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sábado, 17 de marzo de 2012



Are you out of love with me?
Are you longing to be free?
Do I drive you up a tree?
Yeah! Oh, yeah!
Do I drive you up the wall?
Do you dread every phone call?
Can you not stand me at all?
Yeah! Oh, yeah!
Though I need you more than air
is it true you just don't care?
Are you having an affair?
Yeah! Oh, yeah!
When we met I thought
money was everything
so I let you buy the house,
the cars, the ring
but I can't take your perpetual whining
and you can't sing
I though if we live apart
we could made a brand-new start
Do you want to break my heart?
Yeah! Oh, yeah!
I've enjoyed making you
miserable for years
found peace of mind in
playing on your fears
How I loved to catch your gold
and silver tears, but now my dear
What a dark and dreary life
Are you reaching for a knife?
Could you really kill your wife?
Yeah! Oh, yeah!
Oh, I die, I die, I die!
So it's over, you and I
Was my whole life just a lie
?

Yeah! Oh, yeah!

miércoles, 7 de marzo de 2012

Psychocandy 2000





Maravilloso rework de Karl O´Connor y Juan Mendez para Dntel, un grupo demasiado afectado para mí pero generalmente exquisito en la elección de sus remixers. Sigo con mucha curiosidad la cada vez más evidente deriva shoegazer de Regis, que con los años parece acercarse con mayor naturalidad al tipo de oscurantismos postpunk de los que nació el discurso artístico que ahora él representa, y del que Downwards fue una pieza más.





Este otro edit para los siniestros Six Six Seconds es ya abiertamente un exploit de los primeros Jesus & Mary Chain: una banda fundamental cuyas huellas no dejan de expandirse día tras día, llegando incluso a sentirse en muchos de los mejores productores techno. Hace ya tiempo que Downwards se ha convertido en un sello entrañable dedicado a la edición (cuidada con cariño de fan) de grupos nuevos de shoegazing, un cambio aparentemente radical pero que en el fondo sirve para trazar la genealogía oscura que une la primera dark wave de los 70 con Sandwell District, pasando por supuesto por Jesus & Mary Chain. Todo encaja en la misma atmósfera y el mismo sentimiento.



Sin embargo, el que considero mejor tema shoegazing de Regis es el escalofriante Blinding Horses con el que nos sorprendió el año pasado en su maxi para Blackest Ever Black. Seguramente en este track haya encontrado el equilibrio exacto entre techno y noisepop: bases muy sólidas y con cierto regusto analógico, sobre las que despliega una maraña de guitarras distorsionadas que parecen sampleadas de Spacemen 3. Una canción musculosa y contemplativa, el tipo de emotividad espartana que ha hecho tan grande a este señor, un pathos único. Es una pena que no haya más productores trabajando en esta línea, la evolución natural del tipo de sonidos a lo Bowery Electric que nos enamoraron a finales de los 90. Ojalá Karl siga profundizando en su majestuoso trabajo sobre el shoegazing, porque nadie está más cpacitado que él para actualizarlo de manera verdaderamente radical.




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Neoclásicos #5: Olga + Jozef



1. De pueblo is the New Cool

El curator de este blog es de pueblo, así que no se echen las manos a la cabeza si dedico un post a cantar las bondades de un grupo tan agañanado como son Olga + Jozef, combo eslovaco dedicado al dark techno más zapatillesco. Siendo como somos recelosos de toda sociología, no nos atrevemos a proponer una hipótesis cultural para explicar el éxito del hardtechno en el mundo agrario gallego, pero lo cierto es que por estos pagos el campesino adolescente acostumbra a disfrutar del techno duro con la misma pasión con la que sus equivalentes urbanos idolatran a Extremoduro o Soziedad Alkoholika.
Los gatos de ciudad quizás supongáis que en las aldeas el personal se pasa el día empacando trigo, ordeñando vacas y buscando esposa en televisión, pero os sorprenderíais de lo desmadradas y drogainómanas que son las fiestas en territorio rural: aquí en my hometown he asistido a situaciones tan yeyés como raves campestres donde los mozos nativos bailoteaban histéricamente a Surgeon en pleno tryp de setas monguis, afterhours pastorales al ritmo de lo último de Alemania, o chateos en Myspace debatiendo si molan más Andrew Richley o Basic Implant. La escena techno es enorme en el rural hispanistaní, y no es casual que hace unos años pudiésemos disfrutar en directo, en un mismo verano, a Jeff Mills, Oscar Mulero, Regis, James Ruskin o Ben Sims. Galicia y Asturias gozaron en tiempos de gigantescos colectivos de technoheads, y de hecho el club ovetense La Real se cuenta entre los más legendarios del planeta dedicados al bombo infernal.
Ahora que la globalización de sprawl colapsa, no me cabe duda de que las idiosincrasias de pueblo serán pronto consideradas lo más cool entre los marymodernos, así que no está de más recordar a algunos de los mayores totems de la subcultura agro-techno.


2. Selección Natural

Casualidad o no, entre el 2002 y el 2008 se producía un imparable ascenso del capitalismo a base de chutazos de dinero fiat, mientras el techno vivía su época más oscura y minoritaria. Justo antes de la quiebra de Lehmann, la escena hardtechno parecía languidecer hacia su desaparición, mientras los modernos desertaban de la música electrónica y se pasaban al rollito fashion rock de la mano de Strokes, Libertines o White Stripes. El hundimiento del viejo techno parecía tan imparable, que incluso algunas de las grandes estrellonas del ramo renegaban de su pasado zapatillero y se apuntaban a la absurda moda del "minimal" (que en 2012, por fín, parece haber terminado para casi siempre). Antiguos brutánganos como Adam Beyer o Marco Carola dejaron de pinchar techno duro y flirteaban con el estilo cursi y perfumado de sellos como Kompakt o Perlon, mientras en las aldeas seguíamos dale que te pego entusiasmados con el techno más asilvestrado.
Oscar Mulero y Christian Wünsch, nuestras más afamadas y respetadas estrellas hardtechno, editaron entonces la serie de maxis "Selección Natural", broma darwinista con la que parecían enorgullecerse de su fidelidad al techno auténtico mientras muchos traidores abandonaban el barco cuando éste parecía hundirse. Fueron años complicados para los DJs fieles al 4x4, cuando apenas se editaba material adecuado para ambientar las fiestas agro-techno o los cada vez menos abundantes clubs urbanos. Por fortuna y como suele ser habitual en estos casos de aparente decadencia, la llama del techno puro se mantuvo viva gracias al trabajo de representantes tan queridos por los fans como James Ruskin, Function, Radial, Takaaki Itoh, Go Hiyama, los propios Mulero y Wünsch, Reeko, Fanon Flowers y por supuesto Dios Regis. Pese a la sequía de discos, en este período se produjo el apogeo del offbeat, variante del darktechno caracterizada porque los monotracks se construían sobre bases sincopadas.
En España nunca hemos sido los primeros en nada, pero lo cierto es que en aquella época la escena techno nacional era probablemente una de las más potentes del mundo: Mulero publicaba en Tresor, los sets de los DJs spaniards volaban entre los fans europeos, nuestros festivales atraían multitudes y el mismisimísimo Surgeon editaba su lengendérrimo homenaje "La Real". Reinábamos de un modo imperial que no se recordaba desde los tiempos de Isabel y Fernando, y sólo otro lugar del planeta gozaba de un nivel de calidad techno equiparable: la Europa del Este, mayormente Eslovaquia, gracias al círculo formado por Kre, Hu, Boss, Rumenige, Loktibrada o Vlasta Drahokoupil, una brillantísima escena de techno macarra y muy potente cuyo epicentro era el grupo y sello Olga + Jozef.



3. Palicavonzvreca / Olga + Jozef

No hay mucho que decir sobre Olga + Jozef, pues siguiendo la costumbre del faceless bollocks techno, no hay entrevistas, críticas interesantes o fotografías promocionales que puedan aportar alguna pista sobre la historia y desarrollo de su labor profesional. La versión oficial (a.k.a. Discogs) afirma que en realidad O+J es uno de los seudónimos utilizados por Dalibor Kŕč, el cabecilla indiscutible de la escena eslovaca, pero bajo ese nick se han editado trabajos que probablemente hayan sido producidos a cuatro manos con su colega Juraj Tokár a.ka. Rumenige. No hay más que ver las escasas fotos que circulan por ahí para constatar que se trata de chavales de lo más sencillos, absolutas antiestrellas conforme a la ética y la estética tehno, pero no cabe duda de que poseen un talento envidiable del que dan buena cuenta sus discos en los sellos Policavonzvreca y Olga + Jozef, todos ellos de una calidad media altísima.
Se trata de música de baile tremendamente intensa y feroz, aparentemente violenta pero sutilísima en su manejo de los timbres y compases. Monotracks afilados como un cuchillo, que suenan a maquinaria industrial, zumbidos urbanos, percusiones metálicas y secuencias más sólidas que el hormigón. Agro-techno de primerísima calidad, que combina momentos decididamente bailongos con cuidados tracks experimentales que modernizan la estética macabra y trascendentalista de la vieja música industrial: amelódica, repetitiva, marcial, hiperdensa y desafecta . Belleza incómoda, salvaje y ambigua, excelente metáfora del encanto selvático y extraño de las ciudades (y las aldeas) en las que nos ha tocado vivir.
Interesados pueden husmear en cualquiera de las referencias de Olga + Jozef y Palicavonzvreca, todas ellas intachables, y desde ahí seguir investigando en sellos paralelos de la escena eslovaca como Numb o Antidandruff. Voilà algunos temas:











Cierro con los dos remixes de su trabajo que se encuentran en mi canal de youtube, y que considero de sus mejores piezas. El rework de Funtion es una rarísima pieza de techno analógico y dislocado que muchos recordarán por las sesiones de Steve Bicknell de principios de los noughties. Y el de Regis, extraído del legendario Olga + Jozef #5, es uno de mis temas favoritos de todos los tiempos, un escuetísimo haiku construído con soplidos y percusiones filtradas, magistral en su manejo de la capacidad emotiva del ritmo desnudo. Una cancioncita esencial y escalofriante en el contexto de la música repetitiva.







martes, 6 de marzo de 2012

Neoclásicos #4: Gilbert Simondon



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Se podría llamar naturaleza a esta realidad pre-individual que el individuo lleva consigo, tratando de encontrar en la palabra naturaleza el significado que le daban los filósofos presocráticos: los Fisiólogos jónicos encontraban ahí el origen de todas las especies de ser, anterior a la individuación: la naturaleza es realidad de lo posible que, bajo las especies de este apeirón del que habla Anaximandro, hace surgir toda forma individuada; la Naturaleza no es lo contrario del Hombre, sino la primera fase del ser, siendo la segunda la oposición entre el individuo y el entorno [milieu]
"

Gilbert Simondon
para arquitectos

Sírvanse ustedes de la wikipedia si necesitan una presentación de Gilbert Simondon, un pensador de merecida reputación cuyo trabajo, extremadamente técnico, es especialmente popular por la crucial influencia que ejerció sobre Gilles Deleuze. No conozco tanto su trabajo como para sintetizarlo con la necesaria corrección, así que a modo de resumen del tema que trataré en este post, recomiendo la magnífica reflexión sobre sus conceptos estrella que aparece recogida en "Isla desierta y otros textos", perfecta introducción a su problemática más característica, y una idea que considero fundamental para el pensamiento en la era de la globalización: la individuación.
Intentaré en este post proponer algunas reflexiones personales sobre la cuestión, sin ceñirme estrictamente a las ideas de Simondon, para buscar algunas conclusiones de interés en el campo que nos corresponde: el de la producción de forma arquitectónica, proceso necesariamente ligado a la individuación, y que intentaré abordar desde la crítica al proyecto. No obstante, individuación es fundamentalmente un concepto ontológico que propone una determinada ontogénesis de sustanciosas conclusiones éticas, técnicas y psicológicas que aún a día de hoy son fruto de debate. En relación a su dimensión sociopolítica, recomiendo este estupendo texto de Paolo Virno en el que aborda el principio de la individuación en relación al pensamiento marymoderno de la multitud.

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¿Hilemorfismo?
Pinche aquí.


El término "individuación" se refiere a un momento en la producción del ser en el que éste deja su condición continua e indiferenciada de "naturaleza" (el estado inicial del campo ontológico, planteado en términos cercanos al "cuerpo sin órganos"), para especificarse en identidades individuales en función de diversas condiciones que determinarán el modo de individuación. IMHO el planteamiento de este problema es simétrico a la producción del lenguaje: la realidad del mundo es en sí contínua, y es el pensamienta quien la "recorta" en figuras de lenguaje producidas delimitando órdenes de diferencias de intensidad. El paso del Todo o lo Uno a lo individual como fracción, es en primera instancia un proceso del lenguaje que responde a la aprehensión cognitiva de lo real. En la lectura deleuziana de Simondon, consideramos por ejemplo que existe un "sacacorchos" porque construyo una membrana que selecciona un segmento de "lo real" y lo unifica en base a que puede utilizarse para descorchar botellas, funcionando como una unidad de pensamiento, uso y destino. Es mi mente la que "construye" el sacacorchos seleccionándolo de entre el magma informe de la realidad, proceso que realizo en este ejamplo porque necesito descorchar una botella . Entones, es el deseo el que produce la discrecionalidad objetual del ser, a través de los lenguajes. Con el lenguaje se "recorta" la realidad produciendo individuaciones selectivas, para lo cual necesariamente se necesitan formalizaciones. El papel de la forma en la individuación es un tema que alguien debería pensar detenidamente pues en los modelos materialistas lo formal es poco más que un epifenómeno cuya concreción casi carece de importancia, pues un axioma habitual en semiótica es la idea de que "el significante es aleatorio", de tal modo que el cometido de la forma es meramente clasificatorio, un código de diferencias digitales que admite muchas formalizaciones dispares (así, una misma frase puede ser dicha en varios idiomas variando las palabras utilizadas pero no su significado). La supuesta aleatoriedad de la forma como significante es una doctrina implícita en la moral de la arquitectura moderna, para la que lo formal ha de ser siempre referenciado a variables meta-morfológicas (uso, construcción, contexto...): un hay una ciencia morfológica en la modernidad. Luego volveré sobre esta reflexión.

En arquitectura, la individuación empieza en el axioma del proyecto como condición necesaria al hecho arquitectónico, que condensa una serie de elementos de diferentes campos en una misma estructura de la que habrá de aparecer una entidad formal. El proyecto, en cuanto entidad única, es entonces una individuación que conjunta un amplísimo espectro de energías que habrá de movilizar: desde subjetivas a económicas, técnicas o simbólicas, que habrán de ser resueltas en un único movimiento. El proyecto como individuación condiciona de manera absoluta los procesos de producción de territorio, pues ésta se lleva a cabo mediante la concatenación de unidades discretas, cada una de las cuales responde a un proyecto. "Proyectar" es constituir apriorísticamente esencias, individuaciones, necesariamente sujetas a códigos de lenguaje. Esta codificación de las fracturas de lo real es una condición necesaria del pensamiento (de naturaleza objetual), pero el gran aporte de Simondon es la idea de que esos códigos pueden deshacerse y rehacerse: suprimiendo las individuaciones y retornando a la "realidad indiferenciada" se obtienen virtualemente nuevos modos y criterios de individuación, del que emergerán nuevas formas. Esa estrategia es muy habitual, como veremos, en la arquitectura de hoy en día, uno de cuyos grandes problemas es el de la reutilización y el reciclaje, proceso que necesariamente obliga a deshacer individuaciones heredadas. Asi, por ejemplo, si quiero hacer una estantería a partir de cajas de fruta, de algún modo he de olvidar la identidad "caja de fruta" y apropiarme de sus potencias (dimensiones, capacidad mecánica, apariencia...) desde una unueva estrategia de individuación (en este caso, una estantería).
La individuación conforme al modelo de Simondon se lleva a cabo conjugando intensidades y singularidades anteriores a su formalización en un objeto de pensamiento, que al ser no necesariamente coherentes necesitan de un "algo", un principio, que las adiera y fije. Ese algo es la forma, que será entonces siempre una frontera que enmarca una entidad dentro del contexto de una exterioridad: producir una figura desde un fondo. Aplicando este principio a la arquitectura, se evidencia el hecho de que cada proyecto (unidad que acostumbra a serlo de pensamiento y de ejecución) demarca su singularidad especificándose con mayor o menor sutileza de su entorno. Como objeto del juicio, es el proyecto el que ha naturalizado su condición de unidad mínima con todo lo que ello acarrea:

la discrecionalidad en la producción de territorio está codificada apriorísticamente por la discontinuidad entre proyectos.

La formalización en edificios diferentes puede plantearse desde varias perspectivas, pero apuntaremos la hipótesis de que la dialéctica diferencia / repetición tenga la función inmanente de visibilizar la unidad de proyecto, trasladando al campo estético el destino común (de historia, uso y gestión) de cada pieza proyectada. Individuación e identificación van de la mano, tanto en el reconocimiento de los objetos en el espacio, como en la delimitación de las unidades de pensamiento con el que el proyectista opera en su labor. De algún modo, la forma es el constructo que permite efetuar la individuación. Forma e individuación se efectúan en códigos, sistemas necesarios de reconocimiento: la emersión de formas nuevas pasa entonces por la disolución de los códigos formales heredados, paso previo a la producción de códigos nuevos.


Las individuaciones tienen mucho de histórico como condición de posibilidad: insistiendo sobre unos mismos temas, se termina por sedimentar una "forma tipo" de individuación que depende de factores sociales, económicos, cognitivos... y estéticos, por supuesto. Así por ejemplo, la individuación "vivienda" conjunta en una misma entidad factores tan diversos como una determinada organización social (discreta en nucleos familiares, habitualmente entre uno y seis miembros), los mismos rangos de visibilidad y privacidad, la misma idea de segmentación de los espacios en ambientes de cierta discontinuidad, plazos similares de construcción y vida útil, y por supuesto toda una estructura legal y burocrática para gestionar ordenadamente la producción y gestión de dichas viviendas. La historia de la individuación formal "vivienda" es tan larga y fértil en occidente, que hemos llegado a naturalizar esa forma de habitación como la única posible, cuando en realidad no es más que una determinada forma contingente entre muchas posibles (megaestructuras comunales, nichos individuales, espacios completamente abiertos o edificaciones transportables, por ejemplo). No obstante, es muy complicado subvertir realmente ese modelo de habitación (discreto en "viviendas" autónomas aunque no autosuficientes) porque todo el orden social, económico, simbólico y representativo depende del mantenimiento de esa "forma" arquitectónica que es, en sí, una forma de vida. Las individuaciones produce también regímenes simbólicos de juicio para legitimarse: cada época de la arquitectura ha tenido, además de su "tipo de eficios", un aparato intelectual de legitimación discursiva al que recurrir cuando el juicio fuese necesario. Apunto una hipótesis offtopic: los sistemas intelectuales de discurso que acompañan a las prácticas profesionales, tienen como objetivo fundamental el juicio, en el sentido de legislación. La "crítica" académica existe para defender un canon implícito y universalizante que será la barra de medida judicial, a la manera platónica, con el que deberán medirse todas las producciones singulares. "El juicio" es entonces la facultad económica del pensamiento, en la medida en que su competencia es la administración de valores.
Por supuesto, la individucación se produce a diferentes escalas, como de diferentes escalas pueden ser los proyectos que las producen: puede individuarse la manilla de una puerta como asunto de proyecto, como se puede individuar en un único proyecto la ordenación territorial de todo un país. Pareciese de este modo que toda producción formal hubiese de individuarse en un proyecto, hipótesis que sin duda coarta los grados de libertad de la producción y vivencia del espacio, que no es nunca un "espacio liso" (en términos deleuzianos) sino que todas las posibilidades pasan por la disposición de una trama de individuaciones codificadas propias de un plano estriado. En ese sentido, ciertas vanguardias (especialmente los situacionistas) han constatado el papel del proyecto como frontera artificial que limita lo potencia de flujos del espacio actual en sí, en la medida en que el orden formal que impone (discrecional en el espacio y en el tiempo, a base de entidades autónomas de destino común) implica una enorme cantidad de coacciones a un espacio que en el ensueño del arquitecto demiurgo siempre se ha querido libre, desatado. Las imágenes de Constant no proponían una ciudad hecha de individuaciones, sino una amalgama informe (en la medida en que se autoproducía y reproducía incesantemente), sin identidades (pues no se codificaba un régimen de diferencias formando límites) y transpersonal (pues serían todos los habitantes los que produjesen los sistemas simbólicos en cualquier punto que pudiesen considerar de interés). La utopía de la ciudad líquida, no individuada en el espacio ni el tiempo, el perpetuum mobile en autopoiesis infinita, ha recorrido fantasmagóricamente la arquitectura de las últimas décadas, sin duda optimista en su confianza en la capacidad del capitalismo de producir, en su frenesí, lo ilimitado. La huída histérica de lo formal ha sido propia tanto de los proyectistas de moral más clásica : para los "conservadores de izquierdas" a la William Curtis, la idea de cada proyecto debería apelar siempre a un hilo conductor que conjuntasese los espacios para hacerlos legibles como un todo, recurriendo a figuras de significación intelectual sobre significantes de estricta tecnología investida de un halo romántico, trascendental y emancipador. Para esa línea de pensamiento (la más habitual en las casposas Escuelas de Arquitectura españolas y su órbita de publicaciones, simposios y premios) la forma es una manzana de Adán letalmente envenenada, pues su seducción frívola jugaría en contra de la arquitectura como artesanazgo razonable y servicial que alimenta las fantasías académicas burguesas. La aparentemente honrosa contención formal del canon que compone el panteón de la modernidad idealista, se dignificaría así en su desapego al formalismo, pues éste no sería más que un estéril artificio para mentes muy mundanas. Sin embargo, IMHO el código moderno es tremendamente estricto en lo formal, pues su tipificación de las individuaciones posibles (tipo de proyecto, y régimen de valoración) está claramente delimitada. Es más: la axiomática de la modernidad es inconcevible sin la figura del Proyecto como individuación necesaria y omnipotente, sea en la producción de territorio como en el juicio de lo construído. La "unidad constitutiva" de la arquitectura moderna es el proyecto, sea de una puerta o de una ciudad.


Es seguramente desde la problemática de este asunto que se puede entender una tendencia hoy en día muy devaluada en la academia como fue la deconstrucción. Uno de los objetivos de aquella línea de pensamiento era desrealizar la forma como individuación, impidiendo la identificación de elementos singulares (puertas, paredes, escaleras...) según el principio de extrañamiento del significante (la sustancia construída) para desconcertar la cognición del espacio, buscando nuevos discursos y significaciones. El histrionismo resultante de aquellas tentativas nos dejó, pese a su relativo fracaso, una enseñanza muy interesante: atacar el campo formal desde la subversión de las formas acentúa la presencia y potencia de la forma en lugar de anularla. En la medida en que la forma depende del reconocimiento, es la forma reconocible la que desaparece de la consciencia. Quizás una estrategia de desaparición de las formas sea lo convencional, pues lo típico tiende a esconder su presencia ante una consciencia que por su naturaleza desatiende lo habitual.
Pero la deconstrucción no ha sido la única estrategia de confrontación contra las individuaciones y los códigos formales que ellas sedimentan. De algún modo individuación equivale a concreción, y desde luego una de las aspiraciones de la arquitectura contemporánea en su afán líquido es producir la inconcreción, el sfumatto espacial, como apertura de las potencias y posibilidades anuladas por los códigos formales conocidos, necesariamente antitéticos al devenir como catástrofe. La cultura contemporánea huye vanamente de sí misma en su sacralización de lo nuevo, y de este modo, en su pánico moral a lo concreto y discreto, los arquitectos contemporáneos trabajan con procesos como la mixtificación de usos (el principio del function mixer ha proliferado, desde Holanda, como uno de los grandes temas de la metrópolis contemporánea), el pliegue (estrategia de disolución de los límites que efectún las formas), la desmaterialización (tentativa que parte de la falsa idea de que lo inmaterial equivale a no connotado) o ciertos trabajos de arquitectura paramétrica que pretenden deducir el aparato formal de cálculos impersonales partiendo de las condiciones de posibilidad del programa.
Inconscientemente, todas estas estrategias confían en la superación de lo formal desde su remisión a otras variables: se busca más la disolución de las individuaciones que la aparición de otras nuevas. Pero seguramente esa tarea sea imposible según el modelo de Simondon y Deleuze: lo real está hecho de individuaciones, y la producción de formas nuevas pasaría entonces por un camino de ida y vuelta a esa "naturaleza" indiferencia de la que habla Simondon en la cita que abre el post (concepto simétrico, insisto, del "cuerpo sin órganos") para individuar nuevas formas según nuevos criterios categóricos. Individuar es concretar formas que contengan potencias e intensidades, de modo que serán éstas las verdaderas protagonistas de toda investigación formal. Sin embargo, creo que la lógica de este procedimiento lleva a una crítica al proyecto como condición necesaria de producción de territorio, en la medida en que impone una discretización dogmática de muchos factores susceptibles de ser pensados de otra manera. Intuyo que esta línea de trabajo (la crítica del proyecto como individuación de destino común) habrá de ser muy fértil en la arquitectura y el urbanismo inminentes, en la medida en que los procesos a los que nos enfrentamos son diferentes a los que estamos acostumbrados: la lógica del proyecto como tal es subsidiaria de la construcción de obra nueva, cuando los desafíos del futuro son la reutilización, la modulación, la conversión, lo mutable, la gestión de unos artefactos que ya no se producen en un sólo movimiento sino como procesos sujetos a la re-individuación permanente.
Menudo ladrillaco acabo de soltar, muchas especulaciones sin articular y todo ello pasando por alto el rigor del trabajo de Simondon. Pese a mi redacción confusa, espero haber sido capaz al menos de plantear la crucial importancia de la problemática de la individuación y sus servidumbres, una forma de coacción sobre la realidad que a menudo nos pasa desapercibida pero que resulta completamente determinante en nuestra consideración de la fragmentariedad del mundo. Para los curiosos que quieran adentrarse en estas reflexiones dejo este estupendo link: "La individuación a la luz de las nociones de forma y de información". Toda una lección para los interesados en la producción de forma.


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