lunes, 14 de marzo de 2011

Observer 25 #18: Vsevolod Meyerhold




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La cultura teatral y cinematográfica española parece más propia de una república bananera excolonial, que de la gigantesca potencia creativa que llegó a ser este país en tiempos menos sombríos. Resulta desconcertante que el mismo territorio que produjo algunas de las más importantes obras artísticas de la historia, haya degenerado tan monstruosamente su capacidad crítica, hasta el punto de que las artes escénicas de nuestro país se encuentran entre las más bochornosas de Europa.
El problema no es si De la Iglesia o Bigas Luna preside la academia, o si la Sinde opta por medidas criptofascistas para salvaguardar las servidumbres a la Casta, o si Torrente vende más entradas que Julio Medem: la cuestión de fondo es que aquí no hay el más mínimo sentido de la creatividad o la vanguardia, la ignominia cultural llega a sonrojar casi tanto como los patéticos lloriqueos de una casta acostumbrada al pesebre de una financiación pública que durante años ha dilapidado ingentes cantidades de capital en costear obras ridículas, patéticas, estúpidas, innecesarias, horteras, vulgares, progres. Obras que nadie ha visto (o dicho en lenguaje PRISA, "de breve recorrido comercial") y que sólo los críticos menos afortunados (y más condicionado$) son capaces de aplaudir.
Este es uno de los pocos debates en los que tengo clara mi postura: la industria escénica española tal y como la conocemos hoy en día, debería autofinanciarse o desaparecer. Ya está bien que las instituciones sigan dando carta blanca a memos como Borau, Bollaín, Pons, Gai, Coixet, Aranoa y compañía, habida cuenta de que la verdadera "élite cultural" del ramo (la que sí legitimaría una financiación pública) tiene vetada la entrada en el selecto círculo de la nomenklatura socialdemócrata hispanistaní. Muchos amigos me llaman facha cuando hablo de estos temas. No soy facha: simplemente me he tomado la molestia de informarme, de intentar conocer quiénes están de verdad haciendo vanguardia, quién tiene ideas importantes, o dónde están las formas de creación estética que, de pura radicalidad, son marginadas por un erario público que prefiere que su aristocracia cultural se parezca más a los gafapastas de anuncio de Ikea, que al verdadero librepensador. El Ministerio de cultura español es una fantasmagoría decrépita a la que no le debemos absolutamente nada.
Y ojo, mi argumentación sobre este particular ni siquiera necesita el fácil recurso a la demoníaca SGAE, institución cuyas pérfidas maneras son tan descaradamente abyectas que denunciarlas llega a parecer demagógico. Simplemente, apelo en esta época de crisis a lo de "renovarse o morir": o nuestra industria cultural (dos términos que no tienen por qué ser un contrasentido) apoya iniciativas a la altura de los tiempos, o que se desmonte su chiringuito.
¿Qué sabe el ciudadano a pie de calle sobre el teatro o la danza españolas? ¿Qué le llega a través de los medios, qué obras son mencionadas en los telediarios, qué videos se les enseña a los niños? Pues piezas y creadores completamente absurdos y vacuos: Nacho Duato, Víctor Ullate, Joaquín Cortés o Rafael Amargo en el caso de la danza; y comedias musicales a lo "Hoy no me puedo levantar", comedieta vodevilesca a lo Lina Morgan, buenrollismo Nunca Máis a lo Animalario, o progresía cursi a lo Marsillach / Gimpera / Gala para los lectores del EPS. El panorama es desolador. De vez en cuando se producen milagros escénicos como aquellos La Fura dels Baus de cuando Suz o Suz... pero incluso ellos sucumbieron al ensimismamiento en cuanto el dinero público se entrometió en sus creaciones (aunque Marcel.lí Antúnez quizás depare alguna sopresa agradable en el futuro: se trata de un personaje mucho más potente que la camarilla del diseñito catalán que se arrimó a la última época de su otrora troglodita compañía).
Por supuesto, no falta talento: hay compañías muy interesantes y a la altura de cualquier otro país del mundo... pero están condenadas a vivir en la marginalidad, el ostracismo y la autofinanciación. Con el dinero que el estado dedica a financiar cualquier penosa peliculilla de Garci, se podrían mantener durante meses algunas de las mentes pensantes más prometedoras de este país. En una ciudad como Coruña (toda Galicia, en realidad) ir al teatro supone asistir a penosas represnetaciones de moda, protagonizadas por starlettes de la tele, y planteadas desde un conservadurismo tan agañanado que, en el mejor de los casos, resultan simplemente innecesarias. En la mayoría de las ocasiones, lo que resultan es insultantes.







Me salgo del hilo: todo este sermón no viene mucho a cuento. Empecé este post con la intención de hablar de uno de los grandes genios escénicos del siglo XX, una figura de lo más desconocida en nuestro país, que sin embargo está considerado uno de los grandes fundadores de la modernidad en la danza y el teatro, disciplinas que gracias a gente como él tuvieron su particular revolución cuántica durante las vanguardias históricas, por mucho que muchos sigan pensando que "baile" son efebos en mallas marcando paquete y dando brincos a ritmo de Wagner, o nínfulas brutalizadas haciendo cucamonas en tutú. La danza contemporánea (la frontera con el teatro se ha diluído: llamemos a este espacio fronterizo escenografías del cuerpo) no tiene nada que ver con ese cliché chanante: se trata de un campo de expresión muy denso, radical, oscuro, valiente, dramático, y sin duda a la altura de los tiempos. Es una pena que en la universidad nadie nos haya contado nada sobre los prodigiosos aportes culturales de la danza del siglo pasado, equiparables en importancia a los de la poesía, la arquitectura o la música de cámara, y en ese sentido Meyerhold es uno de los más ilustres revolucionarios.
Para que nos hagamos una idea de quién es este señor, basta decir que viene a ser algo así como el Artaud del constructivismo: el eremita nietzscheano que reterritorializa el cuerpo en la escena a través de la noción de lo "biomecánico", planteando el ejercicio de la representación física desde la corporalidad inmanente de los bailarines, y buscando la anulación de la fantasmagoría del espacio ficticio trascendente y sincrónico sobre el que se sustentaba el teatro y la danza clásicas. Es decir, la misma disolución de la metafísica en el vacío del cuerpo que por esa época inquietaba a los filósofos alemanes, y que en elmarco de la revolución soviética tomó vida con la mediación de la pasión por lo maquínico constitutiva al constructivismo ruso. En ese sentido, el aporte de Meyerhold a la creación escénica parace ir en sintonía con el trabajo de Melnikov y Leonidov en arquitectura, Mukarovsky en semiótica, o Malevich y Lissitzky en pintura: en el caso de Meyerhold, toda la poética abstracta de la máquina se fusiona con la presencia del cuerpo como sujeto, objeto e instrumento.






Las ideas de un cursi como Oskar Schlemmer parecen extravagancias frikis si las comparamos con la tremenda profundidad de los aportes de Meyerhold: mientras en la Bauhaus se conformaban con sus delirantes coreografías y vestuarios robóticos, Meyerhold se preocupaba por la reinvención del espacio escénico, que en la senda de Brecht dejaba de ser una alegoría representativa de otro lugar, para afirmar su presencia actual, su carácter de distribuidor de relaciones físicas reales "aquí y ahora", para lo cual era necesario relativizar muy mucho el papel preponderante del texto como hilo conductor, que pasaba a un segundo plano frente a la importancia de la relación espontánea entre actor y espectador. Algo así como la búsqueda del desvelamiento de la condición ficticia de lo representado, dando lugar a la emersión de un acontecimiento teatral mucho más cercano a la idea de lo que hoy entendemos por "happening". Esta actitud, claro, parece heredera de las teorías estéticas del realismo marxista, pero Meyerhold irá más allá de las groseras y ramplonas deducciones de los materialistas radicales, mediante la apelación al cuerpo como protagonista absoluto, como ente pasivo y activo, depositario de una especie de mística de la autoconstrucción a través del gesto puro.
Para Meyerhold, el gesto antecede a la emoción. Este principio, que luego será crucial en el trabajo de Grotowski o Stanislavski, parecería propio de un lector de Deleuze... de no ser porque Meyerhold es varias décadas anterior al primer libro del francés: he intentado encontrar alguna referencia a Meyerhold en la bibliografía deleuziana, pero no he encontrado nada, lo cual sorprende dado la pasión que el francés sentía por la obra de Artaud, muy cercana a la del rusky que nos ocupa.



Pero ese desconocimiento de la obra de Meyerhold es fácilmente comprensible: la mayor parte de su trabajo permaneció oculto en oscuros archivos de la URSS hasta la caída del muro. Este hombre fue toda su vida un proscrito, de hecho fue asesinado por el régimen estalinista, pero sus alumnos continuaron su trabajo a través de compañías teatrales secretas y alejadas de la órbita del poder estatal soviético, que veía en su modus operandi toda una amenaza a su revolución (que por entonces ya se había transformado en un régimen del terror).
No me extenderé más. Es una pena que los arquitectos estemos tan poco informados sobre algo tan importante como el papel del cuerpo en las expresiones artísticas contemporáneas. El trabajo de Meyerhold (en la frontera entre danza, teatro, arquitectura, psicoanálisis, fiesta y liturgia) es toda una inspiración para la expresión posmoderna, la representación on stage de esa mecanosfera que trasciende las subjetividades a través de la fisicidad del cuerpo, y que servirá de sujeto revolucionario del espacio escénico del que luego tomarían buena cuenta los Fluxus y compañía.
Los arquitectos, por supuesto, seguimos sin enterarnos. Alejando de la Sota nunca hubiese prestado atención al trabajo profundo, espiritual y liberador de Meyerhold, y toda la herencia carnal de su teatro constructivista. Toda una inspiración para nuestra poética contemporánea del tiempo, cuerpo, movimiento.

6 comentarios:

  1. Muy chulo el post.
    Me he encontrado de casualidad esta serie/docu inglesa, How TV Ruined Your Life, absolutamente genial y demoledora, este capitulo me parece el mejor:

    http://www.youtube.com/watch?v=CP6L5S14ygY

    Echad un vistazo, que mola.

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  2. Pues mi cultura es "básica-mente" televisiva -nunca hice mucho caso a los "maestros" y siempre sigo los consejos publicitarios a mi manera-; estoy contento y no me siento ni "apocalptípico" ni "integradado".

    Lo del post, pues sí, es alucinante -aunque "normal"- que en este país lleguemos tarde, mal y a veces nunca, al nivel cultural "extranjero". Pero soy optimista porque la danza y las artes escénicas se están volviendo más necesarias que comer, así que bienvenidos los "maestros ignorantes" y tu post, claro.

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  3. Como todo Mr. Arte, no cuenta una verdad 100% irrefutable pero sí que pone en evidencia una parte de ella y no deja de ser una propuesta bastante atrevida para que la financie la BBC (algunos episodios son de humor muy gore). Vamos que no me imagino algo del estilo en la 2.

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  4. Qué fuerte qué fuerte qué fuerte

    http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/15/union_europea/1300208620.html


    Qué mundo le dejamos a nuestros hijos? el mundo se ha vuelto loco. qué situación tan espantosa

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  5. Ok Autoy, pero en la 2 se han podido ver cosas muuuuy interesantes, al margen de financiaciones que, como en la BBC, siempre me han mosqueado un poco. Como por ejemplo, esto:

    http://www.youtube.com/watch?v=vHKq1RRdLGk

    Lo del apocalipsis, pues me parece que unos cuantos miles de MILLONES, o al menos unos cientos de millones de PERSONAS... hace tanto tiempo que viven el "apocalipsis" que va siendo hora que alguien se acuerde de ellos, aunque sea por pura "comparación" con una "situación tan espantosa". Y tal vez esté llegando ese momento.

    Bueno, por otro lado sigo intentando dilucidar si el tal Rancière es una starlette filosófica o por el contrario tiene realmente algo que decir. A mí me mosquea mucho el hecho de que no pueda encontrar "cosas" gratis en internet de él. Así que sigo con Baudri -que prácticamente toda su producción está disponible gratis, y eso sí lo considero "emancipador"-.

    Te envío un mail a CDF (parecen las siglas de un partido político y suena bien... ¿tal vez para las próximas elecciones? :-)

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