miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ladrillos #2: ¿Todo vale?


Jose Luís Brea, "Las auras frías"


Traigo un tomito muy interesante de crítica de arte al que llegué por recomendación del fotolog de Cntra, que hace unos días reivindicaba en un bello texto el impacto que esta obra había tenido hace años en su propia formación de connoisseur : al parecer el autor, Jose Luis Brea, recientemnete fallecido, había sido en los años 80 uno de los más avanzados y contestatarios comentaristas del panorama nacional, el típico apóstol de la posmodernidad en un desértico circo cultural demasiado entretenido en sus reyertas de patio de vecinas como para atender a Lyotard, Baudrillard y Vattimo, que por entonces eran lo last en el circuito Documenta.
Redactado con minuciosidad, erudición y precisión terminológica, todo el ensayo está recorrido por un cierto halo de impotencia, de desencuentro con su contemporaneidad: mientras el circuito museístico, sedado por el abrevadero público, parecía entender el fin de la modernidad como una bacanal iconoclasta en la que lo más profundo fuesen las pretéritas boutades de Almodóvar y sus warholismos de baja fidelidad, Brea apela insistentemente a retomar la senda de Duschamp, a la tensión semiótica entre objeto y sentido, como única vanguardia posible para un Arte en mayúsculas que el autor veía amenazado por el auge que en la época tenía cierta visión del artista como artesano, el ubicuo "retorno a los pinceles” y al placer del pintar por pintar. Para Brea, el imperio de la plástica no discursiva (que personifica en Julian Schnabel, al que dedica los dardos más afilados) amenaza con arruinar toda la gran tradición auto reflexiva y metalingüística de las vanguardias, tras las cuales, y siempre según Brea, cualquier retorno a la representación no sería más que el recurso fascista a lo Uno, lo Mismo y el Sujeto trascendental kantiano. El gran problema de aquella generación parecía ser: cómo evitar el todo vale teniendo en cuenta que todo es relativo y que toda enunciación de lo verdadero es en sí misma reaccionaria.
La tesis central del libro se me hace bastante ingenua: su propuesta es que el fin del carácter aurático de la pieza de arte anunciada por Walter Benjamin en virtud a su reproductibilidad técnica, no sería en realidad un deceso sino un "enfriamiento", una transferencia del aura a la órbita mediática con la consiguiente virtualización del objeto. Ahora el problema será según Brea el superar el vacío de lo real en cuanto sustancia privada de su hechizo y su leyenda, como si el fin del sujeto y de los grandes relatos supusieran el encontronazo violento con la inanidad de "la cosa-en-sí", del noúmeno kantiano, eterno significante vacío esperando a ser investido de sentido por el artista. Horrorizado ante el desinhibido espontaneísmo de cierta posmodernidad festiva y ecléctica, el autor reclama incesantemente el debate sobre la constitución del sentido, la resistencia sistemática al engranaje financiero al que la maquinaria artística parece haberse sometido voluntariamente, y a un sutil y nunca enunciado heroísmo contestatario por parte de un artista que, tristemente, habría abandonado la actitud romántica y vanguardista características del dandy de Baudellaire y Benjamin, los verdaderos dioses de Brea.
En fín, mi punto de vista es completamente opuesto al de un moralista como Brea, un intelectual fascinado (como muchos de sus contemporáneos) por ese tono implacable y a cara de perro de la retórica de Foucault, cuya licuefacción de las nociones de política y poder fue el pretexto de muchos críticos para investir todo fenómeno cultural de esa “moral de la sospecha” que servía a numerosos comentaristas para esconder su falta de sensibilidad tras un discurso tediosamente moralizante. La retórica de los microrelatos, las instituciones del saber y el poder, la biopolítica, la objetualidad del cuerpo, etc etc, terminan por resultar un impertinente dedo culpabilizador que no cesa de fustigar al artista que no funcione conforme a las premisas de la tribu fuckaultiana: para Brea, el arte ha de hablar del arte, asumiendo que quizás ya no existe el arte, y esquivando la abyección implícita a la complicidad con el mecanismo mercantil que no hace sino corromper la imprescindible naturaleza revolucionaria del quehacer artístico. Resumiendo: el arte es, más que nunca, una mierda.
¿Cuál es el gran error del libro? Para empezar, su planteamiento me parece de una inocencia muy superada: se ignora que lo que da vida al aura, es el debate sobre el aura. Brea efectúa el aura en el momento mismo en que la busca, pues tal es la naturaleza de lo aurático, quizás porque inconscientemente sabe que si no hay aura, no hay Jose Luis Brea. Lo que el autor no alcanza a comprender es que el tema del Aura nunca ha interesado a los artistas, sino que es un fenómeno que tiene mucho más que ver con la gestión, transacción, exposición y análisis de la obra de arte, que con su producción. Ahora y siempre, incluso en tiempos de hiperrealidad, desterritorialización, crisis del relato y nomadismo del sentido, el “artista” en el que creo lo es de raza, por instinto, intestinalmente. Brea en cambio gusta del intelectual post-marxista que produce instalaciones alegórico-morales sin mancharse las manos, que entiende la obra como un enunciado, una estrategia y un discurso sobre el arte mismo, transformando “lo artístico” en una entelequia vacía a la que al mundo sensible, Foucault mediante, ya no tiene acceso legítimo. Su discurso es implícitamente, por mucho que no quiera reconocerlo, trascendentalista y platónico (a Brea esta afirmación le parecería el peor de los insultos), y su gran error es plantear la cuestión en términos de dialéctica entre significante y significado. ¡Qué coñazo, y qué obsoleto!
Pero lo que rechina hasta el punto de resultar ofensiva, es su consideración de Qué es arte, y que de nuevo es la génesis inconsciente del malestar general que recorre el libro: Brea reduce fatalmente “lo artístico” al circo profesionalizado de los que producen, manejan y discuten las piezas museísticas, ese río común de vanguardias, contra-vanguardias y tendencias autopromovidas que fluye en común univocidad, y en el que el Todo adquiere un peso moral que aplasta a cada una de las partes que lo componen: el artista no es más que un pequeño operario que no tiene nada que hacer ante el caudal imperioso de lo artístico” como totalidad, un devenir abstracto al que debe plegarse y al que referirse constantemente en su trabajo. Es como pedirle a Jeff Tweedy que en cada nueva canción reflexione: ¿qué es cantar?
En unos tiempos como los que corren, semejante fundamentalismo intelectual, basado paradójicamente en la singularización de “lo artístico” como actividad ajena a la vida cotidiana de las personas, produce él mismo su dispositivo de autodestrucción: Brea no se da cuenta de que, en su planteamiento, arte es, únicamente, aquello de lo que se habla en las revistas de arte. En ningún momento se interesa por la pulsión que mueve a la mano sobre el pincel, a lo inmanente del proyecto artístico, a su necesaria irreductibilidad al discurso (en uno de los pasajes más penosos, Brea redacta ¡¡¡diez mandamientos para el Arte contemporáneo!!, en los que la aprehensión intelectualizada y mediada por el sentido nominalista es el fundamento de la relación entre artista, obra y espectador ; por supuesto, el mismo Brea constata que NADIE cumple sus mandamientos... porque el Arte del que habla habita en un universo platónico de ideas, donde no importa el matiz, el pigmento, la reverberación del cuerpo, la voz de la obra en su fisicidad, de la que siempre desconfía: ¿pero no se supone que Brea leía a Deleuze?).
Recomiendo vivamente su lectura, porque ilustra muy bien la soberbia de cierta crítica que ignora que es ella misma la causa de lo que lamenta. Personalmente, y a tenor del ombliguismo del que hacen gala este tipo de comentaristas, lo último que me apetece es meterme en un museo a estudiar por dónde van los tiros de “el Arte” contemporáneo, entendido así, como hilo conductor, como caudal común. Porque ese arte “en general”, ni me interesa, ni creo que exista.
Supongo que el libro es muy de su tiempo: en aquella primera oleada posmoderna, el relativismo implicaba un estado de ánimo de sospecha y angustia. Lo que nuestra generación ha comprendido, no era tan difícil, es que la única moral verdadera posible, es la convivencia pacífica de todas las infinitas morales. Y donde digo "Moral" podría decir "Arte", y donde dijese "Arte" podría decir "Verdad". Bastaba con cambiar "relativismo" por "pluralismo", y todo hubiese cuadrado.
Aquí lo tenéis. La redacción es barroca, pero muy exacta en el manejo de conceptos: se lee relativamente fácil, y los temas que aborda son muy interesantes, por más que disentamos con la perspectiva de Brea.

17 comentarios:

  1. y así te lo ventilas, en un periquete.

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  2. Si te interesa, dejo en mi bluf el último EP de Seefeel en Warp.

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  3. Tb me he bajado una especie de híbrido entre perroflauta y el doctor bacterio, también en Warp. Lo tengo en cuarentena: Gonjasufi.

    Indaga y si te interesa te paso links de descarga.

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  4. chiki! ya hablaremos del libro, cara a cara. Yo soy más de ¡¡que viva el libertinaje, y el arte humilde!!

    Vic, creo recordar que el de Gonjasufi es el lider de Flying Lotus, no? yo tenía algún ep por ahí, pero no estoy nada jipjopero últimamente. me paso por tu bitácora

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  5. Chicos!!! qué hacéis, que no estáis corriendo a la tienda de discos?
    http://www.marca.com/2010/09/22/futbol/equipos/real_madrid/1285132566.html

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  6. No, Gongasufi colabora en el album de Flying Lotus y Flying lotus colabora en algún tema de gonjasufi.

    Si quieres bájalo aquí:

    Gonjasufi / A Sufi And A Killer (warp-2010):

    http://rapidshare.com/files/379778424/Gnjsf_SfKllr.zip

    Hay después otro de remezclas que acaba de salir en warp.


    Lo de Seefeel no es ninguna reedición, es nuevo y tb con dos miembros nuevos: Shigeru Ishihara y E-da (exbatería de Boredoms).

    Iremos, palabra, de momento estoy liado metiendo lo de invierno.

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  7. glups no, al parecer el gonjasufi no es el lider, colaboró con ellos en alguna ocasión, será el típico nigga emporrao permanentemente. ya me contarás qué tal estás. el de seefeel me está sonando bien, pero es una pena que renuncien al rollo planeador del Quique

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  8. "qué tal estás" por supuesto que también, pero mi pregunta era "qué tal está" (el de gonjaporro).

    me voy de shopping!! ciau

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  9. Kaká de Luxe, puse en los comentarios de Marca y me volvieron a censurar...

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  10. Bueno es raro, entre psico-Hendrix, Hiphop y worldmusic...No sé, escúchalo.

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  11. Hasta hay un tema con samplers de jicho-lolailos, se llama: Kowboyz&indians

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  12. has de relatar de qué se trata ir de shopping en verín, perfavore!

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  13. eso mismo pensé yo

    irita

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  14. Joder; ni que la puta Coruña fuera Nueva York!
    Chicas, en los pueblos se compra muy bien y se vive mejor. En el fondo lo sabéis.

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  15. y menos mal que no es NY... que caro todo dios mio!!!!

    irita

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  16. Mis zapatos vienen de Verín y fueron caros.

    Sin ti la Solana está cambiando:

    http://vimeo.com/14985168

    Te acordarías de darte de baja?

    -x-

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  17. claro que me dí de baja, por quién me tomas??? iba a llamaros hoy, pero me voy corriendo a ver el programa sobre los borbnones y carmen bordiú, un tema que me encanta!!! mañana falamos. ah! y por cierto, en verín voy al gimnasio, qué te pensabas???

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