miércoles, 20 de julio de 2011

Gestualidad

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La Revolución Sensual
Semiótica de la sensación




La gestualidad es probablemente el lenguaje primigenio, aquel sin el cual no hubiesen podido darse las sociedades humanas. La primera muestra que tiene el niño de que el mundo es un lugar del que puede obtener información, es cuando comienza a identificar y decodificar los gestos de las personas que le rodean: una sonrisa, una caricia, sus propias lágrimas, son la puerta de entrada al universo semiótico. La comunicación no verbal es un espectro de afecciones sensitivas (olores, sabores, colores, movimientos) que permiten al sujeto intuír las potencias del objeto que se le presenta, pero incluso el sujeto mismo se constituye a través de la solidificación de determinados mecanismos semióticos: la distribución de un campo de significados sobre la realidad inmanente, que pasa así a ser un campo de significantes. El tránsito de la sensación al concepto, tiene lugar a través de la afección pura, el signo.
Cuando leí a Lacan, sin comprenderlo en toda su amplitud, me produjo la intuición de que para él la consciencia humana es un extraño efecto colateral del habla, que para él es una instancia prepersonal. Si el idioma fuese un océano, pareciese que para Lacan el sujeto fuese una ola en su superficie: la sustancia del humano (no de lo humano, sino de cada uno de los humanos individuales) es el lenguaje, el orador no es más que un pliegue de las palabras, una sinfonía dinámica de significados, esculpida a base de signos taquigráficos. El límite de lo pensable sería para él el significante. Si soy, es como ser simbólicamente producido. Mi subjetividad no es más que la sombra de las palabras que digo, o más bien: son las palabras las que me dicen a mí.
Mucho más sugerente resulta el planteamiento de Guattari, que amplía la idea de Lacan hasta hacer de lo simbólico prácticamente una ontología: el mundo entero es para él una enorme máquina de intercambio de signos. La orquídea le dice a la avispa "polinízame" , mediante sus colores; las montañas hablan a los pájaros con sus pliegues topográficos, las nubes hablan al girasol, el girasol a la araña, la araña al colibrí, el colibrí al águila... La realidad planteada como una gigantesca conversación entre piedras, asteroides, garrapatas y rayos alfa. Estar en la realidad es responder a sus signos, sentirlos y producirlos. Inventarlos y padecerlos, y dejarnos inventar por ellos. Deleuze plantea: los signos son afecciones, lo visible lo es en función de deseo y potencia. El signo es el idioma invisible del pathos, que le antecede y sustenta.
Los signos son los gestos del mundo. Todo lo simbólico puede ser reducido a la inmanencia de una gestualidad. Gestos de las flores, gestos del sol, gestos de cuerpos en movimiento, y pieles que hablan de placer.

He conocido a tres o cuatro esquizofrénicos a lo largo de mi vida. Puntualizo: tres o cuatro "esquizofrénicos diagnosticados", identificados y esencializados como tal por la sociedad y su aparato médico... La esquizofrenia nos es constitutiva como seres pensantes. El delirio esquizo es la base fundacional y fundamental de la gestualidad y la comunicación; la esquizofrenia, una enfermedad semiótica, propia del que lee la sensualidad del mundo en un idioma diferente al nuestro.

Ellos ven signos donde nosotros no los vemos. Alguien mueve la mano. "Me ha hecho un gesto". ¿Te ha hecho un gesto? NO te ha hecho un gesto. El esquizo cree que el mundo, constantemente, le hace gestos secretos. Nadie puede decir que se equivocan: lo que diferencia el gesto comunicativo del mero movimiento corporal insignificante, es la paranoia delirante del observador. Guiñar un ojo, ¿es un gesto? Sólo si el observador así lo considera. No hay más gestos que los que los que uno quiera ver. El esquizo ve gestualidades mundanas por todas partes, es una forma de hipersensibilidad semiótica delirante. De ahí su torrencial caudal artístico, su visión poética de un cosmos que, a sus ojos, está lleno de significados, a una realidad en la que el movimiento es lo opuesto al silencio.
La mísitca católica es la esquizofrenia delirante del que cree que todo movimiento es un signo: esconde oscuros y secretos mensajes de Dios. La gestualidad es siempre enigmática; el signo silencioso es una cuestión para la que el gay desarrolla una gran sensibilidad: identifica a sus semejantes buscando señales, miradas, gestos sutiles, enunciados mudos. El teatro siempre ha sido la ciencia de los gestos, y el actor (atención a la palabra: el intérprete) su chamán.

Regalar flores, esa tontería, es un signo, es un gesto. Su significado está pactado, forma parte del lenguaje de las ofrendas. Alguien me ragala flores, me emociono: no es el gesto en sí, sino lo que hay detrás. Alguien se lleva la mano a la boca, ¿qué hay detrás? Nos han enseñado a pensar que el valor del gesto está detrás de él, eclipsado, no en su superficie. Pero los gestos son siempre dinámicas del cuerpo, en sí asignificativas, pero investidas por la magia del lenguaje que los convierte en información afectiva, siendo en origen afecto puro. Los signos son sensuales en cuanto inmanentes: no requieren significados para cumplir su trabajo (afectar). Creo, con Guattari, que los gestos no son formas de significación, sino de afección. Dicho en lenguake de Charles Sanders Peirce: el signo gestual quizás sea un símbolo, pero... ¿y si en realidad es un índice? El símbolo es trascendental, el índice es inmanente.

¿
Qué ocurre cuando valoramos todos los signos
como índices
y no como símbolos
?
La revolución sensual.




El gesto no es entonces un mensaje significativo, sino una pasión, una pulsación (afección) en el campo del deseo. Ver un signo depende de nuestra voluntad de verlo: un gesto es algo más que un mero movimiento si así lo consideramos, de un modo prepersonal; si nos dejamos afectar por él. Todo son índices, es el cuerpo el que construye los idiomas, sin más sentido que la voluntad de placer; alguien se atusa el pelo, ¿me ha hecho un gesto? ¿qué quiere decir? ¿qué significa? ¿qué quiero entender?
El amor es la sublimación de los gestos interpersonales, siempre sensuales, siempre afecciones. Desconcierta su vacío de significado simbólico, su ambiguedad moral: nunca nadie sabe del amor del otro, más que por sus gestos. El paranoico ve en los signos de amor símbolos que ha de descifrar; señales de humo, códigos secretos. Muchos ven mentira donde, en realidad, nadie ha dicho nada. La paranoia extrema es la hiperproducción de significados, por todas partes, cosas que significan otras cosas, cosas que pierden su sensualidad. Pero el gesto, insisto, puede ser un índice, un índice sensual, prepoético, previo al entendimiento, no un eclipse sino un astro en plenitud. La gestualidad-en-sí, mística plena de los cuerpos en movimiento, asignificativamente, pero afectándose.


Las señales de humo nunca mienten cuando dicen: hay un fuego.




Well you've got a really long name
It won't fit on any forms
You gave me all your mirrors and they made me deformed

You're sending smoke signals
I know your secret code

We travel in the plaid van and we give our puppet show
and we picnic in the winter on maple syrup and snow

You're sending smoke signals
I know your secret code

Well, you made a Molotov cocktail, and you threw it on the ground,
and it sent us flying, and now we're flying about

You're sending smoke signals
I know your secret code

Apunte: los videos (que por cierto son de los primeros que hago con un mínimo hilo narrativo) los he hecho con imágenes de una película muy bizarra llamada "Psyche 59" que se encuentra completa en youtube. Es aparentemente un film friki, típico pulp noir de los años 60, a priori muy perralleiro, pero está filmada con una fotografía exquisita y muchísimo gusto. El director representa constantemente gestos muy sutiles de los protagonistas: qué miran, qué hacen con las manos, qué insinúan. Consigue una atmósfera muy densa y sugerente, secretos que esconden secretos, pese al evidente tufo psicoanalítico que la envejece un poco. Una joya de película, que descubrí por azar, y que tiene algunos toques muy, muy brillantes, sin resultar nada pedante, y siendo un producto 100% pop.

5 comentarios:

  1. Ok, pero tal vez haya que hacerle caso -aunque sea un poquito- a Foucault, cuando dice que uno sólo puede ocuparse de uno mismo -el cuidado de sí-. Lo que no significa que los demás nos importan un pimiento; al contrario, yo lo veo como que son los demás los que nos dan la existencia, la libertad y la vida, y que por eso podemos quedar atrapados en la vida, la libertad y la existencia de los demás. Entiendo que simplemente siendo conscientes de que somos nosotros los que damos existencia -determinado tipo de existencia- a los demás, así recibimos esos signos reflejados. Aunque no tengo ni remota idea de como se llegan a automatizar y a reproducir. Supongo que para eso sirve lo estético-sígnico.

    Los vídeos me los llevo a casa para merendar junto con otros tipo de signos vitamínicos, proteínicos y carbohidráticos :-)

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  2. Sólo un apunte: no he leído el cuidado de sí, pero en principio me parece un error de Foucault la distribución entre "yo" y "los demás" como dos entidades binarias, separadas. Incluso "yo" y "nosotros" es una separación innecesaria.
    Me parece muy interesante tratar los asuntos interpersonales no como una "máquina binaria" (individuo / colectividad como entidades absolutas) sino como un campo contínuo, no necesariamente diferencial: entre "yo" y "nosotros" o "ellos" hay niveles intermedios, lo interpersonal es un campo, el hecho de diferenciar lo individual de lo colectivo es una idea que hay que superar. Bueno no sé si este comentario viene mucho a cuento, pero se me ha venido a la mente en este momento.

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  3. Lo que dices para mí es ¡sorprendente! Así que tendré que pensar eso a través de un post -no es para menos, creo-.

    Al margen de lo anterior, tus nuevas producciones visuales me parecen muy sugerentes -hay trozos preciosos y muy inquietantes-.

    Ah! y para mí, el primero que te conozco con hilo narrativo es de los que más me gusta -no se si es la música, tu síntesis visual, o incluso el título: "syntax error".

    Por si alguien no lo recuerda, es éste:

    http://www.youtube.com/watch?v=obstAFGACxg

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  4. me da pena ese video porque me gusta la idea pero le metí un filtro que no venía a cuento y quedó muy cutre, sería muy fácil darle un toque y que quedase mejor, pero retomar cosas ya hechas me da una pereza horrible (por eso mi problema con la tesis: lo tengo en la cabeza, y ponerme a redactarlo me da un tedio horrible, porque creo que no me aporta nada). ¡¡¡necesito una medicina anti-vagancia!!!

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  5. Si te refieres al filtro verdoso, para mí es lo que le da todo el carisma inaprensible que tiene. Parece mentira que no puedas aplicarte tu propia medicina, y que además la tengas en tu cocina -tu cabeza- ¡qué cosas pasan!

    ¿No eras tú el que dices que no elaboras demasiado las cosas para que una vez hechas cada uno extraiga lo que le de la gana, quiera o necesite extraer?

    Comprendo que así es el arte y que lo académico es otra cosa. Pero tal vez te hayas habituado demasiado al formato blog.

    Sugerencia de presentación: hazlo como un post gigantesco y luego quita la mitad. Enseña las dos versiones a un par de académicos y que elijan el que más les guste para que te den "los cromos" y puedas rellenar "el album" académico de una vez -aunque conociéndote un poco seguro que te piden que quites algo más :-) O tal vez no; que me han dicho que cada vez hay mas frikies sueltos por todas las unix.

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