viernes, 14 de enero de 2011

Hiper-Hollywood #2: La Nada silenciosa

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1. Hace un par de semanas, aprisa y corriendo como siempre, preparamos un bonito dossier para presentarlo en un concurso arty. La tarea que me asignaron fue la de redactar la memoria justificativa, que pese a ser un ejercicio improvisado me sirvió para profundizar en un par de temas personales. El abordaje que hice sobre la pieza presentada se llamaba "Poética de la presencia", y venía a ser un alegato en favor de la ruptura de determinados sistemas semióticos mediante la cancelación de los significados: proponer el despliegue de significantes vacíos de tal modo que el signo se objetualice, que su significado sea únicamente su presencia, la anulación de la naturaleza trascendente del signo, que siempre remite a una ausencia.
La investigación consistía en situar un objeto que no significa nada en un contexto en el que todo significa algo, de tal modo que ese "vacío de significación" sirviese como crisis de la re-presentación y la revelación de una presencia, cuya fisicidad actuaría entonces como desestabilizador del sistema semiótico en el que se inscribe (y que en este caso es la ciudad en proceso de gentrificación). Creo que hicimos un trabajo interesante pese a noinventar nada: después de acabar, encontré este texto en el que se valoran las aportaciones de Guattari sobre la cuestión, que lo maneja (obviamente) con muchísima más hondura.
Lo cierto es que con ese trabajo tomé conciencia de un tema: desde la óptica inmanentista, hay algo de alienante en los sistemas semióticos que fagocitan el campo perceptivo mediante una atribución instrumental de los significados. Es un juego que tiende a la perversidad: como en el pecado original, afirmar de una simple manzana que es un objeto de pecado. Un signo puede actuar como fatal anulador de la realidad que le sirve de significante, aplastándola mediante un significado que, en cuanto re-presentación, remite siempre a otro lugar (lo que haya después del re-). Creo que en ese punto Guattari es muy cercano al marxismo. Pero estamos hablando de arte.

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2. En ese proyecto, la ausencia de significado buscaba la emergencia de lo presente (en tiempo y espacio), idea un poco vaga porque, si desarrollamos su lógica, requiere que esa "presencia" (el significante vacío) sea en cierto sentido verdad. El noúmeno sepultado en lo simbólico. Cosa que dudo. En retrospectiva me parece que hicimos un trabajo un poco anticuado, kantiano, realista. Pero también se puede hacer una interpretación estrictamente significativa: lo que emergería quizás no sea una auténtica presencia, pero sí alterará el sistema semiótico. Un significante vacío es un personaje en busca de autor: antes o después alguien lo significará de alguna manera. No hay silencio posible en el campo de los símbolos: su naturaleza es afirmativa.

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3. ¿Puede haber de verdad un significante vacío? ¿No sería acaso una "nada" dentro de la semiosfera? Si todo son signos, ¿hay algo que pueda no serlo? En nuestro proyecto, el signo se utilizaba para desencadenar acontecimientos, acercándose entonces al "operador semiótico" del que habla con preclaridad Guattari: más un efecto inmanente que un discurso.
Sin embargo, quizás no haya que llegar tan lejos. Estoy leyendo un libro muy interesante escrito por un por mí desconocido Dino Formaggio (típico libro que compras a ciegas en un mercadillo), titulado lacónicamente "Arte" pero que bien podría llamarse "Fenomenología del arte" pues de eso trata. Al margen de quedarme asombradísimo con el nivel de seriedad que han alcanzado los semiólogos italianos, me está pareciendo un trabajo rigurosísimo sobre la representación. Uno de los capítulos más memorables se titula "La praxis intuitiva sensible del cuerpo", y en él desarrolla un precioso recordatorio de la línea de pensamiento fenomenológica sobre este particular, en el que aborda la cuestión semiótica en términos muy similares a los de "Proust y los signos" pero con un protagonista inesperado: la nada. En torno a ella elabora toda una dinámica de la memoria, la imaginación y el cuerpo, cuya solisión produciría el signo. He buscado el libro por interné pero no lo encuentro, así que copio este pasaje en el que aborda el tema que nos interesa en este hilo (la posiblidad de abordar, negar o reinventar "lo real" desde el arte). Un párrafo que bien puede asociarse a nuestras reflexiones reptilianas:

"Sartre habla de la imaginación como anulación doble del yo y elmundo. "La imaginación es la mediación inconsistente que enlaza Narciso consigo mismo". Se abre aquí una connotación más estética y aún esteticista de la imagen y de la imaginación no propiamente artística, o sea proyectiva. Durante muchísimo tiempo la imaginación ha permanecido, de hecho, relegada al plano de la esteticidad y de la Belleza, dependiendo esto también de la hipótesis, típica de muchas estéticas, de que la ley fundamentadora y reguladora del campo artístico era precisamente la de una idea de esteticidad o de Belleza, hipótesis que después ha caducado con la conciencia sobrevenida, y salida principalmente del arte contemporáneo, de que el campo artístico es autónomo con respecto a la esteticidad y por lo tanto tiene una legislación suya propia. No cabe duda de que cuando Sartre habla de la imaginación tiene ante sí particularmente la dimensión de la esteticidad, si no justamente la de un esteticismo narcisista. Narciso es la fuga del mundo al obscuro bosque; en el cual, inclinado ante el espejo desvaneciente de las fuentes, busca en su propia imagen una anulación vertiginosa de sí y del mundo; por lo tanto, un placer de sí en soledad, una " ", en fín, un acto de masturbación estética propia de una imaginación de vicio solitario, patológico, que no obra sanamente en lo real, sino huyendo de lo real. Es la imaginación del decadentismo con todos los fastos negros de la mistificación, que anida sutilmente en toda negación narcisista. Pero la obra negadora de la imaginación noqueda detenida en esta figura límite del narcisismo, sino que se mueve satánicamente hacia todas las destrucciones del ser, destrucciones que se previene son operadas en lo real: "Nada imaginario sin lo real. Las sombras pálidas de la imaginación se encarnan en el movimiento de lo real que se niega", se dice en el Saint Genet de Sartre.
La imaginación se desposa con la causa de la nada y más precisamente con la de aquel "principio de delicadeza", del que hablaba el marqués de Sade, que hace que se prefiera la nada al ser, la imaginación a lo real. Este no es el triunfo de las apariciones después de la disolución total del ser, la Belleza se convierte en el goce perverso del Mal, su relámpago efímero los vértices de la apariencia. Detrás de su vuelta aparece la vuelta infinitamente cambiante de la Nada. Pero de una nada que sin dejar de serlo puede producir efectos reales. Una nada, pues, que está muy cerca de la nada de la que hemos hablado precedentemente. La Belleza se convierte en un "extraño infierno" que se abre a la nada como una vorágine; la Imaginación: un proyecto maligno de destrucción del ser; pero lo irreal que surge de la imaginación es fuga impotente del mundo sólo en su versión patológica: en su forma fundamental no suscita la relación arte-realidad como un dualismo inasible fijado en entes totalmente heterogéneos, sino antes bien como una anulación operativa y liberadora. La obra de arte (decía también Ingarden) es una nada, pero una nada que no es el cero, la ausencia de todo, sino la plenitud histórica y conscientemente revolucionaria de toda ausencia presente, de toda la realidad retorcida en su interior con todos sus mohos, todas sus cadenas, todas sus cuerdas bien tejidas, sus trucos, sus mistificaciones, sus frutos y su falsedad. Por lo cual resulta más útil científicamente asumir las relaciones como las del arte con la realidad según una bipolaridad de estructuras estratificadas y según las leyes básicas de la intencionalidad dominante y de las subintencionalidades ordenadas, puestas de relieve anteriormente. Así la nada de realidad que constituye la imaginación estética y artística que es la obra de arte es, de hecho, siempre una estructura de lo real y es en el interior de su movimiento donde significa y donde puede tomar todo su sentido".

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4. La nada es entonces un afuera espistemológico pero no ontológico: lo invisible, lo impensable, lo ausente, lo inactivo. Latencia pura, y por tanto potencia: variable de un algoritmo en el que gestiona la dinámica entre lo posible y lo real. La nada de Formaggio no es presente, pero sí actuante. Bella teoría la suya, pues propone una imaginación que es el germen de lo revolucionario, operando a través del silenciado de un lo real que nunca deja de desvanecerse, reformularse y representarse.
La nada, en los discursos, es el silencio, némesis de la enunciación. Un significante mudo es un vacío que, en cuanto emerge, cuando se presenta en un contexto de significaciones, disturba la cadena semiótica en la que irrumpe. Un signo nuevo sólo adquiere significación robando sentido a los signos existentes: irrumpe en el código "a codazos", violentamente, reivindicando un espacio propio que sólo puede encontrar en el dominio de los enunciados preexistentes. El plus de significación que aporta todo nuevo signo será encontrado por el cuerpo, a través de la memoria y la imaginación (tema que se desarrolla en otros pasajes). Lo nuevo es una irrupción y un desplazamiento.
Esa nada, por tanto, es un imán: atrae los significados hacia sí. Funciona como un agujero negro: un punto hiperdenso en el plano simbólico, un vacío de sentido que atrapa a todos los signos a su alrededor y los colapsa hasta transportarlos a una nueva dimensión.
Así, lo real puede ser descrito como un multiverso de rangos semióticos paralelos, oblícuos, secantes, tanjentes, coplanarios, perpendiculares. Planos dúctiles y en fermentación, vibrando por siempre, animados y acotados por agujeros negros que le son constituyentes: los vacíos, los silencios, las ausencias, la nada. La conciencia pivota, tantea, husmea sus contornos, en una espiral que sólo puede crecer robando territorio a lo insignificante.

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