fuera una esfera perfecta no daría vueltas.

    http://lacito-rojo.blogspot.com/

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  6. por fín en casa, con las pilas cargadísimas de nuevo tras un viaje que me ha resultado interesantísimo y muy productivo.
    Estoy como loco con mil ideas para seguir produciendo,así que hala, a dejar de perder el tiempo

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  7. Me alegra volver a "verte". Sobre todo con 1001 ideas satelitelizándote y un nuevo gps. Avanti tutti!

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  8. Sobre el tema del Poder Constituyente le invito a visitar el sitio: http://constituyentecivil-mexico2010.blogspot.com - Muchas gracias. Mi correo es: constituyentecivil@gmail.com Atentamente: Alfredo Loredo San Luis Potosi. Mx.

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