Me encanta la crisis, especialmente en las lecturas más catastrofistas y totalizadoras: tengo un montón de alertas de correo con los términos "end of capitalism", y consumo cualquier tipo de debate ideológico, teoría conspiranoica, análisis geopolítico o especulación proyectiva que comente la jugada desde una óptica extrema: estoy encantado con la posibilidad de que el sistema actual se vaya al garete (que no se irá, ya lo sé). La situación se está poniendo tan alarmante, el capital está tan nervioso y tan a la defensiva, que hasta un antaño derechón Iñaki Gabilondo atraviesa un período youth revolt, arengando a sus espectadores para que reaccionen ante la avalancha de medidas neoliberales con las que nos acorrala el Frente Monetario Internacional (grupo terrorista al servicio de la oligarquía del dolar).Tal es el desquicie al que hemos llegado en la resolución de la craisis, estamos todos en tal subidón de ataraxia pequeñoburguesa, que me he llegado a preguntar: ¿y si la derecha tiene razón? ¿serán ellos los que tengan la clave que descifra el enigma financiero que nos está espoliando? ¿son los progres unos panolis? Sí, he llegado a plantearme si no seré un observer de derechas.
No es que me haya vuelto loco: sencillamente, el papel que ha jugado la izquierda tradicional en todos estos meses me ha parecido completamente patético. Ya no hay progresistas con ideas, los políticos de ascendencia filosocialista (incluso los comunistas) se han rendido ante la Gran Verdad Neoliberal, y nadie osa plantear ningún tipo de medida o estrategia radical que, con un par, se atreva a obviar los requerimientos de los sinvergüenzas que nos han metido en el embrollo y que, con toda la jeta del mundo, quieren ser los que nos salven. La izquierda parlamentaria se ha hecho el hara kiri, y en su hundimiento definitivo se ha llevado por delante también a los sindicatos: el bochornoso espectáculo romántico-pastoril que la burocracia CCOO montó en torno a la muerte de Marcelino Camacho (reduciendo al personaje al papel de "viejo y entrañable abuelito comunista, amigo de todos y de gran corazón" y por tanto privándole de una naturaleza subversiva que fue la que lo hizo grande) es lo más distante al realismo materialista marxista con el que se llenan la boca y que supuestamente es su razón de ser. Ser de izquierdas parece haberse convertido en una ideología romántica, de soñadores, de Seres Humanos guiados por la ética filantrópica y el buen rollo. Y por tanto no me interesa absolutamente nada: la política en la que creo ha de ser fría, seria, realista, materialista, pragmática y plenamente operativa, cero idealista, cero romántica. Y todavía quiero confiar en que esas características no sean patrimonio exclusivo de la derecha.

El caso es que he estado investigando a los pioneros del pensamiento de derechas, por si hubiese en ese circuito alguien interesante: estoy leyendo un libro de Fredric Jameson en el que el nombre de Edmund Burke aparece constantemente referido como uno de los grandes ideólogos (colateral y trasversal, por supuesto) de la actitud antiutópica típicamente posmoderna, así que he curioseado un poco en las ideas de este señor. Al parecer, este filósofo escocés es el gran ideólogo de la potente tradición bruttánica de los Whigs, partido conservador cuyas relaciones con la iglesia o la monarquía han sido fluctuantes a lo largo de los siglos, pero que nunca ha abandonado el pensamiento pragmático liberal conservador de derechas que totemiza al mercado como Ente Divino.
Sus ideas son cercanas al empirismo de David Hume (superestrella del empirismo que ha inspirado tanto a estos conservadores, como a anarkas como Deleuze y Guattari) y opuestas a las de Rousseau, cuya teoría del contrato social le parecía el origen de formas sociales libertinas, caóticas y poco eficientes: Burke sería muy crítico con el desmelene que supuso la Revolución Francesa, del mismo modo que se sentía muy afín a la revolución norteamericana, mucho más bussiness-oriented. Según se cuenta, el escocés estaba a tortas con los círculos jacobinos que instigaron la toma de la Bastilla: su pensamiento consideraba que la propiedad privada es el motor de toda forma social lógica, estable y próspera, y creía que la élite financiero-comercial estaba llamada a ejercer una especie de poder pastoral que garantizase el orden y la paz sociales. No es casual que ese gran pionero del liberalismo que fue Adam Smith afirmase que "Burke es la única persona que piensa los asuntos económicos exactamente como yo, sin que haya habido comunicaciones previas entre nosotros". La enorme máquina de guerra liberal anglosajona tiene entonces dos cabezas: Adam Smith para lo económico y Edmund Burke para lo político. Trenzando las ideas de uno y de otro sería como nacerán engendros humanos como Milton Friedman, el Premio Nobel, gurú de la infernal Escuela de Chicago e ideólogo del capitalismo extremo que sufrimos hoy en día. Vemos por tanto que existe una genealogía del liberalismo cuya secuencia sería Burke / Smith / Friedman / JP Morgan, que será la que está detrás del desmesurado apogeo neocon de hoy en día, encarnado en instituciones descomunales como Bear Stearn, Morgan & Stanley, Goldman Sach y compañía, que son las que dictan las idas y venidas de las políticas de Obama, la Merkel, y por supuesto Zapatero. Uséase, que las ideas de Burke tienen un impacto directo y crudo en nuesto día a día por culpa del éxito que han tenido sus pupilos. ¡¡¡Y todavía hay quien cree que la filosofía no sirve para nada!!!
Lo llamativo es que si analizamos un poco las ideas filosóficas que pueda haber detrás de pensadores tan pedestres, encontramos que todos ellos tienen en común el dogma de que el ser humano es un ser torpe y abyecto por naturaleza, incapaz de vivir naturalemente en paz, y que por tanto necesitaría de una mano sabia y paternal que guíe el rumbo del rebaño. Con descarado mesianismo bíblico, Burke atribuye a la élite de mercaderes el rol trascendental de Pastores del Rebaño del Animal Humano, papel que habrían de ejercer con férrea disciplina (pues el humano es un aminal díscolo y contestatario cuyas pulsiones hay que contener a rajatabla) pero prescindiendo de la incómoda maquinaria estatal: el control social ha de realizarse a través del mercado, entidad casi trascendente capaz de contener la entropía a la que tendemos en cuanto humanos, y garantizar el bienestar de los ciudadanos. El estado burocrático no hace más que entorpecer los intereses de una máquina, sabia pero anárquica por naturaleza, como es el mercado. El Hombre sería para ellos un animal económico que se dignificaría a través de la Transacción, que vendría a ser nuestra quintaesencia como seres sociales, y cuya única gestión posible sería mediante diagramas piramidales (el Empresario Visionario en la cumbre, y abajo la oveja obrera pacíficamente feliz en su rol de operario obediente).
La tesis que resume el pensamiento de derechas sería por tanto: el hombre es un animal bárbaro y salvaje, no podemos aspirar a grandes utopías dada nuestra naturaleza, y el gobierno a través del Mercado es el menos malo de los sistemas políticos posibles. Una idea que a mí se me antoja aberrante, y que puede resumirse en: Dios existe, y es de derechas.
Lo paradójico de esta historia es el hecho de que los liberales han gando tanto poder que hoy en dia democracia es sinónimo de neoliberalismo. No hay ningún sistema democrático en el mundo que se plantee un organigrama económico diferente, el planeta entero se ha rendido a las ideas de la Escuela de Chicago, y la única alternativa a este pensamiento único (dado el colapso de la izquierda) son oscuros regímenes fundamentalistas, residuos del imperio comunista, y rogue states que no se pliegan a los imperativos de Wall Street. Todas las repúblicas parlamentarias del planeta se han rendido a las ideas de Burke y Friedman.
Con lo cual, los que no estamos de acuerdo con esas posturas nos sentimos completamente acorralados: los causantes de la crisis y los encargados de subsanarla comparten la misma ideología, y no hay en el horizonte ninguna alternativa medianamente moderna. ¿Cómo han conseguido semejante triunfo? En el fondo, su mayor éxito es habernos convencido de las tesis filosóficas de Burke: que somos malos, que el hombre es un animal cruel y competitivo, y por tanto tenemos lo que nos merecemos (esa es la gran tesis neoliberal sobre la crisis, a lo Leopoldo Abadía: que la hemos buscado y es un castigo merecido a nuestra ambición). El triunfo de la derecha es el habernos hecho creer que la utopía es imposible, y que nuestros sufrimientos son consecuencia de algo parecido al pecado original, una marca genética embrutecedora. Así que supongo que ser de izquierdas, finalmente, es confiar en el ser humano y en su capacidad de construir utopías. Y en ese sentido, el cinismo resabido de la izquierda posestructuralista (siempre culpando a lo utópico de idealismo trascendental, siempre pesimista) tiene bastante de conservadurismo. El progreso o es optimista, o no es.
Llego entonces a la conclusión de que ser progresista exige confiar en el ser humano, y en su capacidad de cambiar las cosas.Y efectivamente, en los tiempos que corren es muy complicado, ya todos somos cínicos, descreídos, indolentes, desapasionados, conformistas, conservadores en cuanto pasivos. Pero si queremos que se acabe el omnipotente imperio neoliberal, no nos queda otra alternativa que intentarlo: pragmáticamente y sin cursilerías.
(Atención a esta genial explicación de Deleuze sobre cuál es la famosa "deuda" que, según los telediarios, tenemos que pagar.¡¡Y los abecedarios son del 88!! Qué grande).




