domingo, 11 de diciembre de 2011

Geometría, o el misterio de la carne






Suzanne K. Langer Philosophy in a new Key


Hace unas semanas me compré en un rastrillo este "Philosophy in a new key" en inglés, sin tener ningún tipo de referencia sobre su contenido o su autora, confiando a ciegas en el prometedor subtítulo del volumen:


"a study in the symbolism of reason, rite and art".

No esperaba un texto especialmente interesante (edición en paperback como parte de una coleción divulgativa generalista, diseño un poco kitsch, autora semidesconocida en Europa...) y si me decidí a leerlo fue únicamente como parte de mis esfuerzos por aprende inglés y, por supuesto, por lo asequible del volumen: un eurillo de nada, cuando este tipo de material suele ser carísimo en las tiendas marymodernas. A veces uno se encuentra libros mucho más interesantes en los estantes más polvorientos de los chambos de barrio que en las librerías de diseño de la zona noble de la ciudad.

Para mi agradable sorpresa, su lectura me ha resultado fascinante, todo un descubrimiento inesperado en lo que es probablemente uno de los textos de estética más memorables que me he topado nunca, induciéndome a interesarme por una autora que desde ya se encuentra entre mis pensadores de referencia. En un terreno como el suyo (el de la semiótica derivada de Peirce, siempre flirteando con la metafísica) es todo un placer encontrarse con obras tan sencillas, ilustrativas, directas y accesibles como esta, que prescinde de los oscurantismos técnicos habituales en los profesionales de este palo, sin por ello renunciar a la profundidad de discurso. Se trata de un libro aparentemente menor, poco ambicioso, saludablemente "de serie B", prerrogativa que le permite una frescura discursiva que suele estar vetada en textos más prestigiosos e historiados. A nivel literario, "Philosophy in a new key", tan humilde y legible, se merece un diez, e incluso lo recomendaría a todo aquel que sienta curiosidad por la problemática del signo y busque un libro con el que empezar a estudiar el tema: durante los primeros capítulos la autora hace un breve recordatorio introductivo a los semiólogos en los que cimenta su discurso, y poco a poco va desgranando su propia aproximación al tema de estudio, que pese a lo ya añejo de su redacción (primera edición de 1948, y la que yo manejo es de 1959) mantiene una frescura y una vigencia asombrosas, hasta el punto de que su perspectiva es perfectamente compatible con el tipo de especulaciones semióticas propias de la filosofía continental de los años 60 y 70. Sus páginas respiran una atmósfera de pacífica sensatez (la forma de cordura típica de la condición femenina, y perdón por el cliché sexista) que suavizan la apariencia de un discurso que se presenta ligero pero que, leído en profundidad, dispara con artillería pesada.




Americana de ascendencia teutona, Suzanne Langer se mueve en el terreno filosófico por el que sin duda me siento más interesado: la interzona en la que conviven forma y emoción, conforme a una lógica ferreamente razonada que tiene como fundamento la metafísica de Whitehead y como antepasados ilustres a los clásicos del empirismo y pragmatismo anglosajón (Peirce, Dewey y James aparecen profusamente referenciados como árbol genealógico de su sistema). Partiendo de la voluntad, típica de su época, de liberar los estudios mitológicos y simbólicos del pesado lastre místico y trascendentalista, esta process philosophy intenta reconducirlos hacia un materialismo que se quiere rigurosamente científico y compatible con los que por entonces eran los grandes totems de los humanismos ateos: Darwin, Freud y Wittgenstein, cuya huella será omnipresente (si bien de un modo crítico) en toda la obra de Langer. Y será precisamente de las fragilidades de esos tres pensadores de donde nazcan los mayores errores del trabajo de esta autora. Todo su discurso será una determinada puesta en función de la Santísima Trinidad moderna formada por Cuerpo (conceptualizado conforme a Darwin), Sujeto (siguiendo la idea de Freud) y Lenguaje (según la acepción wittgensteiniana), de los que obtendrá un sistema que será indirecta e inconscientemente corregido y aumentado por la generación subsiguiente: su concepto del mito es tan compatible con Jung como con Barthes, y de hecho la semiótica de este "Philosophy in a new key" puede ser leída como prima hermana de la de Guattari. O quizás me estoy pasando de revoluciones.
Sin embargo, y pese a lo sistemático y fundamentado de sus deducciones sobre rito y mito, no serán estos los conceptos IMHO más sobresalientes del libro: sociólogos, popólogos y scholars de los estudios culturales seguramente encontrarán mil problemas en el trabajo de Langer a este respecto, pues insisto en que sus deudas con Freud, Darwin y Wittgenstein (tan superados hoy en día) penalizan una mitología de las mitologías quizás arcaica.



El punto de partida es, como ya he dicho, el de armonizar las teorías de la significación con el materialismo científico, desafío que impone sistematizar el campo de los fenómenos semióticos como inmanencia, cuya condición de posibilidad ha de ser históricamente producida. Es decir: si el principio diacrónico del mundo es su sustancialidad, si la existencia precede a la esencia, si en el principio había únicamente cuerpos inconscientes, ¿cómo emergen los significados? ¿cuál es la trabazón entre materia como receptáculo vacío, y significado como plenitud del ser? Suena farragoso, pero en realidad la cuestión se reduce a deducir cómo narices puede haber significados en un universo que es mayormente basura espacial flotando en la nada. Esa es de siempre la gran pregunta de la filosofía, que Langer responderá sirviéndose de la metafísica de Whitehead y deduciendo de ella una potente teoría materialista de la mente, antesala impresindible para explicar los signos y los símbolos y, desde ahí, desplegar un aparato analítico robusto capaz de dar cuenta de las complejidades del orden social que, a la manera posmoderna, ya no puede ser pensado más que a través de las fantasmagorías que le sirven de argamasa.
Langer distinguirá dos tipos de signos: los lingüísticos, en los que la relación entre significado y significante es fija y (más o menos) estática, susceptible de ser legislada por un diccionario y una gramática... y por otro lado, un tipo de signos mucho más ambiguos y dependientes del contexto, como serán las obras de arte y, muy especialmente, la música, cuya capacidad de afección y significación (nomádica, inestable, contingente, indefinible y subjetiva) pareciese resistirse a los rigorismos metodológicos de toda explicación racional. Serán los capítulos dedicados a la problemática de lo musical donde más brille la perspicacia de Langer, y aquellos de los que los arquitectos podemos obtener reflexiones más productivas: a fín de cuentas, nuestro trabajo consiste en manejar geometrías, cuyos niveles significativos y afectivos acostumbramos a alienar referenciándolos a cuestiones culturales: ¿que hay de lo formal en sí? Las reflexiones de la autora en esa dirección son tremendamente sugerentes, navegando con pulso firme y espíritu temerario en unas aguas (las del océano en el que colapsan cuerpo e idea, discurso y figura) sólo aptas para los semiólogos más arriesgados: la conciliación de forma y sustancia ha sido históricamente el gran desafío de la filosofía occidental, escindida penosamente desde su amanecer entre los materialistas y los idealistas, siendo quizás las semiología uno de los campos donde se puede firmar definitivamente el armisticio entre ambos bandos.



La tesis de Langer se adscribe sin rubor a favor de los materialistos de ascendencia anglo (pragmatismo y empirismo), conforme a unos presupuestos relativamente laxos que le permiten, por ejemplo, defender dogmáticamente el papel de la metafísica como la tarea propia de la filosofía. De esta manera, buscando siempre el rigor propio de la ciencia, y haciendo uso desacomplejado de métodos más propios de los positivistas lógicos, consigue reducir su semiótica a una función del cuerpo: lo más potente del libro será su resolución de lo estético como lo propio de la interacción entre cognición y realidad, en un bello modelo según el cual la forma (lo geométrico), antes que simbólica, ha de ser afectiva. Es decir, el misterioso "placer de la música" (que viene a ser muy similar al que proporciona, por ejemplo, la fachada de una catedral gótica) es en realidad el acomodo de nuestros aparatos perteptivos (en este caso, el oído) a determinadas frecuencias y vibraciones, de tal modo que el orden geométrico será en realidad un efecto de confort neuronal; carnal, o lo que es lo mismo, sensual. A partir de ese placer del significante como estímulo corporal, casi zoológico, los procesos de significación se pueden explicar como la asociación de cada estímulo a un determinado régimen de acontecimientos, de tal manera que el input sensorial deviene signo. Un proceso que tiene lugar por insistencia (la significación se produce por familiaridad, es decir, como juego memorístico que identidica la repetición en la pura diferencia) y que, empezando como digo a nivel fisiológico, llega a componer todo un sistema inmanente del que surgirá la posibilidad misma de lo social, que desde la fenomenología de Levinas no puede ser sino trascendencia, otredad. De este modo, y como en el caso de Schiller o Deleuze, para Langer lo estético será el cimiento de todo lo político y lo moral en virtud de su anterioridad a todo logos: es en lo estético, y más específicamente en el arte, donde se construye lo real como pacto social. Una concepción de la estética como la práctica animal (corporal, sintiente) que moldea el ser indiferenciado en figura pensable, la operación que dota de forma a la sustancia, un proceso del que emergerán las complejas arquitecturas de símbolos, mitos y rituales como condición de posibilidad de la convivencia como acto necesariamente comunicativo. Una tesis perfectamente compatible con la de los neurobiólogos de última generación, pero desplegada desde un humanismo que, de nuevo, evidencia la necesidad de un marco conceptual racional (y metafísico, IMHO) desde el que proponer cualquier sistema científico.

Soy consciente de que el libro es difícil de conseguir, pero los curiosos en el trabajo de Langer (respetadísima en territorio anglo pero desconocida en nuestro país) pueden encontrar en internet mucho material de introducción a sus teorías. En esta página encontraréis un montón de material escrito por ella junto a estudios ajenos sobre su trabajo: hay textos sobresalientes sobre urbanismo y diseño junto a sesudas especulaciones metafísicas y propuestas políticas, en las que Langer profundiza en su visión casi mística de la semiótica, en base a una sorprendente valoración de lo simbólico como la única capacidad que nos singulariza de entre el reino animal y nos convierte, quizás a modo de artificio, en humanos.

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