lunes, 24 de enero de 2011

New Order #2: El Orden sagrado

Buscando material para hacer alguno de mis gifs, me he encontrado con una serie maravillosa de telediarios americanos de los años 60. Nunca me había dado cuenta de que el tipo de lenguaje videográfico con el que me siento más cómplice es el de las imágenes de la vieja televisión. El barroquismo kitsch de la estética televisiva contemporánea nos ha hecho olvidar que un día fue un medio con voluntad de exquisitez.
Mirad este por ejemplo. Podéis hacer un zappeo y seguro que el fotograma que os topéis será sobrio, elegante, compositivamente muy cuidado, y se compondrá sobre una iluminación sutil y escultórica:



Por aquel entonces (la era Kennedy) la imagen televisiva era tan glamourosa como el cine, la arquitectura moderna o la prensa de tendencias. Los decorados eran espartanos (incluso en los shows musicales italianos, la starlette de turno solía actuar sobre un fondo monocromo o diagramático) pero las escenografías estaban muy ordenadas, había ciertos protocolos de elegancia irrenunciables, como si todo lo que se emitiese por la televisión fuese importante, grave.
Hasta cierto punto, era una estética muy ingenua: la televisión se sentía a sí misma mucho más "seria" de lo que luego mostró a ser. Puede que el punto tan dionisíaco y verbenero que muestra la tele hoy en día tenga algo de complejo de ángel caído: se trata de un medio que en su día se creía partícipe del bienestar social, que tenía un prestigio que defender. Supongo que el público confiaba en sus televisores, de un modo impensable ahora.
Hoy en día, el lenguaje televisivo está a años luz de la elegancia de sus tiempos primigenios, o al menos su elegancia es otra. Aquellas iluminaciones en claroscuro de espacios ascéticos, se han convertido en escenarios recargadísimos y multicolores, el tempo se acelera, las maneras se sueltan. Aspira a una elegancia más casual.
Pero vayamos a los telediarios. Mirad este telediario de hoy en día, absoluto contraste del anterior:



Lo primero que llama la atención es el aspecto de los presentadores, que hablan en un tono de mucha mayor confidencia con el espectador pese a la aparente "seriedad" que escenifican, pero que resulta muy laxa si la comparamos con la pompa del Parte a la vieja usanza. La iluminación es plana (sin sombras ni claroscuros) y el fondo está ahora lleno de objetos de colores y gente moviéndose.
El número de planos se ha multiplicado: hay más en este último telediario que en el anterior, que dura diez veces más. Todo es hiperveloz, la cámara se mueve mucho, como si fuese un ojo, hay efectos de distorsión y se hacen transiciones dinámicas entre las imágenes. Desde una óptica muy zoológica, casi se diría que funciona con métodos propios de nuestra famosa sofronización, como si quisiese sedarnos con la misma hipnosis lumínica que utilizan las máquinas tragaperras. Pero no soy conspiranoico: la televisión ha evolucionado sus perversiones, pero en mucha mayor medida hemos evolucionado nosotros las nuestras, que ya no dudamos de que se trata de una caja tonta.
El cambio de paradigma estético entre ambas épocas me parece tremendo. Es como si hubiese sucedido algo muy gordo, una gran crisis en el medio televisivo. Más que un cambio estrictamente de lenguaje, parece más bien que lo que hubiese cambiado es el medio en sí. Literalmente, la televisión ya no es lo que era. Su "aura" ha cambiado: antes era apolínea, monacal, catedralicia, trascencendente, burguesa. Ahora es física, dionisíaca, mundana, pragmática, espectacular. Lo que tuviese antes de cinematográfico (¡el programa anterior parece "The las picture show", o más bien viceversa!) se ha perdido, como si el medio hubiese soltado lastre para quedarse con "lo estrictamente televisivo", que por ahora sería la televisión que tenemos. Ha desarrollado un lenguaje que sigue reglas propias, pero suficientemente sofisticado como para dejar espacio a las autorías (que las hay, y habrá).
Sin embargo, como esteta prefiero la vieja elegancia de los años 60, sin duda. No soporto el modo tan vulgar en que iluminan hoy en día los platós, aplanando todo, llenándolo cada plano de colores, el omnipresente y chirriante brillo televisivo.
El cambio del medio a lo largo de la historia es una mutación de Ópera a Opereta, de domingo de ramos a domingo de carnaval, de Danza a bailoteo, de Templo a casino. No sé si es que ha renunciado abiertamente a lo sagrado, o si lo sagrado hoy en día es más retorcido, más falsamente desenfadado. ¿Será que no quieren que identifiquemos lo sagrado, travistiéndolo de profano? Seguramente somos nosotros mismos los que optamos por la naturalización de la estética de lo sagrado, ocultando la naturaleza ceremonial de la vida cotidiana, que tal vez sea la celebración ritual propia de una maquinaria cuyo engrase fuesen nuestros dioses paganos.

3 comentarios:

  1. Ok. Todo lo que surge "nuevo" es una emergencia necesaria. La tv fascinó para superar a la fascinante radio como método de in-formación y orden-acción. Guía de control de masas inercial o "varita" de mando pastoril (más que revolucionaria). No en vano "El Parte" significa "parte de guerra", con el que los que hablaban dirigían la in-formación a sus acólitos. Era un "arma" más, antes y ahora.

    Es normal que ese "elan vital" pasional de sus primeros momentos sea lo realmente "fascinante". Como pasa con la danza, la ópera, el templo o internet.

    Los comienzos son "fascinantes" porque están abiertos a lo inesperado. Porque existe mucho campo "vacío" en donde "expandirse libremente" a un futuro promisorio (ya sea idealizado o no). El resto es un mero devenir de relaciones dialécticas o no. De resolución de tensiones por "conservar" esa fascinación primigenia, pero intentando resolver su "expansión"; es decir, intentando contener a una masa que se incrementa hasta un punto crítico de actores, que terminarán por desbordarlo necesariamente de nuevo.

    Me quedo con tu frase macluhiana: "Su "aura" ha cambiado: antes era apolínea, monacal, catedralicia, trascencendente, burguesa. Ahora es física, dionisíaca, mundana, pragmática, espectacular".

    Muy sintética y relevante. Ok.

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  2. Genial aproximación... me interesa mucho la dinámica de "lo nuevo" una vez que deja de serlo, esposible que como insinúes "lo fascinante" sea lo nuevo-en-sí, lo inconmensurable. Pero entonces, ¿cómo es posible que el "aura" antiguamente durase siglos, y hoy en día no resiste más allá de unas décadas? Los iconos medievales, por ejemplo,mantenían su fascinación durante varias generaciones... es un cambio muy interesante,la gran aceleración con la que las cosas envejecen hoy en día.

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  3. Tal vez estemos entrando en una fascinación constante, como los niños. Elaborando conceptos nuevos para poder adaptarnos a "la complejidad" del "momento".

    Tengo una sobrina de un año y medio a la que le apasiona, tan o más, enroscar y desenroscar el tapón de una botella que el juguete más sofisticado "educativo" para su edad. Obviamente los "educadores" no quieren -ni saben- hacer que aprenda nada "nuevo", sólo quieren la pasta de los padres, y que los críos "aprendan" a buscarse la vida por sí mismos, supongo.

    Creo que era Peirce el que decía que "de todo lo que se "repite" se abstrae un concepto, que conformará nuestro repertorio de hábitos, listos para utilizarlos cuando sea "necesario" (que no coincide con lo que nosotros "creemos" necesario, claro, que para algo está la sofronizadora tv y demás "arte-factos")

    De cualquier manera, aunque para el antropólogo Marvin Harris "la retroalimentación positiva entre cerebros y herramientas nos lleva plausiblemente del afarensis al hábilis", no piensa que ocurriera lo mismo del hábilis al erectus. Y no lo piensa porque el erectus, a pesar de tener un treinta y tres por cien más de "cerebro", se tiró más de UN MILLÓN de años haciendo "cositas" con lascas de piedra, de "forma" muy parecida a los hábilis.

    Sin embargo al sucesor del erectus, al homo sapiens, sólo le ha costado cien mil años llegar a la hipertecnificación, en donde evidentemente, la complejidad se multiplica exponencialmente en todos los ámbitos de la vida.

    Fuego, madera, carbón, petróleo, electricidad. Pues sí, cada vez duran menos las energías descubiertas. Y cada vez hay más gente "necesitándolas", esas, y otras cosas, claro.

    El salto es inminente. Y la fascinación promisoria antes del salto del "abismo" más. Puede que se trate de "otra" cultura, o tal vez del "final" de "la cultura", o mejor aún, de "otra forma" de intercambio y relación signica o in-formativa. Vete tú a saber.

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