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jueves, 15 de septiembre de 2011

Nihilismo, metafísica y telebasura #4: Waiting for Mad Max


Traigo un par de videos calentitos que han subido a youtube esta semana. El de Laura Marks a buen seguro seguirá colgado mucho tiempo (pues está en el canal de European Graduate School), pero el de Deleuze en la Rai no creo que dure mucho, así que recomiendo a los completistas que se lo bajen (750 megas del copón, pero merece la pena archivarlo). Por desgracia, viene en franchute con sottotitoli en italiano... ¡¡¡por fín ser spaghetti-parlante me sirve para algo!!!
Aprovecho la coyuntura para recordar a mis bienamados lectores que estamos a 15 de septiembre, así que agilicen sus prioridades porque no olviden que, según las profecías, lo que tenga que ser, será en octubre. Feliz quincena.


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jueves, 9 de diciembre de 2010

Nihilismo, metafísica y telebasura #3: Apatía / Aburrimiento / Ansiedad

No tengo nada que decir. Acostumbro a sentir que resbalo hacia un agujero negro de desafección y rendición absolutas, atrapado en minúsculos placebos que, desnudados de su promesa emancipatoria, se han transubstanciado en un matar tiempo como refugio ante una historia personal nada estimulante. Cada cual vivirá las incertidumbres a su manera: en el mío, lo hago patológicamente cayendo en una espiral de apatía, aburrimiento y ansiedad, yuxtaponiéndose una sobre la otra en un círculo vicioso que deriva en una sensación de pasividad absoluta, en la que el único consuelo es el confort de la derrota, el glamour frívolo del rarito de la clase.
Nos limitamos a ser portavoces de uno mismo, nos hemos creído que atender con cinismo a las malas noticias hacen que éstas sean menos malas, pero ¿qué otra cosa podemos hacer? La ataraxia rural se basa en la asunción de que vivir es sobrevivir, y nada más; "salir adelante" con cierto orden, encasillarse. Los snobs solemos despreciar a las masas por la cobardía con que anhelan amoldarse al nicho que la sociedad ha preparado para ellos. Pero quizás haya una sabiduría implícita en esa estrategia: vivir camuflados en un lugar seguro y regulado, desaparecer en la mediocridad, el único lugar a salvo de los azotes del darwinismo social. "Fingir ser como los demás": eso es lo que define al conjunto "los demás". Esconderse en el Madrid / Barça, en "Millenium", en conocer Florencia y en la cena de empresa. La masa es quizás el único mecanismo de defensa al que puede recurrir el hombre unidimendional: camuflarse en la floresta de la clase media, y desde allí juzgarlo todo con socarrona distancia. La pléyade se recrea en la belleza insuperable del hundimiento del mundo antiguo, hablan de Walter Benjamin, esperan que sea la plebe la que saque sus castañas del fuego.
Sólo le pido a Dios que el futuro no me sea diferente.




No sé si soléis preguntaros ¿cuánto valgo?, ¿a qué puedo aspirar?, ¿qué sé hacer?. Los "dispersos" no sabemos hacer nada en particular. Somos nómadas en una galaxia de vectores efímeros que sólo podemos capear, surfear transitoriamente, en un eterno retorno del vacío del sentido que, males mayores, ha perdido su halo epifánico. Mi mística personal es la del superviviente: en la medida de lo posible, huír hacia adelante con el único objetivo de salir ileso del recorrido. Creo que no soy el único: somos los cadáveres en el camino tras el hundimiento de la utopía socialdemócrata, imperativamente destinados a perpétuas travesías por el desierto del sentido contingente, obligados a aferrarnos a lo gaseoso como un clavo ardiendo, manteniendo la cabeza a flote en el líquido fluir de una rutina siempre provisional. Aterrados ante la idea de que quizás no sea tan provisional.
La "dispersión" se presta ya a la poética, pero todavía no a la política. Somos muchos, pero cada uno es de su padre y de su madre, aturdidos en la épica autobiográfica. ¿Qué es hoy la sociedad? ¿Esa palabra es quizás el último reducto de las viejas entelequias metafísicas? No es fácil trazar mapas del vapor.




¿Tienes tu propia utopía personal? ¿Hay un modelo de vida en tu horizonte? ¿Confías en encontrar una demanda para tus ofertas? ¿Sabes lo que prefieres, y prefieres lo que sabes? ¿Has encontrado tu sustituto para la vida pop, más allá de la treintena? ¿Os queréis? ¿Es ya demasiado tarde? ¿Hasta cuando podrás estirar lo que sabes que se ha terminado? ¿Estás seguro de que ha terminado?





Al menos escribir me tranquiliza.Las palabras dan sentido al ruido de los pensamientos, son una bonita manera de atar cabos, de sobrevivir a la duda, de empedrar el camino.
Cuando uno no comprende las reglas del juego, está condenado a la derrota. ¿Alguna idea para abandonar la partida?

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Nihilismo, metafísica y telebasura #2: El Polígrafo Pulp


"El juego de tu vida", La Siete


1. "El juego de tu vida" es uno de los programas de televisión más paradigmáticos de la muerte cultural de occidente que suelen suponer aquellos que, en la clásica dupla de Umberto Eco, se definen como apocalípticos: el show es el apogeo de las más bajas pasiones morbosas de "las masas", el mercadeo con lo más traumático de nuestras autobiografías a mayor gloria del voyeurismo sádico de un telespectador cada vez más escorado hacia las bajas pasiones. Pese a ser un programa muy de segunda división en la parrilla (las reposiciones se saldan franquiciadas en maratones de La7, sin demasiado éxito), su concepto ha provocado ríos de tinta en la esfera bienpensante PRISA, con toda la intelligentsia burguesa rasgándose las vestiduras ante semejante ejercicio de desvergüenza, vulgaridad y oprobio.
"El juego de tu vida" es un show oficialmente Inmoral, una perturbación en la parrilla: hasta sus más acérrimos espectadores se sorprenden y escandalizan de las cotas de impudicia que alcanzan las preguntas. Parecería que existiese para que podamos decirnos "es increíble e intolerable que exista": a la vez virus y síntoma. Es radical, canónica y esencialmente telebasura, con todas las virtudes turbias de los lodazales: en ellos hay mucha más honestidad, mucha más cruda realidad que en cualquier documental tramposo de Documentos TV. Lo que los críticos ignoran es que los contenidos no tienen nada que ver con "la realidad", siendo (por otra parte,como todos los realities) una especie de género bastardo en la encrucijada en que colisionan la no-ficción y la pura fábula. Si en lugar de Tele 5, lo emitiese la cadena ARTE con la legitimación de la boutade artística (bastaría con contratar a alguno de los "chicos malos" del artisteo a los que recurre el mundillo intelectual en estos casos) estaríamos hablando de Arte con mayúsculas, de la mejor metáfora social de la historia de la televisión, de cinismo desenmascarador, etc etc etc. Lo que lo hace del programa un blanco fácil para los moralistas de columna de opinión, no son sus contenidos: es su sentido. Y por tanto, me abstengo de debatir su legitimidad moral; en estos casos, no ha lugar (pues la problemática moral del sentido depende no sólo del significante, sino también de la mirada connotativa del espectador).
Considerar "morboso" el relato de las propias miserias personales es obviar que es exactamente lo mismo que ha hecho la gran novela familiar desde el siglo XIX. Y por supuesto, lo que lleva haciendo el folletín, la zarzuela, el cotilleo y la literatura popular desde siempre: como construcción cultural "El juego de tu vida" es muy clásico, la aliteración del cuento picante preliterario, seguramente la primera narración de la historia. Y hoy en día, esa constante preocupación por las desventuras infames del vecino, tan humana, merece liberarse del yugo de la ficción: flirteemos un poco (acaso frívolamente) con lo que queda de la realidad tras su hundimiento. Eso es el reality: novelita popular a lo Corín Tellado con un plus de credibilidad, con el beneficio de la duda, una semi-realidad semi-pactada y semi-creída.



2. Pero los sermones morales sobran en casos tan clamorosos. De lo que se trata es de lo que lo hace único, el formato, con detalles morfológicos muy simpáticos de tan naive (minimalismo del escenario, potenciando la presencia intimidatoria de la presentadora, la pantalla con el dinero ganado, música inquietante...). Al menos yo encuentro dos niveles en los que el show tiene mucha chicha:
-El primero sin duda es la construcción del personaje, en sentido literario: cada concursante es en el fondo un "personaje", una construcción resultante de la intersección entre una determinada subjetividad (o forma de ser) y una moral (o forma de actuar) en un contexto espaciotemporal. Es decir, al comenzar la ronda de cada concursante, éste es una página en blanco de la que no sabemos nada, más allá de lo que podamos presuponer de su aspecto y su familia. A través de las preguntas se van "desvelando" aspectos que le caracterizan, hasta que la secuencia de respuestas termina por cuadrar como el relato de un personaje, del tipo "hombre casado que vive con su madre, le gusta salir de noche y trabaja a destajo porque quiere mucho dinero". O "universitaria infiel a su novio que sufre porque odia a su padre y se comporta como una dictadora": las pinceladas mínimas para que sea susceptible de ser juzgado moralmente (porque el espectador en este caso es una especie de tribunal silencioso). Cada uno de ellos se convierte en un "personaje" de una manera muy simpática: a través de un juego de preguntas y respuestas. Pese a ser un relato en primera persona, hay un narrador omnisciente (el que formula las preguntas y dirige la construcción artificiosa de la personalidad) que selecciona los acontecimientos que más se acomodan al "mensaje moral" que vehicula el concursante, en un proceso que es muy similar al del confesionario católico de toda la vida: el reconocimiento del pecado quizás no implique perdón, pero sí catarsis.
Así que en el fondo su estructura es una interesante puesta al día de un ritual de toda la vida (la absolución de las faltas a través de la penitencia que supone su puesta en común) formalizado a través de figuras literarias (el concursante) y con una estructura planteamiento-nudo-desenlace muy retorcida e ingeniosa (el juego de preguntas y respuestas) pero heredera de los mecanismos de "desvelamiento de la trama" de la novela pulp.
Pero a este nivel,el programa es muy muy frío: no juzga, porque el tribunal somos nosotros. La presentadora se limita a preguntar y añadir algún comentario ligero, sin comentar nada. El morbo, o la petulancia moral, están en todo caso en el ojo que observa, porque el programa se realiza con la frialdad de una intervención quirúrjica.
No es un concepto nuevo, sino que como digo es la actualización de la Confesión católica de toda la vida, y que (quizás me equivoco en esta reflexión) tiene mucho que ver con el análisis de Focuault en la "Historia de la sexualidad", en el que afirmaba que el poder no reprime el discurso sobre el sexo y el pecado: el poder, el saber y el arte necesitan que confesemos, que hablemos nuestros secretitos.
2.Pero el punto que más atractivo me resulta del formato es la parte del polígrafo: la acotación de "la verdad", un tema fascinante. La escenificación del concurso requiere que previamente se haya llegado a una objetivación de lo verdadero a través de esa paradógica y genial "máquina de la verdad" que funciona detectando las oscilaciones de los biorritmos a consecuencia del stress nervioso: el panóptico definitivo, al estar legitimado por su naturaleza técnico-científica. Un juez imparcial que no admitiría discusión. Obtiene lo real a través de procesos de computación.
¿Qué hace el polígrafo? No detecta LA verdad, sino UNA verdad: la verdad específica, contingente y subjetiva de cada concursante. En ese sentido, ellos mismos son finalmente los acusadores, los acusados y los testigos de su propio juicio: exactamente igual que en la confesión ante el cura. Pero ni siquiera tienen la prerrogativa de discenrir su propia verdad. Quiero decir: en las preguntas que se refieren a acontecimientos (¿has robado alguna vez en clase?) la respuesta verdadera no admite discusión: sí o no, independientemente del punto de vista (al menos, si prescindimos de los mil matices de la palabra "robar"). Pero cuando la pregunta planteada se refiere a interioridades (¿es cierto que no deseas a tu marido?) la frontera entre lo cierto y lo falso es mucho más gaseosa: a ratos lo deseo, a ratos no, depende, no lo sé, ¿qué es desear?
Este matiz parece una bobada, pero en mi opinión tiene toda la chicha de la posmodernidad: y es que las nociones de "verdadero" y "falso" se colapsan al referirse a las interioridades, dejan de tener sentido porque requieren no sólo de la cognición sino también de la decisión, nunca objetivable. Los sentimientos son magmáticos, ambiguos, cambian a cada segundo, amor y odio se alternan en milisegundos, las emociones no son bloques monolíticos sino fluctuacciones constantes. Y esto que acabo de decir es una definición del "ser humano" diferente a la que habitualmente consideramos (donde cada persona es de una determinada forma, clara y unidimensional) . "Lo interior" no es masa sino vector, incontenible en el significante.
No es casual que casi todos los concursantes que fallan lo hacen al responder erróneamente a algo que creían sentir de una determinada manera, pero que según el polígrafo sienten de otra. Incluso cuando se trata de dilucidar "su verdad", es la máquina la que más sabe sobre las emociones, incluso contrariando al sujeto que las protagoniza.
Lo más morboso del programa entonces no es el juego de preguntas, ni la exposición pública, ni el mercadeo: lo atroz es otorgar al polígrafo la prerrogativa de discernir lo que es verdadero y lo que no. El polígrafo funciona así como perfecta metáfora de la construcción de nuestra identidad en sociedad: por dentro somos magmas gaseosos, pero es la mirada del otro lo que solidifica y esculpe (conforme a su propio interés) la forma de nuestros sentimientos. Y es "el otro"el que produce ese fatigoso campo semántico al que referimos nuestra identidad, lo que "nos identifica": personalidad, personificación, personalización, persona, personaje. El polígrafo exige claridad de pensamiento: decide si sientes esto, o lo otro. Y eso nunca funcionará con gente que, como yo, es capaz de creer verdaderos dos sentimientos antitéticos.
El pensamiento difuso,el sentimiento ambiguo, la apreciación vaga... otro antídoto contra el panóptico-polígrafo del pensamiento único global.


3. Cierro el círculo, de nuevo moralizando: adoro la existencia de "El juego de tu vida ". Es un programa, a todos los sentidos, incómodo. Socialmente culpabilizador. Lo cual me retrotrae a una de las más audaces reflexiones de Fernández Porta: el pulp es el inconsciente del pop, el depósito de los resíduos donde se acumula toda la porquería que preferiríamos no gozar. Tele 5 es el pulp del siglo XXI, las vergüenzas culturales que sólo el proletariado (siempre temerario en lo moral) se permite gozar desprejuiciadamente. Así que no sé si me gusta o no me gusta. De vez en cuando lo veo, me hace gracia, ese toque ridículo y vulgar le da el tipo de honestidad cínica que tanto me gusta. Pero no sé muy bien lo que siento al respecto: eso tendría que preguntárselo al polígrafo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Nihilismo, metafísica y telebasura #1: El estoicismo del camaleón



Anna Wintour recorre impecable la distancia desde el hall a la limusina. Ha aprendido a disimular cuando le aprietan los zapatos, y mantiene con sobria y espartana dignidad esa sonrisa aterradora que tanto gusta a los papparazzis. La coreografía de cada uno de sus movimientos ha de ser perfecta, su cuerpo es una máquina de precisión exacta en la que el gesto de encender un cigarro y el de cruzar las piernas se acompasan en una armonía plástica, rigurosa e hipnótica, como el hechizo silencioso del lujo y la lujuria de una terminal de American Express. Sensualidad codificada y silícea, el suyo es el erotismo renderizado de Lara Croft, perfumado con la animalidad de un insecto y la seductora precisión de la alta tecnología.
Puro efecto de superficie, su hábitat es la membrana que rodea lo virtual dándole un mínimo de realidad: es la máscara que utilizan el vacío y la nada cuando necesitan comunicarse con nosotros, como la medium de fantasmas que hubiesen dejado de existir. Su carne, piel y huesos ya no son más que interfaces: el espacio que le es natural no es ya la res extensa, sino la cartografía pixelada de las pantallas, la honestidad incierta del pantone. Tan real como un laser, evanescencia espiritual hecha de carmín, tacones y eau de cologne, Anna es el holograma de sí misma, la negación orgullosa de las virtudes del cuerpo y los pecados del alma.
Todo ella es piel, fascinante fenómeno sin noúmeno, la réplica de un replicante, sabe que su vigencia es la de los efectos especiales. Terminator 3 neutraliza a Terminator 2.
A veces gusano de seda, a veces araña, quizás pavo real, pero siempre camaleón. Su proceder es puro mimetismo, como el vibrar de la membrana de un tambor cuya percusión fuese el eco de los latidos del mundo . Somos tú y yo los que hemos inventado a Anna Wintour, es el resultado de las plegarias con las que pedíamos que algo llenase el vacío dejado por las Tres Gracias tras su desaparición.
Ella es la bondad después de la bondad, la belleza después de la belleza, la verdad después de la verdad. La verdad tras la verdad, la verdad detrás de la verdad, el cadáver de la verdad.
¡Qué otra cosa podría hacer ella! Acepta con dignidad estoica el destino que le ha sido encomendado: encarnar el espectro del aion, del tiempo que no pasa, la mimesis de nuestro pánico al vacío, el confortable ensueño de un paraíso que hemos dejado atrás.
Anna no es una: son muchas. Me aburro, tengo miedo.