martes, 17 de enero de 2012

Placer / displacer #3: Formatos de Desgobierno



Max Weber - El político y el científico


Leyendo este pequeño librito de Max Weber, uno se da cuenta de la grandeza a la que aspiraba la sociología en los albores de su reconocimiento como "ciencia social", en un momento además (el tránsito del siglo XIX al XX) en el que la reformulación de las estructuras sociales no era sencillamente un proyecto teórico, si no eminentemente una tarea preactiva, con voluntad (y potencialidad) de materialización real. Es un libro erudito, riguroso, multidisciplinar, que no titubea cuando se mide constantemente con las alargadas sombras de la filosofía y la antropología (en cuyos campos, en cierto modo, la sociología buscaba "entrometerse") y, más significativamente, en cautelosa autocrítica respecto a los posibles errores del ejercicio de dicha disciplina. No hace mucho escribí un post comentando cierto recelo personal ante una profesión, la del sociólogo contemporáneo, demasiado perezosa en su rol de, o bien doxósofo tecnocrático de jerga pintoresquista, o bien esbirro intelectual al servicio de la ingeniería social. Los sermones más o menos lúcidos, más o menos gratuitos de Lipovetzski o Baumann, palidecen cuando los comparamos con el trabajo de los grandes sociólogos del pasado, para los que la más elevada tarea de la sociología era, quizás de modo paradójico, el delimitar y sistematizar los límites y limitaciones de su ejercicio disciplinar, cuestionar con prudencia su papel en el conjunto de los saberes. Leer por ejemplo los tontísimos juegos retóricos de Marc Auge sonroja si se lo compara con la solidez de un Norbert Elías, un Pierre Bordieu o el mismo Max Weber.

"El político y el científico" es, como todos los grandes libros de este campo, una puntillosa disertación sobre la problemática metodológica de la producción de discursos sociológicos, a.k.a. cómo narices hacer buena sociología: un campo en el que el estudioso ha de recelar constantemente de la intuición personal que funda cada una de sus investigaciones, al tiempo que inscribe cada trabajo en el horizonte de una cultura que, conforme al puñetero ideal de la modernidad, sólo puede cimentarse sobre órdenes conceptuales sólidamente estructurados y con voluntad científica: la mala praxis del sociólogo corre el peligro de fomentar totalitarismos y fascismos sociológicos opuestos a su supuesta deontología emancipadora. Weber parece asumir que no hay sociología sino como el constante recelo de la potencial mensurabilidad de lo social, una ciencia condenada a correr detrás de los acontecimientos sin alcanzar nunca una lógica categórica capaz de determinar lo que va a suceder (que, a fín de cuentas, es el sentido fundacional de cualquier saber).



En medio de esta letanía de severo autocuestionamiento, Weber reconstruye a lo largo de su libro una genealogía de las figuras del científico y el político como profesionales con competencias claramente delimitadas, y el devenir de su rol como agentes de producción de realidad (a través de discursos) en relación al poder y el pacto social. Su investigación resultará algo ingenua a los lectores de Foucault y similares, en la medida en que el modo en que Weber maneja los conceptos de "poder" o "saber" resulta un poco primitivo si lo comparamos con el trabajo de pensadores posteriores. Pero en lo que sí da la clave Weber, y sobre eso quiero hablar en este post, es en la importancia de la aparición del "político" profesional, con todo lo que ello conlleva: la existencia en el corazón de los estados democráticos de personas que viven de lo político, y que por tanto (quizás indirecta o inconscientemente) tenderán a soliviantar, azuzar, avivar lo político. He ahí la peligrosa paradoja: siendo la política la gestión de catástrofes, el político será un profesional que para legitimar su existencia necesitará promover lo problemático, no resolverlo nunca, no llegar a ese punto (quizás utópico) en el que la política no sea necesaria. Los políticos viven de los problemas, de cierto tipo de problemas, y su tarea entonces no será el resolverlos, sino, de algún modo, el marearlos, desplazarlos, agitarlos, pero no cancelarlos. Allí donde hay paz y prosperidad, no se necesitan políticos: son parásitos de las catástrofes, florecen en simbiosis con ellas.



Esta idea tan intuitiva no es nueva, y de hecho hace ya mucho que planea sobre esa "nueva izquierda" juvenil y post-política de "Occupy Wall Street" y similares. De hecho, ya en aquel potentísimo icono generacional que fue "Zeitgeist" se especulaba con la utopía de un mundo en el que la política no fuese necesaria, pues las competencias que hoy en día le corresponden serían transformadas en cuestiones técnicas. En aquel documental, los pirolos de Proyecto Venus lo explicaban muy bien con un ejemplo redondo: el problema de las víctimas en carretera no se soluciona con nueva legislación viaria, sino con la invención de coches completamente seguros. De un optimismo tecnológico un tanto desconcertante, esos planteamientos antipolíticos creen en la reversibilidad de la fórmula de Weber, otorgando al científico la prerrogativa de solucionar los problemas que hoy en día han de resolver los políticos. Actualmente, en prensa, a ese modelo le llaman "tecnocracia", y en mi opinión es la cuestión primordial que se está decidiendo en este gran campo de batalla global que es "la crisis financiera", que en realidad no es tal, sino una crisis de la formalidad estado. Una crísis no política, sino de lo político en sí.



He ahí mi principal problema con los movimientos de la constelación 15M: su indecisión a la hora de consensuar si lo que se pide es más estado, o menos estado. Al obviar esa cuestión fundamental, IMHO el 15M yerra completamente el tiro y seguramente por ello haya fracasado en sus intenciones. Aquel flojísimo manifiesto inicial de Democraciarealya, en medio de un vago programa de fines maximalista, no se pronunciaba sobre si es necesario más estado o menos estado, limitándose a pedir "otro estado" que, a tenor del tipo de ideas que proponían, viniese a ser algo muy parecido a las socialdemocracias escandinavas. Ahí no estoy con ellos: personalmente, del 15M me interesan las facciones ácrata-liberal, pero en absoluto la democrática. Socialdemocracia es un término tramposo, y de hecho una aporía: “social” se refiere al orden de la ideología de partido, y “democracia” al mecanismo de elección de los gobernantes (con lo cual, toda “socialdemocracia” deja de serlo en cuanto un partido de signo opuesto se hace con el poder). Sigo con este argumento comentando otro libro.





Friedrich Hayek - Camino de servidumbre


Por si alguien todavía no se ha enterado, Hayek es el ideólogo favorito de los economistas liberales. Niño prodigio de la escuela austríaca, pupilo aventajado de Menger (el economista que con más rigor ha desmontado las tesis de "El capital", según se dice) y padrino espiritual de Friedman y Greenspan, su radical individualismo representa una fórmula alternativa para la superación de los modelos estatalistas: según él, el campo donde se resuelven automáticamente los conflictos, desequilibrios y diferenciales de valor es en el mercado. En la literatura de Hayek (al menos en este su manifiesto ideológico, pues desconozco sus trabajos más técnicos) "el mercado" es modelizado como una entidad orgánica que tiende a equilibrar las balanzas que en él convergen, un sistema metaestable y autopoiético con tanta cintura, tanta capacidad de resolución de problemas, que hace de "lo político" un campo innecesario.

Las argumentaciones de Hayek en este superclásico "Camino de servidumbre" (un panfleto liberal con un punto kitsch, a la altura de los sermonacos de Ayn Raind) giran en torno a la idea de que el Hombre es ante todo un ser en libertad, lo que en su caso quiere decir exento de cualquier tipo de coacción gubernamental. Ni optimista ni pesimista respecto a la naturaleza humana, su tesis se sirve de conceptos científicos y económicos para defender un individualismo sin matices, puesto que según las tesis de su escuela, las fricciones que puedan aparecer entre esos hombres libres (emancipados) se resolverían gracias a la "mano invisible" de los mercados que había profetizado Adam Smith. Esta postura, demonizada y escandalizada por unos medios de comunicación siempre en simbiosis con los políticos, y que generalmente es descrita como "neoliberalismo capitalista", es en realidad mucho más left-friendly de lo que en principio pudiese parecer. Es más, es probable que los anarquistas de hoy en día necesiten echar mano de Hayek en mucha mayor medida de lo que puedan necesitar a Foucault: es en la escuela liberal austríaca donde se propone una arquitectura financiera y un organigrama económico para la sociedad en el que los estados ya no son necesarios.





¿ Bakunin & Kropotkin Vs Von Mises & Hayek ?



Curiosamente, la realización radical de la utopía liberal no conduciría a una tecnocracia, sino a una acracia en la que la “vanguardia" social sería el emprendedor, y donde no serían necesarios ni siquiera los bancos centrales: una de las premisas fundamentales del liberalismo radical es erradicar todo intervenionismo político sobre los mercados, incluyendo el monopolio de la producción y destrucción de dinero que hoy ostentan los estados. Evidentemente, resulta un tanto sospechoso que sean los financieros los que más alegremente han adoptado como "científica" la axiomática de Hayek, lo que ha derivado en ese "neoliberalismo" de Friedmann que tanto rédito ha proporcionado a los grandes capitalistas.



Sea como fuere, insisto en mi tesis central: lo que están en crisis son los estados, y la resolución de "la crisis" pasa necesariamente por una reformulación de la gobernanza (incluso, como horizonte, su desaparición) que a los políticos actuales no les hace ninguna gracia, porque es su campo (su forma de vida, su razón de ser) el que está en entredicho. Es curioso que el nuevo mantra estatalista sea el de la defensa retroactiva de ese "estado del bienestar" perdido para siempre, pero que sigue funcionando como señuelo para hacer que el populacho considere a los estados entidades amigas, paternales, protectoras y solidarias. Ello resulta un poco ridículo porque el llamado "estado del bienestar" no es una forma de estado, sino una de las fases por las que atraviesan todos los estados en períodos de endeudamiento (esto es aplicable a cualquier gran Estado de la historia). No habrá más estado del bienestar, y eso es lo que los políticos se resisten a reconocer: viven de que nosotros creamos que es posible una vuelta a los felices noughties. He ahí la trampa: si la casta se atreviese a reconocer definitivamente que esto no es una "crisis" pasajera sino la entrada en la nueva fase de los estados, ¿estaría la ciudadanía dispuesta a seguir alargando el chicle del Sistema tal y como lo conocemos? Personalmente tengo bastante claro que los Estados son instituciones obsoletas, corruptas, coercitivas, imperialistas, y lo que es peor, inoperante en su gestión de medios y fines. Esta postura, a ojos del sector más pequeñoburgués de los "indignados" que leen a Juan José Millás, supongo que me convierte en un "neoliberal", pero no creo que sea así: lo que comparto con los liberales auténticos son los enemigos comunes (los estados y los grandes grupos financieros, a los que ellos se oponen) y algunas de sus ideas sobre macroeconomía. Dicho en términos de Burbuja.info, creo que soy más de Luisito2 (lean lo que dice este señor, desde luego que merece la pena) que del mismísimo PPCC.



Seguramente no sea "liberal" en sentido estricto (pues considero que de algún modo hay que gestionar lo común en la era global) pero sí tengo claro que no soy en absoluto Socialdemócrata. He ahí mi gran problema con el 15M, que empezó como un movimiento plural pero que en sus sucesivos manifiestos han ido escorando sus reivindicaciones hacia la confianza en el estado paternalista. He ahí la gran esquizofrenia del movimiento: por una parte acusa a "los políticos" de ser en última instancia los que nos han llevado al hoyo (pues han sido ellos los que han puesto nuestros ahorros a los pies de los caballos capitalistas) pero por otro parecen confiar en un "retorno del estado Amigo" gracias a... ¿una nueva clase política? En ese particular, su postura es tremendamente ingenua, al promover además una estructura participativa y asamblearia que sólo sería operativa con la des-profesionalización de la política.





Ello me lleva de nuevo al libro de Weber, y su reconstrucción de la historia del político profesional, que puede ser interpretada desde la óptica del pragmatismo: la práctica del político (como la del médico, el arquitecto o el maestro) consiste en realizar una tarea que el ciudadano prefiere no hacer por sí mismo. Lo que hace cada votante es renunciar al derecho a gobernar, y confiar en alguien para que lleve a cabo dicha tarea en su lugar. Y es precisamente por ello por lo que no confío nada en el modelo asambleario como sistema de gobernanza con posibilidades a largo plazo: es demasiado exigente con el ciudadano, y poco placentero. La mayoría prefiere que alguien gobierne en su lugar, para ahorrarse el esfuerzo que exige estar al tanto de todo, y poder dedicar su tiempo a otras cosas. Es así de sencillo: la gente ya tiene suficiente con sus problemas como para además tener que preocuparse por gobernar. Lo que el ciudadano quiere no es política asamblearia (una práctica exigente, comprometida y sufrida) sino conseguir que lo político sea resuelto felizmente por otros. Esos "otros" hasta ahora han sido los políticos profesionales, pero estamos en el momento histórico en el que hay que discutir qué pasaría si se desmonta la máquina política, sus instituciones y potestades, y se repartiesen en el campo social. En tiempos como los que corren, en los que nadie tiene ideología, lo político seguramente ya no tenga sentido al carecer de su componente místico de cohesión de pueblos.Perdido su encantamiento, el político ya sólo puede jugar la baza de la gestión eficaz.



Dejo el post así, porque no tengo claro cómo evolucionarán los acontecimientos, pero una de las cosas buenas que pueden emerger de la "crisis" es la desaparición de los estados, y con ello la disolución del campo de lo político tal y como lo conocemos hoy en día: pseudodemocracias representativas basadas en la seducción emocional del votante. ¿Es eso posible? Pues claro que sí, el problema es que nadie sabe cómo hacerlo. La gente de nuestra generación nos sentimos emparedados entre dos enemigos ensimismados en su propia contienda como para preocuparse por nuestras necesidades: por un lado Estados corruptos y obsesionados con autoperpetuarse (que nos piden austeridad y recortes para salvaguardar el "estado del bienestar"), y por otro unos mercados de concentración de capital que nada tienen que ver con el mercado metaestable invocado por Hayek (y estos nos piden austeridad y recortes para protegernos de las ruinosas inversiones estatales). Ambas fuerzas están enfrentadas, y nosotros en medio ejerciendo de meros "daños colaterales", sin que ni siquiera la gente del 15m sepa dar cuenta del problema de fondo. Creo haberme "mojado" mucho con este post y es posible que pronto me desdiga completamente, pero con la que está cayendo, la incertidumbre y el contrasentido es el más significativo signo de los tiempos.



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7 comentarios:

  1. Otra vez más....
    ya van cinco victorias, tres empates y una derrota para el barsa

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  2. Buenas (y muchas gracias por mojarte…)

    Estoy completamente de acuerdo con tu análisis, y creo que la pregunta por el más/menos estado o más/menos “liberalismo” es uno de esos puntos clave donde se visualizan las contradicciones, para mí perfectamente razonables (porque también las ¿disfruto?), del 15M y tangentes.

    Con lo único que discrepo es precísamente con la manera en la que narras al 15M; creo que su valor no radica en la emergencia de un nuevo actor reconocible al que se le puedan pedir posicionamientos precisos en temas tan amplios como el más/menos estado…

    ¿Qué más da que sea una institución monstruo más, un simple momento de unión experimental entre indignados, uno más de la multitud de terceros en discordia que van haciendo pequeñas conquistas en los territorios (simbólicos y productivos) del binomio estado-mercado? Tampoco me parece poco, al menos si la alternativa es simplemente mirar para otro lado y madurar para pagar la hipoteca…

    Para mí, las asambleas, las acampadas, o las pequeñas y grandes acciones de resistencia que se suceden desde hace décadas son experimentos que, como mínimo, sirven para desmitificar las razones seductoras del estado y del mercado a los ojos de muchos (entre los que me incluyo); A la mayoría no nos da la mollera para pensar en relatos completos de la otra película, pero eso no convierte en inecesario que se vayan grabando secuencias inconexas que ya habrá tiempo de pensar en cómo recomponer...

    Por ahora, menos estado-mercado y más vacío (dentro/fuera y cerca/lejos de ellos para poder acoger tanto la huida como la estrategia de robar sus botines mientras mantenemos abierta la posibilidad de empezar de cero -o cien-).

    Abrazo!

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  3. jur jur jur

    http://imageshack.us/photo/my-images/18/35623147.jpg/

    -x-

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  4. Gracias por el aporte Iago!!! Perfectamente de acuerdo con lo que dices, excepto con eso de que "no nos da la mollera"... eso no me parece excusa, tampoco creo que los grandes poderes sean mentes privilegiadas. La verdad es que lo único que puedo echar en cara a "nuestra generación" (aunque yo ya soy un poco mayor) es la falta de ambición, esa renuncia a asumir que SOMOS LOS QUE TENEMOS QUE HACER LAS COSAS, con los errores que tengan que ser, cagándola y de todo, pero yo creo que por mal que lo hiciésemos siempre lo haríamos mejor que los actuales gobernantes de mierda.
    Lo de las asambleas y demás me parece perfecto, el problema es que parece que hubiese en ellas una vocación simplemente ilustrativa, como si su única voluntad fuese "sembrar pequeñas semillas", cuando lo que hay que hacer es una TALA MASIVA de capitalistas cuatreros... Deberíamos ser todos más ambiciosos y empezar a montar cosas mucho más gordas. Por lo pronto, ya se habla de que son dos las generaciones perdidas porque deberán pagar las deudas contraídas por los que ahora tienen 55-65 años; ante este panorama, todos los precarios del mundo deberíamos unirnos y TOMAR LA BASTILLA, sin medias tintas. Bueno en fín, seguiremos hablando de esto, gracias por el aporte meu!!!

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  5. A ver se percebi bem? Então o 15m é ingénuo por crer na possibilidade de uma nova classe política, mas a existência de um mercado meta-estável de mão invisível nunca visto não é uma ingenuidade. Cousas veredes...

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  6. "crer na possibilidade de uma nova classe política": la ingenuidad, en mi opinión, es creer que una nueva clase política pueda oger el timón sin una reforulación radical de las instituciones políticas. En muchos temas, el 15m ataca a los gestores concretos (a los "políticos corruptos" la casta y demás) Y NO A LA ESTRUCTURA POLÍTICA, y es ahí donde no estoy para nada de acuerdo.
    Esta crisis IMHO es UNA CRISIS DE ESTADO, lo que hay que repensar es el estado, esa es la tesis de mi texto. Ahora bien, ¿eso significa la muerte de "lo político"? Pues tal y como lo entiendo yo, sí, es "La muerte de lo político TAL Y COMO LO CONOCEMOS". Político es todo, la vida es una instancia política al 100%, pero el tipo de cuestiones políticas que ataca el 15 M pertenecen al ámbito de lo que hoy en día es competencia de LAS INSTITUCIONES POLÍTICAS, DE LA PRÁCTICA POLÍTICA PROFESIONAL, que es lo que IMHO ha sido el gran desastre al que estamos asistiendo. Es una crisis de "lo político tal y como lo conocemos".

    No defiendo un mercado libre si ese mercado es similar al actual: defiendo una ECONOMÍA PRODUCTIVA en la que NO SEA POSIBLE LA ACUMULACIÓN DE CAPITAL, EN EL QUE NO EL DINERO SE CONSUMA (se destruya) CADA VEZ QUE SE UTILIZA. Defiendo un sistema financiero sin bancos centrales en los que yo por ejemplo me pueda imprimir en casa el dinero que me apetezca. Son mecanismos difíciles de explicar pero es una pena que no entren en los debates de la nueva izquierda. El problema no es Zapatero, ni Rajoy, ni nada de eso, ellos son unos monguis inoperantes, de no haber sido ellos hubiesen sido otros, es EL SISTEMA lo que hay que reformular, es LO POLÍTICO de los pies a la cabeza lo que hay que actualizar.

    Evidentemente ESTOY EN EL MISMO BANDO QUE EL 15M, pero no creo que la solución a lo que sucede sea (como parece implícito en su manifiesto) la socialdemocracia, un mero "Ejercicio moral" en el marco de las instituciones que tenemos. Nuestras instituciones ya no sirven pra gestionar lo común y hay que replanteárselo, lo que no vaya hasta el fondo de la cuestión no me interesa, lo siento, me parecen trapos calientes y perder el tiempo. Hy que cambiar las cosas y

    HABRÍA QUE HACERLO AHORA,
    HABRÍA QUE HACERLO A FONDO
    y
    TENDRÍAMOS QUE HACERLO NOSOTROS,

    eso es lo que opino. Mal vamos si por el hecho de plantear estos temas ya se me lee como a un "Liberal capitalista", con todos los respetos esa es una lectura un poco ignorante, parece que lo que la gente sabe del liberalismo sea la versión demoníaca promovida por El País y demás (los medios apesebrados de los políticos echan pestes de los liberales), A MÍ LO QUE ME INTERESA DEL LIBERALISMO SON SUS IDEAS PARA LA GESTIÓN ECONÓMICA DE UN MUNDO SIN ESTADOS, porque mi rollo va mucho hacia la acracia. Saludos y gracias por interbenir, espero haber aclarado un poco mi postura.

    Recomiendo a muchos que se informe sobre liberalismo de izquierdas, anarquismo,mutualismo etc.

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  7. Muito obrigado pela resposta. Concordo em grande medida com a sua postura, vou tentar respostar brevemente.

    A ingenuidade e infantilismo do 15m, acho que está fora de causa. A questão é que o senhor quer um novo sistema, com redefinição do político, do económico e nomeadamente sem estado; mas na minha opinião o mutualismo ou o anarco-capitalismo (ou até o liberalismo) são religiões às que se acede com fé (nunca se "organizaram" grandes comunidades com esses "sistemas") e crendo no deus mercado.

    A estas alturas, acho que já abondou de cristianismos para agora estar a viver o mercatismo; eu quero provas de que sistemas baseados no mercado e sem estado não são corporatocracias bem piores que os estados pseudo-democráticos e repressores que propõe a socialdemocracia.

    Obrigado pelo debate e o seu blogue que leio com interesse.

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