sábado, 25 de septiembre de 2010

El arte de odiarse a uno mismo #4: Sado/Maso familiar


Las entrevistas de sobremesa que practico a mi madre son como los libros que Pilar Urbano publicó sobre el Rey Juan Carlos: nacen con la excusa de homenajear las gestas de la Gran Novela Familiar...pero lo único que las hace interesantes es el festival de chismorreos, anécdotas hilarantes y frikerío subterráneo que se esconde en las zonas en sombra del árbol genealógico. Y aunque mis antepasados no tengan la glamourosa sangre azul de los borbones, nuestra historia familiar está plagada de momentos vodevilescos, amores de folletín y desencuentros tragicómicos tan rocambolescos como los de cualquiera de las grandes sagas del colorín patrio.
Lo desconcertante del tema es que mi madre procede de un linaje castellano de integristas católicos, siendo su padre un hombre tan entrañable en lo personal, como implacable en sus juicios morales: mi abuelo, un hombre risueño y afable, era sin embargo de los que te retiraban el saludo si sabía de algún lío de faldas o escándalo monetario en el que hubieses incurrido. Teniendo ese carácter austero, recio y espartano típicamente mesetario, el abuelo educó a sus hijas en la rectitud, la misa diaria, el disimulo, la introspección y el acato irrenunciable y absoluto del imperativo social más protocolario. En esta ronda de entrevistas que estoy despachando a mamá, me sorprende hasta qué punto aquello era una cuestión estética que ética, estando recorridas las aventuras familiares por un perverso subtexto que podría resumirse en "haz lo que quieras, pero que nadie se entere". Siempre había pensado que una familia tan sobria como la mía nunca habría meado fuera del tiesto, pero recapitulando con mamá todos los minutos de escandalosa fama de los que hemos gozado en el pueblo, me doy cuento de la enorme farsa que suponen los jueguecitos católicos de mis antepasados. Y con esta reflexión, lo único que busco es humanizarlos.
Así, me entero insólito de historietas que son dignas de las más delirantes zarzuelas castizas: tengo tías católico-apostólico-romanas, de las que te reciben con el rosario en una mano y el mantecado de Astorga en la otra, que esconden la terrible vergüenza de... ¡¡¡haberse casado secretamente embarazadas!!! (circunstancia de lo más irónico, porque esta misma tía es de las que no dejan títere con cabeza en sus afilados comentarios sobre las jovenzuelas del pueblo, todas ellas "ligeritas de cascos" a sus ojos). Una prima de mi padre, auténtica vikinga de carácter asilvestrado e implacable, intentó cortarle la polla a su ahora ex-marido, montando un zipi-zape en la escalera tan monumental que aquello fue noticia de telediario (cuando se divorció, se me dijo que había sido víctima de malos tratos; ahora intuyo que era más bien ella la que repartía mandobles con excesiva laxitud). Otro tío de mi padre, un campesino octogenario conocido en todos los lupanares de la comarca, desapareció para siempre en la montaña, en otro escándalo que terminó en "Quién sabe dónde" pero que a mí me recuerda más al rollo panteísta de "Doctor en Alaska". Tengo bisabuelas alcohólicas, tíos que hubieron de escapar del pueblo tras mancillar la honra de alguna manceba inocente, primos cornudos poliadictos a los ansiolíticos, un primo chalado que fue asesinado por otro loco en un manicomio, un tío lejano que mató a otro pariente en un accidente de caza generando unas rencillas a lo "Dinastía" que todavía colean, tías que dejan a sus maridos por otras mujeres. Por tener, hasta tengo una prima hippy, un tío cura, un cuñado castrista, un abuelo dueño de una funeraria y una ex-cuñada bipolar.¡¡¡Y dos hermanas profesoras!!! :-D El cátering de la boda de otra prima estaba en mal estado, y varios invitados acabaron en el hospital: uno de los comensales se murió. ¿Os he contado alguna vez que un cómico ochentero del "Un Dos Tres" que se hacía llamar doña Croqueta era familia de mi padre? Por supuesto, me guardo las anécdotas más sórdidas, que son sencillamente inconfesables.
En mi árbol genealógico no hay una oveja negra: demasiados candidatos se disputan ese cetro. Y si cuento esto no es desde luego para singularizarme, pues en todas y cada una de vuestras familias se cuecen en la sombra multitud de historias más o menos sórdidas, más o menos vergonzantes, y todo linaje instaura en su devenir un subtexto silenciado de acontecimientos que es mejor olvidar. La gran Novela Familiar siempre tiene su componente gótico, los fantasmas se apretujan en los armarios.
Hasta cierto punto, este tipo de anecdotario sórdido humaniza los árboles genealógicos. Le resta mucho peso a las voces moralizantes que inevitablemente nos atormentan, aligeran nuestra deuda con la familia. Hace de nuestros antepasados protagonistas de una historia de Ingmar Bergman…pero si te esfuerzas, también puedes encontrar mucho de Almodóvar.
Mi historia familiar sórdida favorita es sin duda la de los Panero : un exquisito y teatralizado folletín en torno al fín de raza, en el que el festival de reproches, angustias, rencores y venganzas narradas con retórica de lírica elegíaca no consigue evitar su implícita contralectura tragicómica, humilde, entrañable. Los Panero, más o menos como todas las familias.
Arriba dejo enterita "El desencanto", por si alguien todavía no la ha visto. En mi opinión es la biblia cinematográfica de la sordidez familiar, cargada de ternura cómplice con ese apellido que mantiene un irrenunciable porte aristocrático, empantanado en el lodazal de reproches propio de toda familia en proceso de colapso. Los Panero, mientras narran a la cámara su panoplia de recriminaciones, paracen maravillarse de la poesía que emerge de tan sórdida y literaria epopeya familiar, morbosos espectadores de la miseria de su alcurnia, como si estuviesen trazando voluntariamente el diagrama de su autodestrucción.

10 comentarios:

  1. La verdad es que sí: nuestra familia es un filón de inverosimilitud. Y lo que nos queda por descubrir, seguro...

    Besiños.

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  2. como todas!!! a mí me encanta tirarle de la lengua a mamá, cada vez descubro nuevas diabluras interesantes, y las encajo en la "novela" de los Romero con bastante comicidad

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  3. Esto nos pasa por tener moral. Todas las sociedades lo primero que obligan a sus miembros es aceptar la muerte y tragarnos la represión por nuestro bien. Pero la represión está ahí para ser transgedida. Para ser disfrutada y desarrollar el intelecto colectivo. Y yo supongo que lo lógicoestético simplemente evidencia los "errores" de lo lógicoético, con un afán publcitario, en un momento dado, claro. El nuestro.

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  4. Además nuestra familia materna tiene una forma de mirar y contar las cosas muy "prosaizadora", muy "esperpentaizadora", muy desmitificadora... como si supieran buscar el lado "vulgar" a todo y a todos... bajarle los humos a todo y a todos, incluso cuando hablan de cosas que no son de nuestra familia... No sé si me entiendes.

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  5. Sí, arte, lo que sucede es que al final esa moral que siempre consideramos represora, emerge por motivos más o menos lógicos. Para eso sí que soy muy marxista: la mitología y lo superestructural siempre tienen una lógica muy pragmática detrás. Rollo Levi-Strauss, la prohibición del incesto y todo eso. Por eso yo la moral ultracatólica de la familia de mi madre puedo entenderla con una cierta ternura cómplice, por más que en el fondo me parezca una abominación.
    En las comidas discuto muchísimo con mis padres, me gusta mostrarles las dobleces de una moralidad que nunca se han cuestionado porque la tienen muy interiorizada, y a veces me siento mal por "sacarles los colores": al fín y al cabo, ellos son víctimas absolutas de esa moral extrema.
    Teresa, efectivamente cuando se ponen a rajar no hay quien los pare, pero yo no me corto un pelo en defender a todas las balas perdidas, vagos y maleantes que se despachan sin miramientos. Me da un poco de pena estar siempre discutiendo, al fín y al cabo ya son mayores y no van a cambiar... pero al menos me gustaría que se lo tomasen a lo Panero, con ese punto tragicómico de poner tu propia novela familiar en perspectiva y relativizar esas culpas espantosas que se han ido pasando de generación en generación. ¡¡¡Conmigo, para la dialéctica sadomaso judeocristiana, que no cuenten!!!

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  6. Se deduce en el texto claramente: la oveja negra eres tú.
    Buen texto, me mola la gente que exterioriza sin tapujos. Yo tb lo hago, aunque normalmente me trae problemas.
    Mi padre tenía una moral católica exacerbadísima que me traía de calle en mi adolescencia, ahora, en perspectiva la comprendo, incluso parece que la echo un pelín de menos.

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  7. Vaya, me parece que todos aquí hemos sido fabricados de la misma manera: afectuosamente defectuosa.

    Lo malo de aprender a desmitificarlo todo -lo digo por Teresa-, es que cuando lo llevas al límite, con algún tipo de coherencia lógica, te quedas flotando en la nada, y sobre todo, sin poderte agarrar a nada. Y creo que siempre se necesita algo a lo que agarrarse un@.

    Yo también -como dice observer- termino casi siempre por observarlo todo con cierta ternura. Hasta un punto, claro. Después subo a la estratosfera para observarlo todo antropológicamente, como haría un biólogo marciano (para que no me afecte). Entonces es cuando sí creo necesarios los tapujos si quieres comunicarte con otros seres: perros, gatos, machistas, feministas, gayistas, marxistas, fascistas, ecologistas, cintifistas, materialistas, metafisicistas, relativistas, pájaros y serpientes no venenosas. En fin, con todo el mundo que necesita "militar" o "mandobedecer" (aunque sea a un@ mism@).

    Aunque, también hay que decirlo, afortunadamente cada vez me encuentro con más gente con autonomía moral, y ya no viajo tanto al exterior. De mí mismo, quiero decir, claro (uff! qué difícil es hablar de "la familia" de "1")

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  8. No sé por qué, pero esta tarde me dio por leer El Bergsonismo de Deleuze. Y en la penúltima página encontré algo muy a propósito de este asunto. Así que ahí va (para quien le sirva de algo):

    “La pequeña separación “presión de la sociedad-resistencia de la inteligencia” definía una variabilidad propia de las sociedades humanas. Ahora bien, sucede que, con ocasión de esta separación, algo de extraordinario se produce o se encarna: la emoción creadora. Ésta no tiene nada que ver con las presiones de la sociedad ni con las protestas del individuo. No tiene nada que ver con un individuo que protesta, o incluso inventa, ni tampoco con una sociedad que constriñe, que persuade o incluso fabula. Solamente se sirve de su juego circular para romper el círculo, de igual modo que la Memoria se servía del juego circular excitación-reacción para encarnar recuerdos en imágenes”.

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  9. bufff... de esto y cosas peores hay en todas las familias de hoy ayer y siempre... mis padres los dos son hijos de penalti... y mi abuela tiene otra hija de soltera que además es prima de mi madre, por tanto sobrina de mi abuelo... y mi padre tiene una hermanastra que conoció hace un par de años... y lo que no sabré

    a mi lo que me da lástima de todo esto es pensar lo que esta gente sufrió por culpa de esa moral que al final todo el mundo se saltaba... que horror!!!

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