viernes, 5 de noviembre de 2010

Arte emergente #13: Apología de la vejez


"Scott Pilgrim contra el mundo", Edgar Wright 2010
Bueno, este film es sin duda el título friki del año, una obra descomunalmente ambiciosa y pagada de sí misma (por mucho que pretenda publicitarse como un producto sencillo, juvenil, un poco punky) que independientemente de que nos guste más o menos, sugiere un cascoporro de lecturas posibles. En el fondo, el pensamiento que mejor funciona para analizar el tipo de productos culturales al que adscribiría esta película es el marxismo, porque permite inscribir con cierta perversidad en un contexto socioeconómico un tipo de creaciones tan "modernas" que parecería que nacen desde y para un limbo del hiper-presente anestesiado de toda consideración que vaya más allá de su naturaleza de "ocio lúdico". Todo en el film quiere ser tan cool (la música, el reparto de culto, la puesta en escena, la sobredosis de guiños indies, el compadreo generacional) que lo único que parece importar es la cristalización del zeitgeist del que nace. Y no: la ultramodernidad que quiere exudar cada uno de los planos se quedará pronto obsoleta, y sólo cuando pasado el tiempo lo que ahora es cool se transforme en demodé, estaremos ante una obra que, habiendo perdido todo su halo de seducción (que, como digo, se centra exclusivamente en lo que tiene de momento generacional) habrá perdido la mayor parte de su innegable potencia... a no ser que consiga perpetuarse en esa forma de supervivencia de lo mediocre que es la nostalgia romantica de lo que un día fue tendencia. Así es la moda: el despliegue del músculo de lo último, siempre efímero y transitorio, pero que mientras reina (lo vivo, lo que todavía no está en la historia) es inmune a toda crítica sistemática, y que se resiste al análisis sociológico aferrándose como una garrapata a la subjetividad generacional y su reparto de afectividades (¿quién puede ser crítico con Los Goonies, habiéndola disfrutado tanto de niños?).
La película es irritante, ofensiva. A los que ya tenemos una edad y suficiente background en la basura pop como para rendirnos ante los fuegos de artificio del último flavour of the week, nos espanta el uso programático que hace del guiño con el espectador como único enganche subjetivo. Su lógica es como la del facebook: ves un perfil que dice "me gusta Penderecki" y piensas "me cae bien este chval", porque el referente cultural actúa como generador de empatía, favorece las amistades y filiaciones. En realidad, esa manera de sociabilidad es muy primitiva, muy tribal: el pueblo existe en cuanto comparte ídolos e iconos, y ese razonamiento sirve tanto para los adoradores de Shiva como para los de Kurt Cobain. El grupo nace en torno a un totem compartido y la identidad social sobre las idolatrías comunes. Y la película de la que os hablo parece interesarse única y exclusivamente por enviar contínuamente mensajes iconoclastas a su espectador: determinados videojuegos, musiqueo alternativo de lo peor, estética playstation, metalingüística de tebeo, ironía posmoderna, culturalismo templado, hiper-realidad emocional... El argumento es lo de menos, porque lo único que centra la atención del director es la yuxtaposición cansina de guiños y más guiños a un espectador que, probablemente, se creerá "especial" por su complicidad con el tipo de lenguaje que se utiliza. Estamos, por tanto, ante otro producto hollywoodiene fálsamente independiente, en la estela de las espantosas "La pequeña Miss Sunshine" o "Juno": artefactos de plástico de corazón conservador pero travestido como producto enrollado, para gente en la onda, que escucha buena música y sabe cuándo hay que dejar de ponerse las All Star. Obras irritantes, en la medida en que se apropian de los códigos formales "alternativos" para vaciarlos de su sentido originario e incorporarlos armónicamente al discurso general de la clase media. Seguramente el guionista y el director sean inconscientes de esta dinámica (la transformación de lo alternativo en nicho de mercado) pero un montón de señores con corbata se estarán frotando las manos ante los suculentos resultados en taquilla de una película en el fondo tan perversa. En ese sentido, nuestra generación está muy atontada: hasta un cínico como Keith Richards es consciente de que su figura no es más que una imagen con la que vender posters a oficinistas cuarentones angustiados ante la mediocridad de su vida real.


Y lo peor es que cumplen muy bien su papel: mucha gente que con veinte años es muy intersante, llegan a los 30 convertidos en la parodia de sí mismos. Creen seguir siendo "alternativos" pero ya han caído en las trampas del sistema y ya tienen el pack completo de fetiches que el capitalismo tenía preparado para ellos: el audi a3, el iphone, las nike de 120 euros, el libro de Taschen en el estante de Ikea, el vestido de Amaya Arzuaga, el carnet de socio de la FNAC y la reserva de Vueling para Berlín. Una generación de mileuristas que, siendo en el fondo obreros al servicio de intereses económicos que ignoran, se sienten diferentes y especiales por mantener viva la llama del espíritu adolescente y peterpanesco, cuando cada uno de sus pasos los conduce irremediablemente hacia el vacío de la clase media que habrán de encarnar algún día (conforme a lo que se les ha prometido). Probablemente, ese tipo de espectadores disfrutarán este "Scott Pilgrim" pensando que se trata de cine alternativo, cuando en realidad no es más que el seductor coktail cultural que el sistema tiene preparado para ganárselos.
Mi corolario es el siguiente: cada vez que los treintaañeros se divierten con el tipo de cine "joven y fresco" que hollywood tiene preparado para ellos (no nos engañemos: el target de este Scott Pilgrim no son los quinceañeros, como pudiese parecer, sino peterpanes que ya peinan canas y sienten pavor ante la idea de sentirse mayores y por tanto excluídos socialmente) están transigiendo con que se les diga: "aún eres joven, no te preocupes, ya llegará tu momento".
¿Cómo reaccionar cuando la maquinaria industrial capitalista se apropia de tu iconografía y la utiliza como mecanismo de homogeneización y neutralización del pensamiento y las formas de vida que originariamente la alumbraron? Esa resistencia al apropiacionismo cultural es una estrategia que hay que desarrollar no sólo frente a este tipo de películas fálsamente independientes, sino también a la propaganda y publicidad que utiliza el recuerdo a Verano Azul para vender coches, o a los Playmobil para decorar bares de diseño (¡¡qué grima, qué repulsivo!!). Y la única solución que se me ocurre es responder envejeciendo, que es lo último que el sistema espera de mí. Soy demasiado viejo para disfrutar de Scott Pilgrim. Ya estoy de vuelta, ya no soy un niño, ya no me interesa que la industria se apropie del tipo de productos que consumía a los 20 para que siga igual a los 30, porque no tengo miedo a dejar de ser joven. Es más: me siento insultado por el modo en que la sociedad "cool" me exige vestir a la última, gustar de lo nuevo y ser un niño eternamente. El sistema quiere que me sienta eternamente joven (consumir mucho, cobrar poco, estar a merced de los caprichos del mecado en virtud a mi "libertad de movimientos") y yo no estoy dispuesto. Estoy viejo, y vosotros no estáis jóvenes: estáis atontados.
Siempre había pensado que entretenimiento y cultura son sinónimos, que como dijo en algún lugar Claire Parnet "el ocio está inscrito en el trabajo ideológico", pero se me ocurre pensar que en realidad son procesos diferentes: la cultura en la que creo es el perpétuo enjuiciamiento de sí misma, y "entretenimiento" no sería más que el envasado (radicalmente al vacío) de lo que ya sabemos, lo que no dudamos, lo que ya no es opinión sino verdad y se percibe como "natural": tiempo perdido. Recuerdo que hace tiempo, tenía la sensación de que ir al cine era un acontecimiento formativo (tanto en el caso de Tarkovski como de los X-Men) y que en realidad, la juventud es rechazar con militancia todo "entretenimiento", porque el verdadero joven no tiene tiempo que perder.
Mi crítica a la peli no es así tanto un juicio sobre el film en sí, como a la máquina ideológica a la que pertenece. Y seguramente no haya que ir tan lejos: el crítico del New York Post resume muy bien lo que sentí: "Una golosina cinematográfica grande, caliente, rellena de juventud, vitalidad, estilo, capricho y otras propiedades igualmente "alarmantes". Traté de disfrutarla. Pero después de 20 minutos, sentí que me estaba entrometiendo en la historia de amor del film consigo mismo".
¿Qué os parece si envejecemos un poquito? ¿Qué tendrá el sistema preparado para nosotros? ¿Isabel Coixet, Won Kar Wai? Ufff...

5 comentarios:

  1. Puede que te falte alguna tilde -que no te falta-, pero realmente está todo muy bien escrito. Fluido, conciso y con bastante fuerza.

    Pero no estoy de acuerdo con lo de envejecer. Yo me niego. Siempre me he negado. Y me negaré a morir aunque sé que eso sea imposible -real e incluso metafóricamente-.

    Otra cosa es eso de que "acostumbrarse es una forma de morir". Y por eso entiendo perfectamente a todos los que quedamos atrapados en dinámicas interesadas (incluidas las nuestras). De las que no podemos fácilmente salir. Lo cual no significa que no se pueda. Y lo cual signifique que "mientras tanto" -en la espera activa o pasiva-, no tengamos derecho y necesidad de proyectar nuestros deseos. Y a los cuales "naturalmente" están ojo avizor los cazarecompensas del arte simbólico.

    La diferencia entre unos y otros sólo estriba en que unos son conscientes -porque pueden y quieren-, y otros no los son -porque no pueden o no quieren-.

    Palabras clave: suspensión del juicio, desmayo, aturdimiento, necesidad, posibilidad.

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  2. el entusiasmo en todo lo alto: ¡brillante césar!

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  3. Bla bla blá.
    Ble ble blé.
    Blo blo bló.
    Blu blu bluff.

    TAGS (blablablás clave): Bla-Ble-Blo-Bluff.

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  4. Arte, estoy de acuerdo con tu postura, siempre que identifiques "juventud" con "curiosidad, singularidad y apertura de mente". En ese sentido, espero al igual que tú no envejecer nunca. Pero en mi caso, y seguramente por mi experiencia personal, asocio también la juventud con ingenuidad, y eso mucho me temo que no se puede sustituir.
    Creo que una forma de ser fálsamente joven es pretendiendo ser fálsamente ingenuo. Hay formas de falsa juventud que pueden durar toda la vida: por ejemplo, estando al tanto de los grupos musicales del momento por pura inercia, siempre del mismo modo, sin sorpresas. Existe toda una maquinaria de producción de "juventud enlatada", una maquinaria cuyo target no es ya el joven, sino aquel que ya no lo es pero se esfuerza en que no lo parezca, porque renunciar a la juventud es un paso muy difícil... que de hecho requiere madurez. Hay un pánico absoluto a sentirse uno mayor. Yo me siento viejo a menudo: especialmente cuando veo un viejo chiste vuelto a contar con otras palabras. Lo siento pero ya no me hace gracia, ya lo he vivido, y por tanto "a otra cosa mariposa".

    No sé, seguramente se trate de que los atributos que uno suele asociar a la juventud, yo los asocio a la vida entera.

    De todos modos, ahora que lo pienso... lo cierto es que años ha yo era un chico muy de la noche, mucha gente me asociaba a estar en los bares y disfrazado de moderno. Cuando abandoné ese rollo de la modernidad y la música y tal, más de uno se sintió muy sorprendido y decepcionado, como si hubiese dado un paso atrás, "te has vuelto un viejo" me han dicho a menudo. Y sin embargo, ahora creo que había algo de ya muy envejecido en esa gente, su cuento ya está muy contado. No sé.

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  5. A raíz del documental Influencers http://cl.ly/38RD he estado dándole vueltas a esta idea de como nuestro sistema asume lo trendy, lo cool y lo creativamente válido de forma unívoca con las premisas e ideario del punk: juventud y escasos recursos económicos que hacen florecer necesariamente la creatividad, la obsesión de que sólo el joven puede ver el mundo de forma diferente. En contraste, ver que alguien como Brian Eno puede sacar un disco y mantenerse fresco puede sorprender a más de uno cuando a mí me parece de lo más normal. Precisamente un familiar mío se encuentra en estos momentos estudiando la forma en que, a lo largo de la historia, las creaciones universalmente reconocidas como de mayor valía se corresponden casi siempre con artistas en su etapa de madurez. Me parece un debate muy interesante y verdaderamente contracultural porque en realidad no interesa a nadie.

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