domingo, 7 de noviembre de 2010

Arte emergente #16: Goebbels Rockstar

Lo que voy a decir no tiene nada de ideológico ni pretende sugerir segundas interpretaciones, es un mero dato histórico: el inventor de la escenografía del concierto de rock tal y como la conocemos actualmente es Joseph Goebbels, el ministro de propaganda de Hitler. El carismático líder de los nazis no fue la primera estrella pop que llenaba estadios y arengaba a las masas mediante complejas estrategias cuasi hipnóticas (ya Lenin era un experto flautista de Hamelin), pero la escenografía del reich marca un antes y un después tan grande en las estrategias políticas de seducción de las masas, que no es descabellado proponer que fue Goebbels (que era sociólogo, no lo olvidemos, y más listo que el hambre) el que inventó el pop.
No lo digo para escandalizar, en absoluto: los nazis fueron pioneros en muchas cosas, y una de las más longevas ha sido ese concepto del mitin como catarsis colectiva, como momento tribal en el que las masas se reúnen en torno a un líder omnipotente y lo idolatran voluntaria, servil y desesesperadamente. Los speeches de Adolf en Nuremberg son una pasada, el tío tenía muchísimas tablas y se metía a la gente en el bolsillo con aquella oratoria potentísima, la escenografía imponente que dejaba al personal con la boca abierta, y sobre todo fomentando esa sensación que tanto le gusta a la gente de "somos un pueblo, no estás solo, juntos somos fuertes". En realidad, diría que el proceso de hipnosis colectiva es muy parecido en una live performance de Hitler, la ceremonia de inauguración de unos JJOO, un concierto de Manowar o la final de la champions. En lo que sí que hemos mejorado es en que ahora no necesitamos apalear negros ni quemar judíos al salir de la liturgia.
Yo soy frío e imparcial en este tema: no me interesa la legitimidad o interés de cada speaker, sino sus técnicas de seducción social, su particular formalización del rito. Tanto monta, monta tanto Stalin como Elvis: ninguno me interesa, sólo observo su know-how como rockstars.Y lo siento, pero el actual Papa se lo monta fatal como agitador de masas, su falta de carisma es absoluta y el fandom que sigue su onda está probablemente compuesto por la gente más impresionable y con menos capacidad crítica del planeta.
He estado viendo las fotos de su actuación en Compostela y me ha parecido cutrísima: el príncipe y su doña con cara de amargados (como fingiendo sensaciones trascendentes, o algo), mogollón de curas disfrazados con absurdas sotanas pasadísimas de moda, niños que dan miedo entonando grotescos himnos católicos, una rigidez absoluta, falta de chispa, de fuerza, de garra, la sensación de que ese atrezo católico necesita urgentemente un lavado de cara si quieren seguir engatusando al joven del año 2010: no creo que a un chaval que se ha cargado ejércitos de zombies en la Play le impresione lo más mínimo ver a este botarate montar su show con tan poca gracia. Supongo que la curia es consciente de que, siendo realistas, su competencia no es Satanás, sino Paris Hilton. Les roba nicho de mercado.

Y ver a todos los frikis de la política española enloquecidos por ser el que sale en la foto con el gesto más solemne y circunspecto, me ha recordado mucho a la estética de las dictaduras de países bananeros, donde estas cosas se viven con menos sorna y una complicidad más sincera. Los €uropeos ya hemos caído del guindo y es difícil sorprendernos con modales tan anacrónicos. Lo siento pero no soporto a Pepe Blanco, ni al cada día más kitsch Paquiño Vázquez, ni al sinsangre de Rajoy, que con todo es el menos ridículo del círculo en el que lo situaron.
Todo muy trash, muy de película de serie b. Cualquier conciertito de Muse tiene más potencia que este Papa, y no digamos ya uno de U2. Los católicos deberían desmelenarse un poco y usar técnicas de marketing más contemporáneas, darle un matiz un poco punky a su estética, porque tal y como van sólo engatusarán a rednecks del cono sur y viudas enlutadas de la meseta profunda. Corren el peligro de convertirse en algo muy camp, y no hay más que recordar que hace un par de años Jesús Vázquez puso de moda en el ambiente homo el llevar enormes rosarios decorando el canalillo de sus no menos enormes y ciclados pectorales. Hasta el mononeuronal Cristiano Ronaldo luce en su depilado torso un crucifijo de tamaño king size, y sorprendentemente Mourinho es un devotísimo católico reaccionario. Quizás para animar estas fiestas cristianas, al think tank del Vaticano le convendría tomar nota de la metodología litúrgica del Bernabéu. ¿Qué tal un partido entre Obispos de Dios y de Belcebú? ¿Entre monaguillos y satanistas? ¡Me pido árbitro! ¡Que gane el mejor!
Por cierto, uno de los paladines de Ratzinger es un cura buenorro llamado Georg Gänswein que no está nada mal, y al que podrían utilizar para enamorar a las seguidoras de George Clooney. En los tiempos que corren, es lo más inteligente que podrían hacer.

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